Parashá de la Semana: #14 Parashat Vaerá

Lecturas

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Quiz Parashat Vaerá

Por Christian D. Hernández (Móshe)

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Psicólogo de la Konrad Lorenz Fundación Universitaria. Gabbai de la Comunidad Mesiánica Yovel y miembro del ministerio de danzas. Amante del hebreo.

“Tarde piaché”… o el arte de procrastinar

Por Natalia Lara

¿Por qué el Faraón prefirió pasar un día más con las ranas?¿Y qué opinión tuvo Yeshua de este hecho?

Dice un cuento tradicional español, que una vez un gallego compró un canario para que le alegrara las mañanas con su canto. Pasaron uno, dos y tres días… y el canario nada que cantaba; cuatro, cinco y seis semanas… y nada que trinaba. Siete, ocho y nueve meses… y ni una sola nota cantó. Así que, el primer día del décimo mes, el gallego aburrido de que el ave nada hiciera, decidió preparase un caldo de canario, “al menos de almuerzo me servirás” se dijo a sí mismo, y justo cuando lo iba a meter a la olla el canario trinó “tarde piaché” le dijo el gallego, que al español traducido sería “tarde piáste” pues justo cuando lo iban a sacrificar fue que el ave se decidió a cantar, sin que esto evitara el triste final que ya el gallego le había decidido.

Esta frase se acuñó como expresión coloquial para cuando alguien llega tarde a una cita o negocio, y se relaciona con el verbo procrastinar que se refiere a diferir o aplazar las cosas. En la parashá de esta semana וארא  –vaera (Me aparecí; Ex 6:2-9:35) encontramos dos historias de procrastinación que bien podríamos ser nosotros mismos. Por un lado, después de que las ranas invaden todo Egipto, el Faraón mandó llamar a Moshé y a Aarón para pedirles que alejen las ranas a cambio de dejar ir al pueblo, y cuando Moshé le pregunta cuando debe hacer ante Di-s este ruego, el Faraón le da una curiosa respuesta: “Mañana” [Ex 8:8-10]…  ¿Mañana? ¿Acaso no estaba cansado el Faraón de vivir asediado por ranas? ¿Será que ya se había encariñado con algunas de ellas?

Más adelante encontramos otra curiosa historia: Moshé les advierte a los egipcios de parte de Hashem que va a enviar la plaga el granizo, la cual llama “todas mis plagas” [Ex 9:14] pues contenía agua en forma de hielo, recubierta por fuego y acompañada por truenos y fuertes vientos. Los egipcios ya habían visto la manifestación del poder del Eterno a través del agua transformada en sangre [Ex 7:14:24], la infestación de ranas [Ex 8: 1-6], piojos [Ex 8:16-17] y bestias salvajes [Ex 8:24], la muerte del ganado [Ex 9:6-7] y la sarna sobre sus cuerpos [Ex 9:18]. Y si bien, las primeras 2 plagas fueron copiadas por los magos egipcios con sus artes [Ex 7:22, 8:7], ningunas de las otras las pudieron replicar, así que hasta los consejeros del Faraón reconocían el poder de Hashem, “En todo esto está la mano de Di-s” [Ex 8:19]. De tal modo, que cuando Moshé hizo el anuncio, los egipcios ya sabían que les esperaba, sin embargo “Algunos funcionarios del faraón temieron la palabra del Señor y se apresuraron a poner bajo techo a sus esclavos y ganados, pero otros no hicieron caso de la palabra del Señor y dejaron en el campo a sus esclavos y ganados” [Ex 9:20-21]. Y precisamente, sobre aquellos que retrasaron el guardar sus trabajadores y bienes, el granizo arrasó con personas, animales y cultivos [Ex 9:24].

La procrastinación, es un defecto humano: el arte de dejar todo para después. De hacer el trabajo a última hora, de pagar el último día de vencimiento, de llegar sobre el tiempo a la cita, de esperar el último plazo. Hay preceptos bíblicos que nos hablan en contra de la procrastinación: traer las ofrendas en la primera festividad de peregrinaje [Dt 12.5], separar el producto y los diezmos en su orden correcto [Ex 22.28, Dt 18:4], no dejar sacrificios para después [Éx 23.18, Lv 19:6] ni que la comida se pierda por dejarla para luego [Lv 6:10] y dar el medio shekel en su tiempo, anualmente [Ex 30:13].

Si vemos más allá del relato, encontraremos otra cara de la moneda: antes de que ocurriera cada plaga, Di-s no solo dió aviso, sino que esperó un tiempo antes que sucedieran [Ex 9:5; 9:18]. De hecho, Hashem dio tiempos a muchas ciudades antes de destruirlas, como por ejemplo Ninive [Jn 3:4]. Acaso ¿Di-s también procrastina? La brit hadasha (pacto renovado) nos da la respuesta “Adonai no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan” [2 Pe 3:9].  De hecho, es justo en ésta parashá en la que el Eterno se revela bajo el nombre santo [Ex 6:2] lo que nos recuerda que el no deja nada para después, sino que Él esencialmente es siempre el mismo, y que no olvida sus promesas, ni las retrasa, sino que recuerda y confirma su pacto en su tiempo [Ex 6:5-8].

Nuestra tarea es creer y cumplir a cada demanda que el Eterno nos haga. No solo a través de su palabra, sino también en los compromisos que adquirimos en nuestra vida diaria, pues esto es dar testimonio. No ser como Faraón, que pedimos el milagro, pero para “mañana” pues preferimos aferrarnos a nuestras ranas: los errores, la pereza o la inconstancia, pues definitivamente es más fácil pasar cómodamente un día más con las ranas, que trabajar para deshacernos de ellas. Tampoco ser como los funcionarios del Faraón que no creyeron en el granizo, porque creemos estar en un “perfecto estatus espiritual” pensando que nada malo puede pasarnos, olvidando lo que dice Rav Shaul “aquel que este firme, cuide que no caiga” [1 Cor 10:12].

Creo que, en parte, a esto se refería Yeshúa cuando dijo “Ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es hábil para el Reino de Dios” [Lc 9:62]; pues ninguno de nosotros, que creyendo en Di-s y en Yeshua, tengamos que mirar hacia atrás por las cosas que tenemos pendientes o que no hemos hecho, estaremos listos para su propósito y su llamado, pues no podemos hacer algo cuando no hemos ni siquiera terminado lo que ya empezamos.

¡Shavua tov!

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

LAS PLAGAS: LA CLAVE DEL EQUILIBRIO

Por Rocío Delvalle Quevedo

La Parashá (Porción de La Escritura) de esta semana, habla entre otros temas del inicio de los juicios que el ETERNO envió contra las deidades egipcias incluyendo al mismo Faraón. En el habla hispana el término que se ha generalizado para referirse a estos es “las diez plagas”. En el texto hebreo, נגף (Nagaf – Strong H5062– Herir, Golpear), נָכָה (Nakah – Strong H5221– Herir, Golpear) y מַגֵּפָה (Maguefa – Strong H4046– Plaga, Pestilencia), son algunas de las formas en las que el Altísimo se refiere a dichos juicios.

Desde la biología y la ecología, el concepto de plaga está asociado a un fenómeno que se presenta por causa de un disturbio y no por la especie (animal, hongo, etc.) en sí. Se considera que todas las especies cuando se encuentran en su hábitat natural, dentro de un ecosistema ecológicamente sano, cumplen una función y contribuyen al equilibrio ecológico. Pero cuando se presenta un disturbio en el ambiente, se puede ocasionar que algunas especies vean favorecidas sus condiciones de crecimiento poblacional, de manera que éste se de a mayor velocidad que el de las demás, y por tanto ocasionando un perjuicio. Desde este punto de vista, la solución al problema, no consiste en el exterminio de la especie asociada a la situación de “Plaga”, sino la búsqueda de propiciar que las condiciones y recursos en el ecosistema retornen al equilibrio perdido, para que se autorregule el tamaño de la especie y las demás especies vuelvan a cohabitar con esta en armonía.

Desde esta definición, el agua convertida en sangre y las tinieblas, no se considerarían como una plaga, por eso prefiero dejarlas como juicios del ETERNO. Pero en lo que toca a esta parashá, las ranas, los piojos, los tábanos (enjambres o manadas de fieras salvajes) y aún la afectación generalizada del ganado (quizá por causa de algún microorganismo), cazan muy bien con la definición dada. En estos cuatro casos, las especies involucradas cumplían alguna función en el ecosistema, y no generaban mayor inconveniente. Pero cuando por mandato del Altísimo, sus tamaños poblacionales fueron aumentados e hicieron presencia desmesurada en Egipto, se convirtieron en molestia y castigo para el Faraón y sus súbditos.

Cuando comparamos estas cuatro plagas, con los mandamientos correspondientes por su número ordinal, encontramos que estos son la prohibición contra la idolatría, la prohibición de usar el nombre del Altísimo en vano, guardar Shabat y honrar a padre y madre [Shemot/Éxodo 20]. Rab. Shaúl (Pablo), se refiere al primero en su carta a los Romanos (1:25), definiéndolo como adorar a las creaturas en vez de al creador. Un claro ejemplo, de que el pecado consiste en salirse del equilibrio establecido por el Altísimo. Él hizo la creación para que por medio de ella encontráramos al ETERNO y le adoráramos por su creación, pero la humanidad en cambio adoró a las creaturas mismas.

Sobre los otros tres Yeshúa (Jesús) hizo mención en los evangelios. El mandamiento del Shabat consiste en sí mismo en que, de los siete días de la semana se trabajen solo seis. Cuando se excede ese número y se trabajan los siete días de la semana se transgrede el mandamiento. Pero adicionalmente, una corrección que hizo Yeshúa en su tiempo, fue que por una serie de restricciones adicionales que se habían instituido alrededor de la norma, los fariseos, habían hecho que acciones como alimentarse en el campo, sanar y llevar la camilla luego de haber sido sano, fueran acciones ilícitas en Shabat [Mateo 12, Marcos 3, Lucas 6, Juan 5]. Pero Yeshúa mostró como el mandamiento y sobre todo el verdadero espíritu de Shabat, de dar libertad a los cautivos y descanso a los oprimidos, y del gozo de una buena comida de Shabat, eran prioritarios a las adiciones que había vuelto gravoso el mandamiento.

En otra ocasión, tras haber sido cuestionado porque sus discípulos no se lavaban las manos según dictaba la tradición, Yeshúa les contesta con el mandamiento de honrar a padre y madre. Cuestionando como por la tradición invalidaban el mandamiento, pues justificaban el no darles ayuda económica a los padres, por darlo todo en el templo [Mateo 15:1-20]. Es decir, habían alterado el equilibrio normal de las cosas, entre ayudar a los padres y contribuir a la obra del ETERNO, volcando la balanza solo hacia un lado, y con esto causando un perjuicio.

Finalmente, con respecto al usar el nombre del Altísimo en vano, Yeshúa establece que no hay que estar jurando de más, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por Jerusalén, sino que sencillamente nuestro sí sea sí y nuestro no sea no, y deja muy claro, que cualquier cosa de más, de mal procede [Mateo 12:1-8]. Además, critica a los fariseos, porque habían llegado al punto de decir que si el juramento era por el oro del templo si era válido, pero si lo hacía solo por el templo no [Mateo 23:16-17]. Y ahí mismo, es donde reclama que diezman la menta y el eneldo, pero olvidan la justicia, la misericordia y la fe, y da la frase que resume el punto al que quiero llegar en esta entrega: Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello [Mateo 23:23].

Entonces una de las enseñanzas que me dejan las plagas en esta porción de Vaerá (Y aparecí), es que debemos mantener el equilibrio, evitar que las arandelas de la tradición y de la forma, nos desvíen de la vida genuina y limpia que debemos llevar delante del Altísimo y de nuestra relación íntima con él. Ahora no con esto dejando completamente de lado los aspectos de la tradición que nos edifican, sino manteniendo todo en su justa medida. Para que así podamos vivir en armonía con los otros humanos y con las otras especies, evitando las alteraciones y plagas a las que el sistema mundo nos invita.

Shavua tov!

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Soy Bióloga de la Universidad Nacional de Colombia y creyente en el Mesías Yeshúa desde la cuna. En la actualidad estoy cursando una maestría en Medio Ambiente y Desarrollo también en la Universidad Nacional. El estudio de la Creación del Altísimo ha sido mi pasión, y me deleito en ampliar mi comprensión del texto bíblico desde el conocimiento de las Ciencias Ambientales.