AJAREI MOT (אחרי מות) EL MACHO CABRÍO EN EL DESIERTO

Por Rocío Delvalle Quevedo

¿Y si aquel que se creía muerto, en realidad estuviera vivo?

“Cuando Aarón haya terminado de hacer propiciación por el santuario, la tienda de reunión y el altar, presentará el macho cabrío vivo, y le impondrá las manos sobre la cabeza. Confesará entonces todas las iniquidades y transgresiones de los israelitas, cualesquiera que hayan sido sus pecados. Así el macho cabrío cargará con ellos, y será enviado al desierto por medio de un hombre designado para esto. El hombre soltará en el desierto al macho cabrío, y este llevará a tierra árida todas las iniquidades” [Vayikrá/Levítico 16:20-22]

En la parashá de esta semana se relata una de las conmemoraciones más importantes que tenemos como pueblo de Israel, Yom HaKippurim. Y en medio de las indicaciones aparece el macho cabrío, el macho de las cabras, Capra hircus (Lockward, 1999). El sumo sacerdote debía tomar de la comunidad de los israelitas dos machos cabríos, sacrificar a uno y el otro enviarlo al desierto.

Según Rashí, al decir que este macho cabrío tiene que ser presentado vivo delante del Altísimo, implica que luego fue enviado para morir. La idea es llevarlo a un precipicio y luego arrojarlo hacia abajo para que se despedazara. Se supone que este mismo cabrío llevaba el pecado lejos para que fuera apartado de los hijos de Israel (Blad P. 29). Como dice en [Salmos 103:12] Como está lejos el oriente del occidente hizo alejar de nosotros nuestras transgresiones. Entonces, ¿por qué necesariamente tiene que morir el macho cabrío enviado al desierto?

En el texto citado al inicio de esta reflexión no se menciona que el macho cabrío debía ser despeñado, solo dice que debía ser enviado al desierto. En este punto podríamos considerar que por la concepción que se maneja de desierto como un sitio inhóspito en el que no prospera la vida, pues el animalito de una u otra forma era enviado a la muerte. Sin embargo, de acuerdo al diccionario Strong, la palabra hebrea que ha sido traducida como desierto, Midbar (Strong H4057 – מדבר), no significa desierto en el sentido literal de la palabra castellana, sino más bien algo como una estepa, una llanura extensa sin árboles y con vegetación adaptada a la sequedad, un lugar donde había pasto para los animales (Blad P. 34).

Y aún si consideráramos la palabra desierto, estrictamente ceñida a la definición de un desierto como bioma, la mayoría de los desiertos reciben alguna lluvia durante el año y tienen cuando menos un manto tenue de vegetación (Odum, 1972). Si recordamos, de los tres tipos de ganado (vacuno, ovino y caprino) entre los cuales el ETERNO elegía los diferentes tipos de animales para los sacrificios, en el caso del animal que debía ser enviado al desierto era un macho cabrío. Las cabras son el ganado más resistente y menos exigente en cuanto a las condiciones de su entorno, son capaces de desarrollarse en lugares donde los otros dos tipos de ganado ni siquiera prosperarían (Mileski, 2004). Prueba de esto son los reportes, en diferentes desiertos del mundo de Capra hircus (National Geographic, Galvéz et al. 2006).

Si consideramos que Yom HaKippurim, de acuerdo a la explicación de ésta que se hace en el libro de hebreos, es una de las sombras proféticas de lo que vino a hacer nuestro amado Yeshúa, ¿podríamos considera que aquella cabra enviada al desierto, que se creía muerta, se mantenía viva? Por un lado, recordemos que Yeshúa, de quien se dice llevó sobre sí nuestras iniquidades, fue llevado al desierto al iniciar su ministerio, y venció a la tentación [Mateo 4:1-11]. Curiosamente la palabra usada en la versión del Brit Hadashá para desierto, Eremos (Strong G2048 – ἔρημος), tiene la misma raíz, que la que es utilizada en el relato de levítico que estamos estudiando.

Por otro lado, como sucede con la figura de la parashá Metzorá [Levítico 14], de las dos avecillas para el sacrificio de purificación, se ha entendido que las dos avecillas representan al Mesías, en su muerte y su resurrección. El ave que muere anuncia la muerte del Mesías y la que es liberada anuncia su resurrección (Blad P. 28). De la misma manera, pienso que el macho cabrío que es ofrecido, anuncia la expiación que hizo Yeshúa de nuestros pecados, y el macho cabrío que es enviado al desierto y que carga con las iniquidades y transgresiones del pueblo, anuncia que Yeshúa, como dice en Isaías 53 fue traspasado por nuestras rebeliones, molido por nuestras iniquidades, sobre él recayó el castigo precio de nuestra paz. Pero él venció a la muerte, y hoy está vivo, porque de otra manera como dice Shaul, vana sería nuestra confianza [1 Corintios 15:14].

REFERENCIAS

  1. BLAD S. Parashá 28 Metzorá  (On line), Consultado 2 de Abril de 2014 en http://kehilatyovel.org/Mesianismo/parashot/parashot-archivos.htm
  2. BLAD S. Parashá 29 Ajarei Mot  (On line), Consultado 2 de Abril de 2014 en http://kehilatyovel.org/Mesianismo/parashot/parashot-archivos.htm
  3. BLAD S. Parashá 34 Bemidbar  (On line), Consultado 2 de Abril de 2014 en http://kehilatyovel.org/Mesianismo/parashot/parashot-archivos.html
  4. GÁLVEZ M, BARRIONUEVO R, CHARCAPE-RAVELO M. 2006. El Desierto de Sechura: Flora, Fauna y relaciones ecológicas. Universalia 11(2):33-43.
  5. LOCKWARD A, Editor.  1999. Nuevo Diccionario de la Biblia. 1° Ed. UNILIT, Miami, USA.
  6. MILESKI A. 2004. “Capra hircus” (On-line), Animal Diversity Web. Consultado 2 de Abril de 2014 en http://animaldiversity.ummz.umich.edu/accounts/Capra_hircus/
  7. National Geographic. Fauna del desiertos (On-line). Consultado 2 de Abril de 2014 en http://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/fotos/desert-wildlife/imagen/cabra-del-desierto
  8. ODUM E. 1972. Ecología. 3° Edición. Nueva Editorial Interamericana, S. A. de C. V. México, México.

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Soy Bióloga de la Universidad Nacional de Colombia y creyente en el Mesías Yeshúa desde la cuna. En la actualidad estoy cursando una maestría en Medio Ambiente y Desarrollo también en la Universidad Nacional. El estudio de la Creación del Altísimo ha sido mi pasión, y me deleito en ampliar mi comprensión del texto bíblico desde el conocimiento de las Ciencias Ambientales.

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Hasta que la muerte nos separe

Por Natalia Lara

El nombre de las 2 parashot que corresponden a esta semana -Ajarei mot y kedoshim-, plantean un interesante desafío: Santidad después de la muerte. Pero ¿Por qué después de la muerte? acaso ¿no es más importante ser santos en vida?

En esta semana al juntarse 2 parashot –porciones– de la Torá hay un número increíble de mandamientos para estudiar: 28 en Ajarei mot (después de la muerte: Lv 16:1 – 18:30) y 50 en Kedoshim (santos: Lv 19:1 – 20:27). Los 78 mandamientos en estas dos porciones superan la parashá que más mitzvot tiene (74 en Ki tetzé: Lv 21:10-25:19). En ellas se describen el servicio de Yom Kipur [Lv 16:1-34], las leyes sobre el sacrificio [Lv 19:5-8] y prohibiciones sobre la idolatría [Lv 17:3-9; 19:4, 26-28, 31; 20:27] entre otros. Pero también se tocan aspectos que van más allá del servicio litúrgico, que son determinantes en la santidad: las relaciones interpersonales [Lv 19:3, 9-18, 32-36; 20:9] y la santidad sexual [Lv 18:6-29; 19:20-22, 29; 20:10-21].

¿Por qué tantos mandamientos? ¿Porque tantas precauciones no solo en torno al comportamiento en general, sino en particular sobre la sexualidad? Su palabra enseña que en nuestro cuerpo puede habitar su Ruaj Hakodesh –espíritu santo– [Ez 36:27, 37:14; 1 Cor 6:19], por lo que la sexualidad debe tener como propósito glorificar al Eterno [1 Cor 6:20] y en consecuencia los pecados sexuales no solo atentan contra nuestro propio cuerpo [1 Cor 6:18] sino contra la misma presencia del Di-s en él.

Sin embargo, la santidad sexual va más allá de evitar el adulterio, la fornicación, el incesto, el homosexualismo o la zoofilia. Santidad en el matrimonio, tiene que ver con guardar el periodo de Nidá –separación durante la menstruación– [Lv 20:18], pero también con la honra hacia el lecho matrimonial [Heb 13:4], con los pensamientos y actitudes no solo durante las relaciones sexuales, sino cada noche antes de ir a la cama. Evitar el adulterio, es también cuidar lo que se ve pues como dijo Yeshúa “todo aquel que mira a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón” [Mt 5:27] …por algo “no codiciar” hace parte de los mandamientos dados en el Sinaí [Ex 20:17]. Por tanto, se debe marcar una distancia adecuada con el sexo opuesto, para no caer en la trampa de comparar al conyugue y terminar deseando al amigo por abrir una puerta de intimidad emocional que debe reservarse solo para el compañero de pacto matrimonial.

Santidad en la vida de solteros no solo es evitar la fornicación. Los besos apasionados, aunque no lleguen al acto sexual físico, despiertan lo suficiente la imaginación como para que los pensamientos no puedan ser expuestos públicamente. La forma de vestir, incluyendo el conocido cliché de “mostrar sin mostrar”, puede estimular los ojos de un hombre al punto de generarle perturbaciones en su cuerpo y espíritu. No se necesitan desnudos en una revista cuando se pueden ver en películas, en comerciales o en catálogos de ropa interior. Se debe cuidar con que se alimenta el alma y no consumir la “chatarra” que se exhibe en los medios de comunicación, tal como lo dice una canción popular “Te lo encuentras en la pared, en el anuncio de un licor, pegado en un mostrador, gritándote a todo color: sexo compro, sexo vendo, sexo arriendo, sexo ofrezco…”

¿Y los niños también necesitan santidad sexual? Por supuesto. De hecho, en ésta parashá se hace una advertencia expresa acerca de “No sacrificar los hijos a Moloc” [Lv 20:1-5]. A todos nos aterran las noticias -cada vez más frecuentes- de aberraciones sexuales contra los niños. Sin embargo, la educación sexual en los colegios, los programas de televisión, las letras de la música de moda, los anuncios de internet, las mujeres en las carátulas de los cuadernos e incluso las selfies en redes sociales… todo apunta a despertar tempranamente un gigante que debería reservarse para el momento de la jupá –el palio nupcial. Más que enseñarles “que nadie te toque” o evitar hablar del tema, se trata de que una autoestima sana y el comportamiento decoroso de los padres, hagan que sus hijos aprendan decoro, enseñándoles lo que es y no aceptado delante de Hashem y así no terminen siendo sacrificados a Moloc.

La santidad es un proceso en doble vía: el Eterno nos exige ser Santos [Lv 19:2, 20:7] y en esa medida es Él es quien nos aparta [Lv 20:26] y nos santifica [Lv 20:8]. Estamos llamados a ser santos porque él es nuestro Dios [Lv 20:7] y es Santo [Lv 19:2]. Tal como un hijo se parece a su padre, nosotros tenemos la posibilidad de reflejarle [2 Cor 3:18] pues somos hechura suya y obra de sus manos [Sal 100:3, Is 64:8].

Pero la santidad es más que cumplir una lista de chequeo de lo que es y no permitido. El nombre de estas 2 parashot -Ajarei mot: después de la muerte y kedoshim: santos-, plantean un interesante desafío: Santidad después de la muerte. Pero ¿Por qué después de la muerte? Acaso ¿no es más importante ser santos en vida?

Al estudiar la raíz de la palabra en hebreo para santos קָדַשׁ kadash (S. 6942), se encuentra que ser santificado está en relación con ser apartado o consagrado. Para apartarse es necesario morir al yo, a mis deseos, intenciones, placeres e -incluso- a la aceptación social, para amoldarnos al estilo de vida que Él nos exige. Tal como nos ordena no cruzar animales de especies diferentes, ni plantar juntas semillas diferentes, ni usar ropas tejidas con hilos diferentes [Lv 19:19], también nos pide no mezclar nuestra manera de vivir con las costumbres del mundo que nos rodea. [Lv 20:23]. Por eso Yeshúa dijo “Si alguno quiere venir en pos de mí, que muera a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí la salvará”. [Mr 8:34-35]

¡Shavua tov!

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.