Alegres como niños

Por Natalia Lara

¿Por qué Di-s se interesa tanto en nuestra felicidad? Y ¿Qué tiene esto que ver
con los hijos?

Di-s está tan interesado en nuestras oraciones como nuestra felicidad: “Estén siempre contentos. Oren en todo momento” [1 Tes 5:16-17]. Tan es así que en la parashá de esta semana, ואתחנן Va’etjanan [Dt 3:23-7:11: Y suplique], la expresión “para que seas feliz” se repite en ¡6 ocasiones!: [Dt 4:40, 5:16, 5:28, 5:29, 6:3, 6:18]. En todas ellas aparece la palabra יָטַב yatab (S. 3190), que en el hebreo corresponde a un verbo que significa hacer algo bien ya sea de manera literal (como el sonido o la belleza) o de forma figurada (hacerse feliz, exitoso, correcto), y tiene la particularidad de ser un verbo causativo, es decir que quien realiza la acción genera una consecuencia directa sobre sí mismo.

La visión de la felicidad que nos brinda la Torá, no se parecen en nada al concepto del mundo actual sobre este tema. Para Hashem, la felicidad no depende de compras, excesos y placeres; de cuanto ganas o cuanto gastas, de lo popular que eres, cuantos amigos tienes, ni cómo te sientes… sino que la Torá la resume en una frase que se repite a lo largo de esta parashá “cumple estos mandamientos para que seas feliz”. Sí: la felicidad es el resultado del cumplimiento de sus principios para poder vivir una vida en el lugar más seguro del mundo, el centro de su voluntad.

Pero no basta con cumplir por religiosidad o por apariencias. Es necesario hacerlo de corazón y servir al Eterno con alegría. De hecho, el no hacerlo, trae maldición sobre nuestra vida “Todas estas maldiciones caerán sobre ti. Te perseguirán y te alcanzarán hasta destruirte… pues no serviste al Señor tu Di-s con gozo y alegría cuando tenías de todo en abundancia” [Dt 28:45-47].  

Para Di-s es tan importante la felicidad que existe el precepto de alegrarse en las festividades [Dt 16:14]; entendiendo que la alegría al ser un fruto del espíritu [Gal 5:22], es decir que es el resultado de la presencia continua de su espíritu en nuestra vida y tiene su fuente en la cercanía de Di.s con su pueblo, la herencia espiritual que se nos ha dado y el significado profundo y la santidad de cada festividad. La alegría necesita tener una intención pura y un corazón perfecto, ser capaz de reconocer el bien que el Eterno ha hecho por nosotros, es por esto que alegrarse es una forma de darle gracias a Di-s abiertamente. (Talmud: Introducción al tratado de Beitza, pág 54).

Es fácil entender la alegría como una emoción o como un sentimiento pero no como una obligación; sin embargo, si solo por un momento reflexionamos cuán bueno ha sido Hashem con nosotros, no deberíamos hacer nada distinto a lo que hizo el rey David, quien ordeno a su alma que se alegrara en el Eterno: “Alaba alma mía a Adonai y alabe todo mi ser su santo nombre” [Sal 103:1] y nos recuerda solo alguno de los motivos por los que deberíamos alabarle y alegrarnos: Él perdona todos nuestros pecados, sana todas nuestro dolencias, rescata nuestra vida del sepulcro, nos cubre de amor y compasión, colma de bienes tu vida, nos rejuvenece como a las águilas, hace justicia, nos defiende, nos muestra el camino, es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor, no sostiene para siempre su querella ni guarda rencor eternamente, no nos trata conforme a nuestros pecados ni maldades pues conoce nuestra condición, echó lejos nuestras transgresiones y su amor es eterno [Sal 103:4-18].

De tal modo, que la felicidad no es una opción de vida, sino que es una consecuencia de cumplir sus mandamientos, un fruto de la relación con ÉL y una obligación para quienes reconocemos al Eterno como nuestro Di-s.  Pero hay algo más que nos enseña está parashá… y es la necesidad de los hijos en nuestra vida para que la alegría sea completa. Por un lado, en esta porción está la promesa explicita de que seremos padres, pues entre sus versículos se encuentra el shema [Dt 6:4-9], la proclamación de fe que afirma la creencia judía en un solo Di-s, del cual depende todo, afirmando que que nada existe fuera de él y no hay nada aparte de él. Pero también ordena que “(estas palabras del shema) las repetirás continuamente a tus hijos. Hablarás de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” [Dt 6:7]. Es decir, que para para cumplir este mandamiento necesariamente debe haber hijos a quienes se les pueda repetir el shema.

En ésta parashá también se dan varias instrucciones para educar correctamente a los hijos, desde casarlos bien para que no se desvíen hacia la idolatría [Dt 7: 3-4] hasta enseñarles a tener temor de Di-s [Dt 4: 5], no inclinarse a otros dioses [Dt 5: 9], guardar shabat [Dt 5: 14], tener un corazón dispuesto [Dt 5:29], honrar a los padres [Dt 5: 16] y a Hashem y cumplir sus mandamientos [Dt 6:1]. También se nos recalca en la importancia de enseñarles tener un corazón agradecido, lo cual se logra recordándoles todo lo que Hashem ha hecho por nosotros [Dt 4:4, 6:20-21]. Di-s por su parte promete que, si nos mantenemos en sus preceptos, no solo nosotros sino nuestros hijos, disfrutaremos de una larga vida [Dt 6:1-2], nos mostrará su amor por mil generaciones [Dt 5:10] y nos hará felices [Dt 5:29].

Tener hijos suena una locura en un mundo preocupado por la sobrepoblación, el costo de la vida, pero sobre todo por el “yo”, el individualismo y la autosatisfaccion. En un mundo interesado por los DINKs (siglas en inglés para doublé income no kids), es decir parejas con doble ingreso, pero sin niños, que prefieren invertir hasta ¾ partes de su sueldo en productos que no son de primera necesidad (ropa, calzado, viajes, restaurantes, espectáculos) a cambio de no tener hijos; todo esto orquestado por un mercado que entiende que mientras baja la cifra de nacimientos aumenta la de ventas. Incluso, hasta hay investigaciones que sostienen que las parejas sin hijos son más felices que aquellas que los tienen, o posturas que defienden el que las mujeres que se niegan a tener hijos como el reflejo de “una carrera profesional brillante y un conocimiento profundo de sus derechos”. 

¡Que visión más alejada de la Torá! Pues procrearnos, no solo es el primer mandamiento que ordena Hashem al hombre “fructifíquense y multiplíquense” [Gn 1:28], sino que los hijos son una muestra de la misericordia y el favor de Di-s [Ex 1:21]. Ellos representan la vida porque gracias a ellos el hombre se asegura continuidad y perpetuidad, hacen que la vida tenga una finalidad [Gn 48:4]. Los hijos son sustento, pues para ellos es que el Eterno envía provisión a una familia [Dt 7:13, Sal 37:25]. Los niños son alegría, pues cada movimiento, cada risa y cada sonido que emite proporcionan felicidad a un hogar [Sal 127:3]. Los hijos fortalecen el matrimonio, pues ellos no se pueden dividir y crean un lazo eterno entre la pareja [Sal 128:3]. Los hijos dan fuerza para superar las dificultades y apaciguar los conflictos. Los hijos son verdaderamente el éxito de los padres, porque mientras los padres son jóvenes es posible que sus ambiciones y objetivos les aporten suficiente satisfacción, pero cuando envejecen son los hijos quienes traen vitalidad a un hogar [Prov 17:6], una casa sin hijos es una casa sin vida y aquel que decide no tener hijos es considerado muerto.

Yeshua cumplió estos 2 principios: mantenía una “alegría perfecta” gracias a su relación con Hashem y su cumplimiento de mandamientos [Jn 15:10-11] y a la vez era motivo de alegría para su Padre celestial [Mt 17:5]. Y, si bien, no tuvo hijos físicos -porque no hacía parte de su propósito-, nos dio la oportunidad de ser hijos de Di-s, pues medio de él obtenemos conocimiento del Eterno [Mt 11:27] y la posibilidad de acercarnos a Di-s como padre: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” [Jn 1:12-13].

¡Shavua tov!
¹ Jacqui Gabb, Martina Klett-Davies, Janet Fink and Manuela Thoma. Enduring Love? Couple relationships in the 21st Century. The Open University November 2013.

² Juan Carlos Vargas, director científico de Profamilia. En “La opción de vivir sin hijos”. El tiempo. 5 octubre 2013.

³ Rab. Shalom Arush. Educación con amor. Israel, 2014: 13-14

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

 

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Dona vida: dona sangre

Por Natalia Lara

Donar sangre no solo es un mandamiento, sino que es un regalo de vida.

La Torá ratifica la importancia de la sangre al enseñarnos que “la vida de toda criatura está en la sangre” [Lv 17:11-14]. Medicamente, el suministro de sangre y sus derivados, es una necesidad vital para el tratamiento de enfermedades como las leucemias, los linfomas y diferentes tipos de anemias que pueden llegar a requerir transfusiones hasta una vez por semana. También, se requiere para la realización de procedimientos quirúrgicos y en muchas ocasiones es indispensable para la estabilización de niños en cuidado intensivo por infecciones severas, accidentes o cáncer. De forma particular en el hospital de la Misericordia se realizan cerca de 1.300 transfusiones sanguíneas en el mes, secundarias a todas estas condiciones.

Para ser donante se requiere cumplir algunos requisitos básicos que no solo reflejan un estilo sano de vida, sino el cumplimiento de los mandamientos de la Torá: No haber padecido de enfermedades de transmisión sexual o sospechar ser portador de alguna, o estar expuesto a promiscuidad u homosexualismo; no consumir sustancias psicoactivas, ni haberse realizado tatuajes o piercing en los últimos 12 meses. Para evitar infecciones se debe no haber tenido malaria/paludismo, leishmaniasis o enfermedad de Chagas, hepatitis después de los 12 años, cirugías o transfusiones en el último año y tratamientos odontológicos en los últimos 7 días. Además de esto se debe ser mayor de 18 años por condiciones legales y pesar más de 50 kg para garantizar la cantidad mínima de sangre que se requiere. Y para evitar descompensaciones en el estado de salud, se debe ser menor de 65 años, no estar en estado de embarazo o lactancia y no haber padecido de cáncer, ni tener enfermedades del corazón o los pulmones.

La sangre es un bien invaluable pues sus componentes son derivados insustituibles que no pueden ser producidos artificialmente. No se puede reproducir, ni fabricar, ni comprar, ni vender. El costo de una unidad corresponde a su procesamiento y las pruebas que se realizan para garantizar su seguridad.
Tampoco se puede modificar sangre de los animales para usarla en los seres humanos.Es uno de los componentes en los que somos absolutamente dependientes los unos de los otros. Para la donación de sangre dependemos exclusivamente de la solidaridad y la buena voluntad. De hecho, en la donación de sangre es necesario una mentalidad de comunidad pues “… ¿de quién recibe sangre una persona, si no es de una colectividad representada por la institución sanitaria? ¿A quién se dona la sangre, si no es a una institución, a la colectividad?”

Donar sangre no solo es un acto de solidaridad, sino también un acto de amor. Una historia popular cuenta que una vez había un niño que por las características de su sangre no le encontraban donantes y solo era compatible con su hermanito mayor, así que, después de un extenso trámite legal autorizaron que su hermano hiciera el proceso, a lo que el niño mayor después de meditarlo y sin vacilar, accedió. Luego que lo acostaron en la camilla y empezaron a extraerle la sangre, el niño miró fijamente al doctor y le pregunto: ¿Falta mucho para que empiece a morir?… ¡El hermano mayor había interpretado que debía donar toda su sangre para que su hermanito viviera, pero no dudo en hacerlo porque lo amaba!

La sangre de Yeshua refleja todos estos principios. La vida, la solidaridad y el amor. Su sangre fue derramada por nosotros, para el perdón de nuestros pecados [Mc 14:24], por medio de ella somos justificados y salvos de la ira del Eterno a causa del pecado [Ro 5:9]. Mediante su sangre tenemos redención por las riquezas de su gracia [Efe 1:7] y somos santificados por ella [Heb 13:12]. Todo esto en cumplimiento a la Torá pues “según la Torá, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón” [Heb 9:22].

Es por eso que estamos más que agradecidos con el Eterno y la comunidad, por la jornada de sangre que se desarrolló el pasado domingo 8 de julio en las instalaciones de nuestra comunidad, a donde masivamente acudieron muchos motivados como Yeshua por la vida, la solidaridad y el amor; y se pudieron recoger más de 70 unidades de sangre que saldan las necesidades mensuales de la Fundación Homi, y permitirán que muchos pequeños no tengan que pasar días esperando glóbulos rojos o plaquetas para poder retornar a su casa o incluso para estabilizar su estado de salud y salir adelante. En verdad ¡Gracias por brindar cada gota de esperanza! Para quienes no pudieron hacerlo ese día -pues, aunque muchos acudieron no hubo disponibilidad de insumos- los invitamos a que se acerquen a las instalaciones del hospital (Av. Caracas N. 1 – 13, Bogotá D.C) de lunes a viernes para donar sangre total (8 am a 3 pm), glóbulos rojos o plaquetas
(8 am a 2 pm) y permitir que nuestra sangre siga siendo testimonio del amor de Di-s en nuestra vida.

¡Shavua tov!

1Lorena Alejandra Duque González. Analista de Comunicaciones Banco de Sangre. Fundación HOMI – Jiménez Hernández AJ. Gazeta de Antropología, 2000, 16, artículo 17,
ibidem

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

 

 

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El poder de la lengua

Por Natalia Lara

¿Quién es el que controla el lenguaje? ¿Cuándo una burra que no teniendo voz resulta hablando y un profeta que teniendo que maldecir termina bendiciendo?

La producción del lenguaje y el habla son procesos muy complejos. Y me refiero a lenguaje y habla porque son procesos distintos. El habla se refiere al medio oral de comunicación que, fundamentalmente requiere de la voz. Mientras que el lenguaje comprende además reglas sociales comunes que implican el significado, creación y combinación de las palabras, así como su aplicación a cada situación en particular.

Anatómicamente para generar la voz se requieren 4 estructuras: fuelles, vibrador, resonadores y articuladores. Los fuelles son los grupos musculares que permiten después de una adecuada inspiración, sacar el aire necesario que produce la vibración de las cuerdas vocales. Este sonido es amplificado por los resonadores, es decir las cavidades superiores a las cuerdas vocales:  la faringe, la nariz y la boca; ésta última es capaz de cambiar su forma y volumen mediante la lengua, los labios, el paladar y la mandíbula, para adaptarse al sonido emitido. Finalmente, el sonido es convertido en silabas por los articuladores, fundamentalmente los dientes y la lengua. A su vez este proceso requiere del control nervioso, especialmente del área de Brocca, una parte de la corteza cerebral encargada de coordinar los movimientos necesarios para producir el habla. Pero, para que la voz se vuelva lenguaje, necesita además la integridad no solo del sistema muscular, respiratorio y del habla; sino de otra área del cerebro llamada el área de Wernicke, que se encarga de la comprensión de las palabras; así como de otras regiones cerebrales que tienen que ver con la fluidez, la memoria, la lógica y el significado. (1)

No es extraño entonces, que los seres humanos seamos la única especie que podamos comunicarnos por medio del lenguaje oral.  Y digo comunicarnos porque si bien, hay aves que imitan el habla humana (loros, periquitos y gráculas) y se han descubierto muchos tipos de lenguaje animal (chimpancés, perros y delfines); nuestra especie es la única que logra comunicarse de una manera verbal tan compleja, con más de 7.000 idiomas diferentes, 88.000 términos tan solo en español (RAE) y el uso de 15.000 palabras cada día. (2)

Pero… ¿quién es realmente él que controla el lenguaje?  Y la pregunta es, porque la parashá de esta semana בָּלָ֖ק Balak [Nm 22:2-25:9] nos cuenta la historia de Balak, un rey Moabita que contrata al profeta Bil’am para maldecir a Israel, pero las cosas terminan saliendo fuera de control para Bil’am, pues cuando se dirige a hacer su trabajo -aunque el Eterno le había dicho inicialmente que no fuera-, su burra se desvía del camino y luego se niega a andar pues logra ver el ángel de Adonai que le obstaculizaba el paso y cuando es azotada por Bil’am termina hablando y discutiendo con él. Por si fuera poco, aunque Bil’am fue contratado para maldecir a Israel a cambio de honra y riquezas, en las cuatro ocasiones que lo intenta termina bendiciéndolo y además pronuncia una de las frases que hace parte de las bendiciones del judaísmo: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus moradas, oh Israel! [Nm 24:5]. Y sí, ni las burras hablan normalmente y solo decimos lo que “nuestros deseos” quieren… ¿Quién es entonces realmente él que controla el lenguaje?

En el primer encuentro que tiene Moshé con el Eterno, en el desierto, está la respuesta a nuestra pregunta: «¿Y quién le puso la boca al hombre? —le respondió el Señor—. ¿Acaso no soy yo, el Señor, quien lo hace sordo o mudo, quien le da la vista o se la quita? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que has de hablar» [Ex 4:11-12].  Del mismo modo cuando Hashem llamó al profeta Jeremías, le dijo: «No digas: “Soy muy joven, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene…He puesto en tu boca mis palabras» [Jer 1:7-9].

El poder de Di-s para controlar el lenguaje se manifiesta muchas veces en su palabra. En Babel, cuando los hombres quisieron construir una torre para su gloría, Di-s confundió la lengua de tal modo que hablaron diferentes idiomas y tuvieron que dispersarse [Gn 11:4-9]. Al profeta Ezequiel hizo que la lengua se le pegara al paladar quedando mudo y luego le devolvió el habla [Ezq 33:22]. Algo parecido le paso al levita Zacarías en la Brit Hadasha (pacto renovado) pues, por no creer la promesa del embarazo milagroso de Elisheva, primero Di-s le quitó el habla [Lc 1:13-20] y luego el día en que su hijo Johannan iba a ser circuncidado, Zacarías recuperó la voz y comenzó a alabar al Eterno [Lc 1:59-64].

Si es Di-s quien controla la lengua, ¿Entonces de donde salen las malas palabras, el chisme, la hipocresía y las mentiras?… Yeshua enseña que estas cosas vienen del corazón del hombre [Mt 15:19]. Es más, aun cuando nuestras palabras parezcan bonitas, Di-s conoce la intención detrás de ellas, como se lo dijo al profeta Isaías “«Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres” [Is 29:13]. Y es que aún la adoración y la alabanza pueden ser falsas si no provienen de un corazón conforme a la voluntad de Di-s.

El Rey David es el mejor ejemplo de lo que espera el Eterno de nuestro lenguaje: que proclame su alabanza [Sal 51:15]. De los 150 salmos compilados en la versión hebrea, 73 se atribuyen directamente al rey David en su introducción, y por medio de ellos logró un acercamiento a Di-s inigualable, de hecho, Hashem se refiere a él como un hombre כִּלְבָב֗וֹ kilbabou “como su propio corazón” [1 Sam 13:14].  Pero, si David cometió asesinato premeditado, adulterio, tuvo varias mujeres y cometió errores graves como padre – entre otros- ¿Por qué se le llama un hombre conforme al corazón de Di-s?

Probablemente en el salmo 51 esté la respuesta, pues el Rey David muestra una actitud correcta de teshuva -arrepentimiento-: reconoce sus transgresiones, la misericordia de Adonai y la necesidad de él para seguir adelante, confiesa que es de Di-s de quien proviene el poder para no pecar y poder mantenerse firme en obediencia. De los demás salmos, aprendemos además que es ante Di-s -y no ante los hombres- que debemos llevar nuestras angustias y que a pesar de las pruebas siempre habrá un motivo para alabarlo: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! [Sal 42:5].

Las escrituras además nos enseñan que “nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal” [Stg 3:8] y que no hay nada más engañoso que el corazón del hombre [Jer 17:9]. Entonces ¿Cómo cambiar nuestro lenguaje y tener un corazón conforme a lo que Di-s quiere?

Solo Di-s puede hacerlo: purificar nuestro lenguaje y transformar nuestro corazón, como lo hizo con el profeta Jeremías cuando tuvo la visión del Eterno, y al confesar la impureza de sus labios, un serafín los purifico con una braza tomada del altar, al tiempo que le dijo: «Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado» [Jer 6:5-6]. Entablar una relación honesta con el Eterno, reconocer a Yeshua como nuestro redentor y estudiar la Torá son la brasa que puede purificar nuestros labios.

Para concluir recordemos las palabras de Yeshua, pues nos enseñó que «De la abundancia del corazón habla la boca. El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal. Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará» [Lc 12:34-37].

¡Shavua tov!

Bibliografía

  1. Dosal González R. Producción de la voz y el habla. La fonación. Casa de salud Valdecilla. 2014.
  2. Mehl MR et al. Are Women Really More Talkative Than Men? Science 2007. Jul 6;317(5834):82.

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

Dime como hablas y te diré como eres

Por Natalia Lara

Es de cobardes hablar de aquel que no está presente para defenderse… y de valientes reconocer las bendiciones del Eterno por encima de la pruebas.

En la parashá de esta semana, בהעלתך Beha’alotecha [Num 8:1-12:16], se cuenta cómo el pueblo de Israel era dirigido todo el tiempo en el desierto por la voluntad del Eterno: “Cada vez que la nube se levantaba de la Tienda, los israelitas se ponían en marcha; y donde la nube se detenía, allí acampaban. Dependiendo de lo que el Señor les indicara, los israelitas se ponían en marcha o acampaban; y todo el tiempo que la nube reposaba sobre el santuario, se quedaban allí” [Num 9:17-18]. Sin embargo, aunque eran guiados por el Eterno “como un padre guía a su hijo” [Dt 1:31], su conexión con Él se veía interrumpida constantemente por dos enemigos de la condición humana: la queja y el chisme.

Por un lado, aunque en el desierto recibían constantemente la provisión de Hashem, permitieron que surgiera entre ellos el descontento por lo que no tenían -carne- olvidando las bendiciones que poseían -provisión, protección y libertad- [Num 11:4-5] por lo que Hashem complació sus deseos mundanos dándoles codornices, pero envió contra ellos tal mortandad que llamaron a ese lugar Quibrot Hatavá sepultura de la glotonería” [Num 11:31-34].

Por otro, aunque Aharon y Myriam gozaban de un lugar especial delante de los ojos de Adonai, cayeron en el chisme al hacer un comentario mal intencionado acerca de la esposa de Moshé, lo que generó el castigo de tzaara -lepra- para Myriam y que el pueblo se detuviera 7 días en su camino [Num 12:1-16]. Y aunque ésta parashá no nos narra los motivos por los cuales cayeron en el chisme, la motivación para hablar de otros siempre son sentimientos negativos: avaricia, odio, envidia…

Hay dos palabras en hebreo para queja está אָנַן anan (S. 596: quejó, quejarse, murmullo) y תְּלֻנּוֹת tluwnah (S. 8519: murmuraciones, quejas, querellas, exaltado, elevado). Está ultima viene de la raíz לוּן luwn (S. 3885: noche, murmuró, morará, detener, quedarse permanentemente, ser obstinado) …Y es que precisamente la queja exalta nuestros deseos y obstinación pero detiene los planes del Eterno, como ocurrió cuando el pueblo se quejó de la tierra prometida [Num 14:27-35]. La Torá nos enseña que la queja enciende la ira del Eterno, como ocurre también en ésta parashá [Num 11:1].

La palabra para chisme en hebreo es רָכִיל rakil (S. 7400: chismes, chismeando, falsedades, escándalo) que viene de la raíz רָכַל rakal (S 7402: mercaderes, negociantes, viajar para comercio). Esto es porque los “comentarios inocentes” acerca de otros terminan en realidad comerciando con la integridad de una persona, exponiendo su vida [Lv 19:16] y produciendo división [Prov 16:28, 26.20]. El punto no es si el comentario es cierto o falso, sino que hablar en contra de otro es igual a hablar en contra del Eterno [Santiago 4:11-12] y si en verdad tenemos interés en corregir una actitud de otra persona lo correcto es buscar directamente al implicado y hablar con él [Mt 18:15-17].

El chisme es apetecible [Prov 18:8, 26:22] y parece “entretenido” pasar horas alrededor de un café hablando sobre los demás. De hecho, la escritura nos enseña que los chismosos son personas muy amables y cercanas a todos [Jer 9:4], se disfrazan de “interés por la obra de Di-s” mientras sutilmente esparcen comentarios maquillados de preocupación espiritual: opinan sobre cómo predica alguien, como ministra otro, porque este se viste así o aquel habla de esta manera. Sin embargo, el chisme es tan detestable para Hashem [Ez 22:9], que promete que será exterminado aquel que hace comentarios en secreto sobre su hermano, sean estos ciertos o no [Sal 101:5].

Tanto la queja como el chisme tienen algo en común: un espíritu de descontento, de insatisfacción constante que busca satisfacer solo sus propios deseos [Jud 1:16] y se concentra en aquello que le falta o que los otros tienen y que él no. Es un reflejo de una falta de relación con Hashem y de una baja autoestima, pues buscan ganar la atención de los otros bien sea quejándose para verse como “desafortunados” o exponiendo los defectos de otros para así realzarse a sí mismos.  

¿Qué actitud debemos tener?

Es normal que algunas circunstancias nos produzcan incomodidad o malestar; pero en esos momentos debemos recordar tanto las bendiciones de Di-s sobre nuestra vida, como el hecho que Hashem controla todo y aún las situaciones difíciles no se escapan de su voluntad, sino que obran para nuestro bien [Rom 8:28]. Yeshúa nos invita a no afanarnos por nuestra vida pues el Padre sabe de qué tenemos necesidad [Lc 12:22-30]. Es ante Adonai -y no ante otros- ante quien debemos exponer nuestras preocupaciones y angustias [Sal 64:1, 142:2] y aunque no entendamos el porqué de las situaciones, un corazón humilde reconoce la mano del Eterno en pruebas aparentemente injustas que experimentemos [Lm 3:39].

Pero frente al chisme si ¡no hay ninguna excusa que valga! Yeshúa dijo “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo?” [Lc 6:42]… y esto es porque siempre la motivación de un comentario sobre otros es un sentimiento negativo, pues si nos ponemos en el lugar de aquel de quien se está hablando, de seguro no quisiéramos estar allí. Nunca se debe decir a espaldas de una persona nada que no podamos decirle en su cara, pues es de cobardes juzgar a los que están ausentes para defenderse. También debemos cuidarnos de ser muy curiosos o meternos en la privacidad de los demás sin ser invitados, así como evitar hacer comentarios hirientes o que provoquen risas a costa del prójimo o del sarcasmo.

Puede que no “contemos chismes” pero con frecuencia podemos prestarnos para escucharlos, lo cual nos hace cómplices de la destrucción del buen nombre de los demás; por eso debemos apartarnos de la gente que le gusta hablar de más [Pro 20:19], ignorar a los “excesivamente preocupados por otros”, no repetir sus comentarios, evitarlos y mostrarles oposición abiertamente cuando quieran hablar de alguien.

Lo más importante es recordar que “donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón” [Lc 12:34] pues si nos concentramos en el propósito y la tarea que Di-s tiene para nosotros, en nuestra familia, nuestro trabajo y nuestro ministerio, no tendremos tiempo ni para quejarnos ni para participar en conversaciones de pasillo que no traen nada bueno.

“Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar y tardo para airarse” [Stg 1:19]

¡Shavua tov!

Referencias

  1. Caccia G. Los peligros de murmurar en el trabajo.  30. 09.2016. En: http://www.piensaprofuturo.com/articulo/los-peligros-de-murmurar-en-el-trabajo-21
  2. https://movilizacionweb.wordpress.com/2010/09/04/el-pecado-de-murmurar-y-sus-conseecuencias/

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

¿Descansar o no descansar?… He aquí la cuestión

Por Natalia Lara

¿Por qué es tan importante el reposo para el Eterno, que no solo nos manda a
guardar Shabat, sino que ordena que la tierra repose e incluso, Él mismo reposo?

La parashá de ésta semana בְּהַ֥ר Behar/ en el monte [Lv 25:1-26:2] empieza y termina con una orden relativa al descanso: “Cuando ustedes hayan entrado en la tierra que les voy a dar, la tierra misma deberá observar un año de reposo en honor al Señor” [Lv 25:2] y “Observen mis shabat y muestren reverencia por mi santuario. Yo soy el Señor” [Lv 26:2]. En el hebreo la frase observar un periodo de reposo es וְשָׁבְתָ֣ה הָאָ֔רֶץ שַׁבָּ֖ת, en donde encontramos las palabras שָׁבַת shabath (S. 7673: cesar, reposar, desistir de esfuerzo) y שַׁבָּת shabbath (S. 7676: sábado, reposo, entreacto, el día de reposo). Aunque parecen similares, la primera es un verbo causativo, que se refiere a la realización de la acción de reposar y es la que se usa en Gn 2:2 “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo”. La segunda es un sustantivo, que se refiere al día de reposo y es la que se usa tanto en el mandamiento de guardar shabath [Ex 20:10-11, 31:13-16; Lv 23:3] como para referirse al descanso de Iom Kipur [Lv 23:32]. En está parashá además se ordenan otros dos descansos: la shemitá cada siete años [Lv 25:3-5] y el Yovel cada 50 años [Lv 25:8-12]. ¿Por qué es tan importante el reposo para el Eterno, que no solo nos manda a guardar shabat, sino que pide que la tierra repose e incluso el mismo reposó?

Junto a los días de reposo ordenados por el Eterno, los seres humanos tenemos otro tiempo de descanso obligado: el sueño. Pero este, no es exclusivo de nuestra especie, sino que todos los seres vivos que tienen sistema nervioso central pueden hacerlo (desde las ballenas hasta los escarabajos). De hecho, los insectos son susceptibles a estimulantes como la cafeína y experimentos han demostrado que privar de sueño a poblaciones de abejas hacen que se vuelvan muy erráticas en su comportamiento e incoherentes en sus movimientos para buscar alimentos. (Barret A et al, J Exp Biol, 2008:211, 3026-40).

Por muchos años la ciencia creyó que el dormir no tenía ninguna función en particular, pero su importancia se ve claramente en su ausencia: cuando no dormimos nos sentimos más torpes, con mayor dificultad para concentrarnos y hablar con fluidez, entre otros síntomas. El ejemplo más grave es el insomnio fatal familiar (FFI por sus siglas en ingles), un trastorno genético que se sospecha es inducido por priones en los que un insomnio progresivo muy agresivo genera disfunción autonómica (taquicardia, hipertensión), cognitiva (memoria a corto plazo y atención), motora (problemas de equilibrio) y hormonal que llevan al paciente a la muerte en un periodo de 18 meses (Khan Z, Bollu PC. SourceStatPearls; 2018: Feb 19).

Al igual que el insomnio fatal familiar, la biblia advierte que una de las maldiciones de la desobediencia es la falta de sueño “En esas naciones no hallarás paz ni descanso. El Señor mantendrá angustiado tu corazón; tus ojos se cansarán de anhelar, y tu corazón perderá toda esperanza. Noche y día vivirás en constante zozobra, lleno de terror y nunca seguro de tu vida” [Dt 28:65-66]. De hecho, una de las causas principales de las maldiciones narradas en Lv 26:14-45 es el no haber permitido que la tierra descansara cada 7 años en la shemita y cada 50 años en el Yovel [Lv 26:34-3, 43]. Y esto, porque estos periodos implican no solo dejar de cultivar sino el cumplimiento de las leyes de la shemitá -perdón de deudas, liberación de esclavos- [Dt 15:1-15] y el yovel -restitución de la propiedad y rescate de los esclavos [Lv 25:23-54]. Estos periodos significan una total dependencia del Eterno que solo es posible si se le reconoce como creador, legislador y proveedor: “Si acaso se preguntan: ¿Qué comeremos en el séptimo año si no plantamos ni cosechamos nuestros productos?, déjenme decirles que en el sexto año les enviaré una bendición tan grande que la tierra producirá como para tres años” [Lv 25:20-21].

Dormir es un proceso tan importante que pasamos una tercera parte de la vida durmiendo. Durante el sueño, no solo se descansa de la fatiga del día, sino que se produce la hormona de crecimiento y se fabrica lo que se necesitará el día siguiente, para lo cual es necesario desconectarse realmente del mundo -y del televisor, aparatos celulares y demás-. Además, se energizan las células del cuerpo, se consolida el aprendizaje y la memoria, se limpia la basura del cerebro; y aún se están descubriendo sus implicaciones en la regulación del humor, el apetito y el deseo sexual (Cirelli C, Tononi G. Cerebrum. 2017 Mayo: 07-17).

Tal como no dormir es una maldición por la desobediencia -o el resultado de malos hábitos, preocupación por malas decisiones o por no descansar en Hashem-; poder dormir es un regalo de manos de Di-s: “Yo traeré paz al país, y ustedes podrán dormir sin ningún temor” [Lv 26:6]. Muchos pasajes de las escrituras refuerzan este principio [Job 11:19, Sal 4:8, Prov 3:24]. Y es que cuando se duerme bien, se descansa para el Señor [Lv 25:1, 26:2].

Dos hechos podrían argumentarse para contradecir este principio. El primero, cuando el Eterno nos despierta en la madrugada y nos inquieta a orar por algo… pero ésta es la excepción que confirma la regla, pues habitualmente esta aparente “falta de descanso” no genera un mal día, ni una sensación de desasosiego, sino que, al contrario, produce la paz y la recompensa de descansar en sus promesas.  

El segundo es el “mal dormir” de los niños. ¿Es esto una maldición? ¿o no merecen ellos el regalo de dormir bien?… Nada más alejado de la realidad, pues es errado el concepto de que los niños “siempre duermen mal” o que “deben aprender a dormir”. Actualmente sabemos que, desde la semana 12 de gestación, el feto ya duerme sin ningún tipo de intervención externa: la embarazada no tiene que mecer su barriga para que el bebé se duerma. Y gran parte de la dificultad para que los niños inicien el sueño solos o tengan numerosos despertares nocturnos, se da en relación a los hábitos relacionados con el inicio del sueño y sincronizadores externos que ajustan su ritmo sueño-vigilia; es decir, si un niño aprende a dormirse rodeado de elementos externos que asocia a su sueño y no de personas, cuando tenga pequeños despertares -habituales durante la noche-, podrá volver a conciliar el sueño fácilmente. Pero si, se ha dormido en brazos de los padres, alimentándolo o meciéndolo, reclamará esos eventos para poder volver a dormirse (Estivilll E, Rev Neurol, 2000).

En síntesis, aunque venimos programados por Di-s desde el vientre para tener un buen sueño, los malos hábitos de los adultos cuando somos niños, y nuestros malos hábitos y decisiones como adultos cuando hemos crecido, son los que nos interrumpen el reposo que el Eterno quiere para nosotros. Pero si nos mantenemos fieles a sus mandamientos y creemos en Yeshúa, podremos acceder a las promesas que el Mesías nos ofrece, independientemente de cuales sean los problemas que quieran robarnos la tranquilidad de la almohada: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana» [Mt 11: 28-30].

¡Shavua tov!

  1. Priones: proteínas agrupadas que, sin ser virus ni agentes vivos, tienen la capacidad de infectar al hombre y producir enfermedades.

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

Aprendiendo de la levadura

Por Natalia Lara

¿Por qué la levadura es la protagonista de esta fiesta y qué podemos aprender de
ella?

Esta semana se celebra la fiesta de Jag hamatzot (panes sin levadura) según lo ordenado por Hashem: “Este es un día que por ley deberán conmemorar siempre. Es una fiesta en honor del Señor, y las generaciones futuras deberán celebrarla. Durante siete días comerán pan sin levadura, de modo que deben retirar de sus casas la levadura el primer día” [Ex 12:14-15, Lv 23:5-6, Dt 16:3-4].

Existen 2 tipos de levadura: Jametz se define como cualquiera de los cinco tipos de grano — trigo, espelta, cebada, avena y centeno — que han entrado en contacto con el agua durante más de 18 minutos y Se’or la masa altamente fermentada que puede fermentar otras masas. De aquí se desprenden dos mandamientos: uno biur jametz (deshacerse del jametz) y dos bedikat jametz (destruir físicamente el jametz); que buscan garantizar tanto no poseer levadura como no comerla.

Por un lado, no poseer levadura, se resume a buscar toda miga (mayor a 30 gramos según la halajá) que esté en casa y se constituya levadura. Por lo que limpiar la casa de levadura, implica deshacerse de todas las migajas y restos de levadura que puedan haber escondidos en casa en armarios, bibliotecas, rincones, etc. Según la halajá, se hace de noche, porque si existe un rincón en el que se deba usar luz artificial, ésta funciona mejor de noche, así que -por lo menos en teoría- en un sitio que pueda inspeccionarse bajo la luz natural podría hacerse la búsqueda de día, pero todo lo que requiera la luz artificial debería hacerse en la noche. Y se hace el 14 de nissan previo a pesaj, para garantizar que toda la comunidad este en un mismo espíritu haciendo limpieza.

No comer levadura, que en teoría pareciese más simple es un poco más complicado. No se trata solo de dejar de comer productos de panadería leudados, o derivados de los 5 granos, sino también se incluyen productos como el vinagre y la cáscara de las uvas que poseen levaduras naturales que deben excluirse de la dieta. Pero aún hay más… No comer levadura, implica no permitir que nuestros alimentos se contaminen de levadura, lo que significa una limpieza minuciosa de todo aquello que pudiera estar en contacto con nuestros alimentos y contaminarlos de levadura. Este proceso inicia en la cocina: limpiando estantes, repisas, vasijas, horno, nevera, mesón, armarios y cualquier sitio que pueda contener trazas de levadura que puedan caer accidentalmente a nuestra comida y contaminarla. Más allá de esto hay cosas que pueden ser “transportadores de levadura” de los cuales ésta podría desprenderse imprevistamente e invalidar los alimentos: en la ropa que nos pongamos, entre los libros, en la cama -a propósito, no debería comerse
en la cama-, en los juguetes infantiles, sillones, manijas, interruptores….

Esto implica una búsqueda más exhaustiva… no se trata de hacer del tiempo previo a pesaj, una oportunidad para la limpieza anual de casa, sino más bien, prepararse de antemano para que la levadura no esté en sitios donde no debería estar -como por ejemplo la cama- y tomarse el tiempo suficiente la noche del 143 de Nissan para hacer una búsqueda adecuada.

La halajá enseña que mientras limpiamos nuestra casa de la levadura física, debemos limpiar nuestra cabeza de la levadura espiritual… Rav Shaul dijo que “Celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad.” [1 Cor 5:8]. Si el objeto de todo es deshacernos de las cosas que “estorban” en nuestra vida, entonces ¿Cuál es el propósito del Eterno de celebrar una fiesta con esta restricción en la dieta? ¿No sería más sencillo pedirnos que nos deshiciéramos del pecado, la avaricia, etc?

La levadura tiene mucho que enseñar, y tal vez por eso fue que Hashem decidió excluirla de la dieta. En principio porque al tener la virtud de volverse migajas (ya que es una de las características de las harinas amasadas) puede sutilmente estar en sitios que no lo pensarías y ocultarse si no haces una búsqueda cuidadosa. Del mismo modo, tanto el pecado como los malos rasgos del Yetzer Hara (inclinación al mal) pueden ser tan sutiles, que ha menos que hagamos un minucioso examen de conciencia podríamos no darnos cuentas de ello. Claramente, ningún creyente pensaría en matar o robar… pero ¿qué pasa con la impuntualidad, la irresponsabilidad o la procrastinación? …eso también es levadura.

Por otro lado, las dietas de restricción te permiten caer en cuenta de cuantas cosas a tu alrededor están contaminadas justo del alimento que quieres comer. Cuando pensamos en no comer levadura en principio pareciera solo tener que excluir los productos de panadería, pero al investigar o leer etiquetas y darnos cuenta cuantas cosas contienen leudantes, podemos pensar en una parte de nuestra vida que fácilmente carga levadura: el lenguaje. Cosas como hacer comentarios de otros “sin mala intención”, decir mentiras piadosas, quejarnos, chistes de doble sentido; son actitudes diarias que pocas veces creemos que son levadura, porque estamos tan habituados a hacerlos con todos (amigos-familia- compañeros de trabajo) que olvidamos que delante del Eterno son detestables,
aunque puedan parecer cotidianas, comunes o hasta graciosas: “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan” [Efe 4:29].

“Un poco de levadura fermenta toda la masa” [Gal 5:9]. Esa, es la última característica de la levadura a la que quiero referirme. Así como la proporción de levadura necesaria para fermentar la harina es muy pequeña (7 gramos por cada kilogramo, tan solo un 0,7%), hay “pequeñas actitudes” que podrían terminar fermentando lo que somos y desviándonos del propósito del Eterno: guardar rencor, no cerrar ciclos, la falta de perdón. Toda levadura por pequeña que sea debemos buscarla y sacarla de nuestra vida, como dijo Yeshua “Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda” [Mt 5:23-24].

Si en este ciclo no hiciste la limpieza como se debiera, hay 2 maravillosas noticias: primero, aún la fiesta no ha terminado y segundo, aún tenemos más fiestas de jag hamatzot para intentarlo -por lo menos por un par de años-. Pero lo mejor, es que el ejercicio de vivir sin levadura espiritual es algo que podemos hacer a diario, entrenarnos permanentemente en detectar contaminantes espirituales y eliminarlos de nuestra vida, pues un poco de mala levadura puede contaminar todo fruto que queramos dar, en palabras de Yeshua “Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán” [Mt 7:18-20].

Shavua tov!

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

La verdadera e increíble historia de Betzaleel, BenHur

Por Natalia Lara

Lo que Hollywood nunca te contó sobre Betzalel, hijo de Uri, BenHur -Hijo de Hur-… y el porqué el perdón fue la pieza clave para construir el tabernáculo.

La parashá que corresponde a esta semana es VayakhelPekudei [Ex 35:1 – 40:38] la cual inicia con las normas del shabat y luego narra detalladamente cómo se construyó cada parte y utensilio del Mishkan (tabernáculo), las ofrendas que dio el pueblo para su construcción y finalmente como Moshé levantó el Mishkan y la presencia del Eterno descendió a él.

A pesar que el Eterno le había dicho a Moshé que él construiría el Mishkan y el arca [Ex 25:9-40], no fue él sino Betzalel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá quien no solo coordino su construcción [Ex 35:30-31], sino que también fue el encargado de construir el arca, el propiciatorio con sus dos querubines, la mesa y sus utensilios, la menora, el altar del incienso, el aceite de la unción y el incienso puro [Ex 37:1, ‬6-‬7, ‬10, ‬16-‬17, ‬25, ‬29], el altar del holocausto con sus utensilios y  la fuente de bronce [Ex 38:1, ‬3-‬3, ‬8-‬9].‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬ Cuando Moshé enfatiza que es Di-s quien colocó a Betzalel al frente de la obra del Mishkan, era para recordarles al pueblo que es el Eterno quien asigna las posiciones (Rab Daat Zkenim), pues es él quien pone y quita reyes [Dn 2:21] y es Hashem quien pone nuestro nombre en alto [Sal 91:14].

Construir el tabernáculo era una misión que iba más allá de tener la habilidad manual o cognitiva para fabricar buenos diseños. Está parashá describe que  los artesanos que elaboraron el Mishkan tenían sabiduría de corazón [Ex 35:10, ‬25-‬26; Ex 36:1-‬2, 8], honestidad [Ex 35:‬5] y obediencia, pues “hicieron todas las cosas tal como Adonai mandó a Moshé” [Ex 38:22, Ex 39:1, ‬5-‬5, ‬7, ‬21-‬21, ‬26, ‬29-‬29, ‬31-‬32, ‬42-‬43].‬ Pero, de manera particular, de Betzalel se resaltan otras características: estaba lleno del Ruaj Hakodesh [Espíritu Santo] [Ex 35:30] y dotado de capacidad de enseñar [Ex 35:34]. Además, tenía sabiduría, definida como la capacidad de aprender escuchando a otras personas y entendimiento, es decir la habilidad de comprender un asunto deduciéndolo a partir de la propia inteligencia [Ex 35:30, Rashi].

Betzalel es un nombre hebreo בְּצַלְאֵל (S. 1212) que significa “a la sombra (protección) de El”. Estar a la sombra del Eterno, implica tener claro que él es nuestra confianza y nuestra protección. Estar libre del temor y saber que es Él quien dirije nuestro camino y quien nos dá salvación [Sal 91:1-5, 8, 11-12]. Quizá fue la convicción que le traía su nombre, de saber quien era Adonai, a cuya sombra estaba, lo que le permitió poder trascender lo que le había pasado a su abuelo y tener la pureza suficiente para que el Espíritu del Eterno habitará en él y pudiera cumplir la misión encomendada…

Y es que la historia detrás de Betzalel, va hasta su abuelo Hur, quien no solo sostuvo las manos de Moshé para derrotar a los Amalecitas [Ex 17:12] sino que se quedó junto a Aharón encargado del campamento cuando Moshé subió a recibir las tablas del pacto [Ex 24:14] y fue asesinado a manos del pueblo tratando de impedir que cometieran la idolatría del becerro de oro. Ese sacrificio, ganó para su descendencia no solo el favor de Hashem, sino el honor para su nieto de construir el Mishkan. (Rab. Raymond Beyda, Rab. Daat Zkenim, Rab. Chizkuni)

Tener la confianza que es Hashem quien se encarga de defender nuestra causa [Sal 91:8], le permitió a Betzalel no solo no guardar rencor contra quienes asesinaron a su abuelo, sino perdonarlos y cumplir lo que pide la Torá: amar a tu prójimo y no vengarte, ni guardar odios secretos contra tu hermano [Lv 19:17-18]. Eso fue lo que le dio el mérito verdadero para poder construir el Mishkan. Fue ese amor, el que permitió dirigir la obra del lugar en el que habitaría la nube de Adonai [Ex 40:38].

A esto se refería Yeshúa cuando dijo “No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra… Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? [Mt 5:39, 44-46]. Ese fue el mérito de Yeshúa, que aún en el último momento cuando iba a entregar su vida, no les recrimino sino por el contrario le pidió al Padre “perdónalos, porque no saben lo que hacen” [Lc 23:24]. Por eso el amor del Señor se refleja no en que nosotros hayamos amado a Dios primero, sino en que él nos amó y envió a Yeshúa, su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. [1 Jn 4:10]

Betzalel ya ganó su lugar en la historia a través del perdón. Y Yeshúa hizo que mediante su perdón hacia nosotros, lográramos ser perdonados por el Padre. Ahora es nuestro turno ¿Perdonaremos a aquellos que nos han hecho daño para permitir que el Eterno construya su tabernáculo en nosotros?

¡Shavua tov!

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.