Ellos callan lo que ellas dicen

Por Natalia Lara

“Porque cuando Di-s creo la mujer no solo quiso que fuera diferente al varón, sino que se encargó de que fuera su parte contraria”

Cuando Di-s creó a la mujer, él tenía en mente que toda ella sería diferente del varón. Incluso más allá de diferente, el Eterno la definió como su ezer kenegdo [Gn 2:20], es decir עֵ֫זֶר (ezer, Strong H5828) que traduce ayuda y נֶ֫גֶד  (neged Strong H5048) significa contraria: literalmente no somos solo diferentes ¡sino que somos opuestos!

Y es que las diferencias entre hombres y mujeres van mucho más allá de lo evidente: los rasgos faciales, el tono de voz y la distribución de la grasa y los músculos. Ya desde la concepción existe un pequeño detalle al nivel más íntimo de la célula, el material genético divide nuestra especie en un grupo XY -de donde saldrán los hombres- y un grupo XX -de aquí vendrán las mujeres; esto porque el cromosoma que nos hace diferentes es el Y, el cual contiene el gen SRY que será el responsable de que se produzca la proteína SRY que va a impedir la formación de ovarios – exclusivos de las mujeres – y va a estimular la producción de testículos, lo cual será determinante en el sexo de los órganos reproductivos y por tanto definirá si el individuo es macho o hembra.

Esas diferencias que inician en los órganos sexuales se extienden a través del cuerpo, con patrones diferenciales de alimentación (mayor cantidad y requerimientos para los hombres), cambios en la distribución y acumulación de la grasa corporal y una pelvis más ancha para ellas y un fémur más largo para ellos. Incluso a nivel de los procesos de salud y enfermedad, existe una percepción mayor del dolor en los varones, pero es más frecuente el dolor en las mujeres, hay diferencias en el comportamiento de los medicamentos en el cuerpo, mayor cantidad de accidentes cerebro vasculares en mujeres y de ataques cardíacos en hombres y una mayor longevidad y menor mortalidad en las mujeres.

Y este proceso va aún más allá a nivel cerebral, en donde – por lo menos biológicamente hablando – se asientan las emociones y los pensamientos. Existe evidencia de un mayor tamaño cerebral y cantidad de neuronas en hombres, pero mayor cantidad de interconexiones en mujeres las cuales funcionan más rápido (Afifi, 2006). Asimetría entre el hemisferio derecho e izquierdo en hombres pero no en mujeres, lo que permite un proceso paso a paso en ellos versus un pensamiento multinivel en ellas (Gil-Verona J y cols, 2003). Mejores procesos viso-espaciales en hombres (Gil-Verona J y cols, 2003). También hay una mayor cantidad de neuronas en espejo en las mujeres, por lo que ellas reconocen mejor el lenguaje corporal negativo o neutro, mientras que los hombres reconocen mejor el lenguaje alegre o positivo (Christov-Moore L, 2014). De tal modo que pareciese predominar en el cerebro femenino el lado empatizante y afectuoso, mientras que el cerebro masculino es más sistematizante, menos emocional y más cognitivo. (Christov-Moore L, 2014).

Los hombres concentran información, las mujeres la comparten. Ellos se fijan más en el objetivos, en la meta; mientras ellas identifican fácilmente las relaciones entre los diferentes elementos del sistema. Mientras los caballeros identifican fácilmente el blanco que las mujeres (por eso son mejores conduciendo), las damas logran ver los puntos laterales que podrían ser ciegos para ellos.

Y no se trata de una guerra de sexos. Ni de decir que ellos son de Marte y ellas de Venus. Solo se trata de reconocer las maravillosas diferencias que hizo el creador cuando decidió: “Hombre y mujer los creó” [Gn 1:27] ¿El porqué de estas diferencias? La palabra nos enseña que “Di-s le da el cuerpo que quiso darle, y a cada clase de semilla le da un cuerpo propio” [1 Co 15:38]. Y una de las razones de estas diferencias tiene que ver con los propósitos a los cuales están llamados hombres y mujeres, pues cada uno tiene tareas y retos diferentes.

La mejor muestra de ellos es el lenguaje, biológicamente se ha demostrado que existen mejores procesos comunicativos en mujeres, pero procesos más especializados en hombres (Parra-Gamez L, 2009). De hecho, la palabra אדם (Adam, Strong H120) que se usa para describir la creación del hombre está emparentada con אדמה (Adamá, Strong 127) que significa tierra, la cual se relaciona con el silencio; mientras que חַוָּה (Java, Strong 2332) como se llamó la primera mujer [Gn 3:20] se relaciona con el verbo חָוָה (Javah) que significa declarar. En parte por eso, uno de los retos de los hombres es aprender a hablar mientras que el desafío para las mujeres es aprender a callar.

El hombre es dador mientras la mujer es receptora, tal como esta escrito “Y Adam conoció a su esposa” [Gn 4:1], fue él quien tomo el rol activo y no ella. Y no solo porque sea el hombre quien da la semilla y la mujer sea quien la incuba; sino porque en general los hombres son generadores de ideas, mientras que las mujeres funcionan más como incubadoras de esas ideas. Es por eso que la parnasa (provisión) fue una tarea asignada por el Eterno al varón [Gn 3:19] y es el trabajo el que lo dignifica, mientras que a la mujer se le asigno la tarea de parir los hijos [Gn 3:16] y ella se redime cuando es madre [1 Tim 2:15].

El reto para el hombre no solo se trata de llevar provisión a casa, sino que está llamado a ser sacerdote de su casa, y como tal tiene las mismas responsabilidades que tenían los cohanim mientras existió el tabernáculo y luego el templo: buscar la revelación de la voluntad divina [Dt 33:8], encargarse de la enseñanza de la torá [Dt 33:9-10], impartir justicia [Dt 21:1-9; Núm 5:11-13], llevar sacrificios y ofrendas [Lv 1-7, Dt 33:10], distinguir entre lo puro y lo impuro [Lv 13-14], custodiar el santuario [Nm 8:26, 2 Re 23:9] y ser los encargados de impartir bendición [Nm 6:22-27].

Y para la mujer el reto va más allá de solo “criar hijos”, ella debe serle a su esposo fuente de valor [Pv 31:10, 23], de confianza [Pv 31:11, 21] y de bien [Pv 31:12]. Las mujeres de las que habla la palabra del Eterno, tanto en el Tanaj como en la Brit hadasha (pacto renovado) no son princesas de cuentos de hadas, sino son mujeres esforzadas no solo en los quehaceres de su casa [Pv 31:15], sino que – sin perder su familia como prioridad – estudian torá [Pv 31:17, 26], trabajan [Pv 31: 13, 16-19, 24] e incluso hacen obra social [Pv 31: 12]. De hecho, la palabra que las describe en proverbios y que cada semana el esposo le recita a su esposa en la apertura de Shabat [Pv 31:10] es חָ֫יִל (Jayil, Strong 2428) que significa ejército, riquezas, valientes, fuerza, virtud y es la misma que se usa para describir a los valientes de entre el pueblo en el Tanaj.

Más maravilloso es que con todas esas diferencias, el Eterno haya tomado una genial decisión: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne” [Gn 2:24] ¿Por qué habla de ser una sola carne? ¿No era suficiente ser un solo espíritu o una sola alma? Es porque en la carne están las necesidades físicas básicas (comer, dormir, reproducirse) pero también están las necesidades más complejas: reconocimiento, significancia, respeto, aprecio, comprensión, seguridad, etc.  Y es ahí cuando podemos morir a nuestras necesidades para darle al otro lo que necesita, es decir dejar de dormir para que el otro duerma, dejar de comer para que el otro coma; pero también dejar de pedir el ser reconocidos, respetados y apreciados para concentrarnos en que el otro sea reconocido, respetado y apreciado, es allí cuando realmente somos una carne y que podremos llegar a ese grado de unidad que pedía Yeshúa: “Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno:  yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí” [Jn 17:22-23]. Porque la unidad en casa y en nuestra familia, es el primer testimonio que estamos obligados a dar como creyentes.

¡Shavua tov!

Referencias

  1. Jaim Kramer, Abraham Sutton, Rebe NajmánBeilinson de Breslov. Anatomía del alma.
  2. Manis Friedman. Es que ya nadie se ruboriza. Ed Ner. 2010

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

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Cantando ando, para no andar olvidando

Por: Natalia Lara

 ¿Por qué escogió Moshé una canción para que fuera su último discurso al pueblo
de Israel?

 

El ser humano está diseñado para ser musical. Todo en su funcionamiento sigue un ritmo: el latido cardíaco, los movimientos intestinales, la respiración y la secreción de hormonas. Incluso, dentro del mismo cuerpo existen “directores de orquesta” -como el tálamo y las hormonas tiroideas. No es entonces extraño que, en la vida dentro del útero, los primeros estímulos que se perciben son los sonoros, a través de vibraciones transmitidas por el líquido amniótico, y aunque el embrión no puede estrictamente escucharlas, sí logra percibirlas a través de la piel. Entre la semana 16 y 20, el feto escucha claramente los sonidos del cuerpo de su mamá: latidos cardíacos, ruidos respiratorios y sonidos intestinales; los cuales literalmente se vuelven “música para sus oídos” (1).

Pero no solo somos musicales por dentro, sino también de adentro hacia afuera. La capacidad para percibir el ritmo es una característica exclusivamente humana, y también innata en nuestra especie; ya desde el nacimiento los bebes son capaces de detectar el ritmo regular de un sonido, aprendizaje que viene entrenado desde el latido rítmico del corazón de la madre.  El hecho de “movernos al ritmo de la música” es tan fuerte, que el cerebro reconoce patrones musicales incluso sin que se éste prestando atención a una canción y solo se trate de música de fondo (2).

Lo que conocemos como “música” es el resultado de la interpretación que hace nuestro cerebro, de los cambios en la presión atmosférica producidas por un cuerpo en movimiento, ya sean las cuerdas de un instrumento, la vibración de un tambor o el paso del aire por una trompeta o por las cuerdas vocales. Estos cambios de presión se conocen como ondas acústicas y transportan energía con ciertas amplitudes, ritmos y frecuencias de variación que nuestro sistema auditivo detecta a través del tímpano, el cual replica esas características y se las comunica mediante impulsos eléctricos al cerebro donde finalmente serán interpretados como música (1). Algunas de estas características del sonido como el ritmo o la melodía parecen estar más fuertemente relacionadas con el movimiento corporal (2).

En este contexto no es de extrañar que Moshé, escogiera justamente una canción para dar su discurso final al pueblo de Israel, en el último día de su vida. Ese discurso se expone en la parashá de ésta semana הַאֲזִינוּ‬ Haazinu [Oigan, Dt 32:1-32:52] El versículo justamente anterior al inicio de ésta parashá dice que “Entonces habló Moisés en oídos de toda la congregación de Israel las palabras de esta canción hasta acabarla” [Dt 31:30]La palabra para canción en este versículo es שִׁיר shiyr (S. 7892: cántico, canción, música, canto).  Aparece 44 veces en los salmos, pero también está presente en momentos claves de la historia de Israel: el paso del mar rojo [Ex15:1] el pozo de agua que les regalo Hashem [Nm 21:17] la derrota de Sísara en tiempos de Débora [Jue 5:12] el traslado del arca a casa de Obed Edom en tiempos del Rey David [1 Cr 13:8] y luego a Jerusalén [1 Cr 15:16, 16:42], la dedicación del primer templo [2 Cr 5:13, 7:6]la restitución del reinado a Joás descendiente de David [2 Cr 23:13, 18], el reinicio del servicio en tiempos del Rey Ezequías [2 Cr 29:27, 28], la restauración del templo en tiempos del Rey Josías [2 Cr 34:12]y la dedicación de la muralla de Jerusalén reconstruida en tiempos de Nehemías [Ne 12:27, 36, 46].

El hacer música para Hashem, y su uso en la alabanza y la adoración nada tiene que ver con la habilidad para tocar un instrumento o el cantar afinado. De hecho, la experiencia o el talento no fueron determinantes cuando el Rey David asigno los cantores del tabernáculo: “Para asignarles sus turnos se echaron suertes, sin hacer distinción entre menores y mayores, ni entre maestros y discípulos” [1 Cr 25:8] Seguramente el Rey David, lo hizo así porque era consciente que cantar para el Eterno es un problema de la actitud del corazón, sin que esto signifique que no debe hacerse de la mejor manera y con destreza “Alégrense los justos, en Hashem; en los rectos bella es la alabanza… canten para él una canción nueva, toquen bonito con teruá” [Sl 33:1,3]

En esta canción en particular, el Eterno a través de Moshé busca recordarles eso a su pueblo, el problema de la actitud del corazón: Pone a los cielos y la tierra como testigos para comparar las cualidades y las bondades del Eterno a favor de Israel y la actitud perversa del pueblo en contra de él. Recuerda los atributos de Hashem, que Él es grande, perfecto, fiel, recto y justo; pero que además es su Padre, su Creador, el Di-s que les dio vida, su roca y su salvador. Los exhorta a recordar los tiempos antiguos: como Di-s escogió a Israel como pueblo, lo rescato de la esclavitud, lo cuidó, lo alimentó y lo guió por el desierto. Y por otro lado presenta la actitud del pueblo de Israel, al actuar de manera corrupta, torcida y perversa, pues no solo decide abandonar a Di-s sino que se extravía en idolatría.  

Como consecuencia de ello, advierte del rechazo del Eterno a su pueblo y de cómo Él traerá calamidades sobre ellos a consecuencia de su pecado, pero decide no destruirlos completamente pues el adversario podría atribuirse el triunfo. Así que promete defender a su pueblo cuando lo vea sin fuerzas, para recordarles que es Hashem y no otros dioses, quien les salva [Dt 32:1-43]

Este canto contiene también la promesa para los que antes no éramos pueblo de que por su misericordia seremos injertados en el olivo natural, pues dice “Me provocaron a celos con lo que no es Dios como yo, y me enojaron con sus ídolos inútiles. Pues yo haré que ustedes sientan envidia de los que no son pueblo; voy a irritarlos con una nación insensata” [Dt 32:21]

Al final Moshé les da la clave para evitar extraviarse: “Mediten bien en todo lo que les he declarado…y díganles a sus hijos que obedezcan fielmente todas las palabras de esta ley. Porque …de ellas depende su vida” [Dt 32:46-47]. Y está es la clave para un corazón que busca del Eterno, y que busca adorarlo “en espíritu y verdad” como nos enseña Yeshúa [Jn 4:24]: Meditar en la palabra del Eterno, alimentarse constantemente de ella, para que sea la torá purificando cada día nuestra vida: “Si se enojan no pequen, en la quietud del descanso nocturno examínense el corazón”. Todos estamos expuestos a fallar, pero lo que debe hacer la diferencia en nosotros como hijos del Eterno es la actitud del corazón ante nuestra falla y como por medio de Yeshua logramos hacer teshuva para lograr cantar un canto que sea agradable a Hashem: “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren” [Jn 4:23].

¡Shavua tov!

Dedicado a mi esposo, quien me enseñó el verdadero valor de cantar a Adonai.

 

Referencias

  1. Jordi A. Jauset. Percepción musical durante la etapa prenatal Salud Natural 26 febrero, 2015. En: http://jordijauset.es/wp-content/uploads/2015/02/Percepci%C3%B3n-musical-durante-la-etapa-prenatal-Revista-Natural.pdf
  2. Rolf Inge Godøy, Minho Song, Kristian Nymoen, Mari Romarheim Haugen, Alexander Refsum Jensenius. Exploring Sound-Motion Similarity in Musical Experience. Journal of New Music Research (2016). DOI: 10.1080/09298215.2016.1184689

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

Alegres como niños

Por Natalia Lara

¿Por qué Di-s se interesa tanto en nuestra felicidad? Y ¿Qué tiene esto que ver
con los hijos?

Di-s está tan interesado en nuestras oraciones como nuestra felicidad: “Estén siempre contentos. Oren en todo momento” [1 Tes 5:16-17]. Tan es así que en la parashá de esta semana, ואתחנן Va’etjanan [Dt 3:23-7:11: Y suplique], la expresión “para que seas feliz” se repite en ¡6 ocasiones!: [Dt 4:40, 5:16, 5:28, 5:29, 6:3, 6:18]. En todas ellas aparece la palabra יָטַב yatab (S. 3190), que en el hebreo corresponde a un verbo que significa hacer algo bien ya sea de manera literal (como el sonido o la belleza) o de forma figurada (hacerse feliz, exitoso, correcto), y tiene la particularidad de ser un verbo causativo, es decir que quien realiza la acción genera una consecuencia directa sobre sí mismo.

La visión de la felicidad que nos brinda la Torá, no se parecen en nada al concepto del mundo actual sobre este tema. Para Hashem, la felicidad no depende de compras, excesos y placeres; de cuanto ganas o cuanto gastas, de lo popular que eres, cuantos amigos tienes, ni cómo te sientes… sino que la Torá la resume en una frase que se repite a lo largo de esta parashá “cumple estos mandamientos para que seas feliz”. Sí: la felicidad es el resultado del cumplimiento de sus principios para poder vivir una vida en el lugar más seguro del mundo, el centro de su voluntad.

Pero no basta con cumplir por religiosidad o por apariencias. Es necesario hacerlo de corazón y servir al Eterno con alegría. De hecho, el no hacerlo, trae maldición sobre nuestra vida “Todas estas maldiciones caerán sobre ti. Te perseguirán y te alcanzarán hasta destruirte… pues no serviste al Señor tu Di-s con gozo y alegría cuando tenías de todo en abundancia” [Dt 28:45-47].  

Para Di-s es tan importante la felicidad que existe el precepto de alegrarse en las festividades [Dt 16:14]; entendiendo que la alegría al ser un fruto del espíritu [Gal 5:22], es decir que es el resultado de la presencia continua de su espíritu en nuestra vida y tiene su fuente en la cercanía de Di.s con su pueblo, la herencia espiritual que se nos ha dado y el significado profundo y la santidad de cada festividad. La alegría necesita tener una intención pura y un corazón perfecto, ser capaz de reconocer el bien que el Eterno ha hecho por nosotros, es por esto que alegrarse es una forma de darle gracias a Di-s abiertamente. (Talmud: Introducción al tratado de Beitza, pág 54).

Es fácil entender la alegría como una emoción o como un sentimiento pero no como una obligación; sin embargo, si solo por un momento reflexionamos cuán bueno ha sido Hashem con nosotros, no deberíamos hacer nada distinto a lo que hizo el rey David, quien ordeno a su alma que se alegrara en el Eterno: “Alaba alma mía a Adonai y alabe todo mi ser su santo nombre” [Sal 103:1] y nos recuerda solo alguno de los motivos por los que deberíamos alabarle y alegrarnos: Él perdona todos nuestros pecados, sana todas nuestro dolencias, rescata nuestra vida del sepulcro, nos cubre de amor y compasión, colma de bienes tu vida, nos rejuvenece como a las águilas, hace justicia, nos defiende, nos muestra el camino, es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor, no sostiene para siempre su querella ni guarda rencor eternamente, no nos trata conforme a nuestros pecados ni maldades pues conoce nuestra condición, echó lejos nuestras transgresiones y su amor es eterno [Sal 103:4-18].

De tal modo, que la felicidad no es una opción de vida, sino que es una consecuencia de cumplir sus mandamientos, un fruto de la relación con ÉL y una obligación para quienes reconocemos al Eterno como nuestro Di-s.  Pero hay algo más que nos enseña está parashá… y es la necesidad de los hijos en nuestra vida para que la alegría sea completa. Por un lado, en esta porción está la promesa explicita de que seremos padres, pues entre sus versículos se encuentra el shema [Dt 6:4-9], la proclamación de fe que afirma la creencia judía en un solo Di-s, del cual depende todo, afirmando que que nada existe fuera de él y no hay nada aparte de él. Pero también ordena que “(estas palabras del shema) las repetirás continuamente a tus hijos. Hablarás de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” [Dt 6:7]. Es decir, que para para cumplir este mandamiento necesariamente debe haber hijos a quienes se les pueda repetir el shema.

En ésta parashá también se dan varias instrucciones para educar correctamente a los hijos, desde casarlos bien para que no se desvíen hacia la idolatría [Dt 7: 3-4] hasta enseñarles a tener temor de Di-s [Dt 4: 5], no inclinarse a otros dioses [Dt 5: 9], guardar shabat [Dt 5: 14], tener un corazón dispuesto [Dt 5:29], honrar a los padres [Dt 5: 16] y a Hashem y cumplir sus mandamientos [Dt 6:1]. También se nos recalca en la importancia de enseñarles tener un corazón agradecido, lo cual se logra recordándoles todo lo que Hashem ha hecho por nosotros [Dt 4:4, 6:20-21]. Di-s por su parte promete que, si nos mantenemos en sus preceptos, no solo nosotros sino nuestros hijos, disfrutaremos de una larga vida [Dt 6:1-2], nos mostrará su amor por mil generaciones [Dt 5:10] y nos hará felices [Dt 5:29].

Tener hijos suena una locura en un mundo preocupado por la sobrepoblación, el costo de la vida, pero sobre todo por el “yo”, el individualismo y la autosatisfaccion. En un mundo interesado por los DINKs (siglas en inglés para doublé income no kids), es decir parejas con doble ingreso, pero sin niños, que prefieren invertir hasta ¾ partes de su sueldo en productos que no son de primera necesidad (ropa, calzado, viajes, restaurantes, espectáculos) a cambio de no tener hijos; todo esto orquestado por un mercado que entiende que mientras baja la cifra de nacimientos aumenta la de ventas. Incluso, hasta hay investigaciones que sostienen que las parejas sin hijos son más felices que aquellas que los tienen, o posturas que defienden el que las mujeres que se niegan a tener hijos como el reflejo de “una carrera profesional brillante y un conocimiento profundo de sus derechos”. 

¡Que visión más alejada de la Torá! Pues procrearnos, no solo es el primer mandamiento que ordena Hashem al hombre “fructifíquense y multiplíquense” [Gn 1:28], sino que los hijos son una muestra de la misericordia y el favor de Di-s [Ex 1:21]. Ellos representan la vida porque gracias a ellos el hombre se asegura continuidad y perpetuidad, hacen que la vida tenga una finalidad [Gn 48:4]. Los hijos son sustento, pues para ellos es que el Eterno envía provisión a una familia [Dt 7:13, Sal 37:25]. Los niños son alegría, pues cada movimiento, cada risa y cada sonido que emite proporcionan felicidad a un hogar [Sal 127:3]. Los hijos fortalecen el matrimonio, pues ellos no se pueden dividir y crean un lazo eterno entre la pareja [Sal 128:3]. Los hijos dan fuerza para superar las dificultades y apaciguar los conflictos. Los hijos son verdaderamente el éxito de los padres, porque mientras los padres son jóvenes es posible que sus ambiciones y objetivos les aporten suficiente satisfacción, pero cuando envejecen son los hijos quienes traen vitalidad a un hogar [Prov 17:6], una casa sin hijos es una casa sin vida y aquel que decide no tener hijos es considerado muerto.

Yeshua cumplió estos 2 principios: mantenía una “alegría perfecta” gracias a su relación con Hashem y su cumplimiento de mandamientos [Jn 15:10-11] y a la vez era motivo de alegría para su Padre celestial [Mt 17:5]. Y, si bien, no tuvo hijos físicos -porque no hacía parte de su propósito-, nos dio la oportunidad de ser hijos de Di-s, pues medio de él obtenemos conocimiento del Eterno [Mt 11:27] y la posibilidad de acercarnos a Di-s como padre: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” [Jn 1:12-13].

¡Shavua tov!
¹ Jacqui Gabb, Martina Klett-Davies, Janet Fink and Manuela Thoma. Enduring Love? Couple relationships in the 21st Century. The Open University November 2013.

² Juan Carlos Vargas, director científico de Profamilia. En “La opción de vivir sin hijos”. El tiempo. 5 octubre 2013.

³ Rab. Shalom Arush. Educación con amor. Israel, 2014: 13-14

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

 

Dona vida: dona sangre

Por Natalia Lara

Donar sangre no solo es un mandamiento, sino que es un regalo de vida.

La Torá ratifica la importancia de la sangre al enseñarnos que “la vida de toda criatura está en la sangre” [Lv 17:11-14]. Medicamente, el suministro de sangre y sus derivados, es una necesidad vital para el tratamiento de enfermedades como las leucemias, los linfomas y diferentes tipos de anemias que pueden llegar a requerir transfusiones hasta una vez por semana. También, se requiere para la realización de procedimientos quirúrgicos y en muchas ocasiones es indispensable para la estabilización de niños en cuidado intensivo por infecciones severas, accidentes o cáncer. De forma particular en el hospital de la Misericordia se realizan cerca de 1.300 transfusiones sanguíneas en el mes, secundarias a todas estas condiciones.

Para ser donante se requiere cumplir algunos requisitos básicos que no solo reflejan un estilo sano de vida, sino el cumplimiento de los mandamientos de la Torá: No haber padecido de enfermedades de transmisión sexual o sospechar ser portador de alguna, o estar expuesto a promiscuidad u homosexualismo; no consumir sustancias psicoactivas, ni haberse realizado tatuajes o piercing en los últimos 12 meses. Para evitar infecciones se debe no haber tenido malaria/paludismo, leishmaniasis o enfermedad de Chagas, hepatitis después de los 12 años, cirugías o transfusiones en el último año y tratamientos odontológicos en los últimos 7 días. Además de esto se debe ser mayor de 18 años por condiciones legales y pesar más de 50 kg para garantizar la cantidad mínima de sangre que se requiere. Y para evitar descompensaciones en el estado de salud, se debe ser menor de 65 años, no estar en estado de embarazo o lactancia y no haber padecido de cáncer, ni tener enfermedades del corazón o los pulmones.

La sangre es un bien invaluable pues sus componentes son derivados insustituibles que no pueden ser producidos artificialmente. No se puede reproducir, ni fabricar, ni comprar, ni vender. El costo de una unidad corresponde a su procesamiento y las pruebas que se realizan para garantizar su seguridad.
Tampoco se puede modificar sangre de los animales para usarla en los seres humanos.Es uno de los componentes en los que somos absolutamente dependientes los unos de los otros. Para la donación de sangre dependemos exclusivamente de la solidaridad y la buena voluntad. De hecho, en la donación de sangre es necesario una mentalidad de comunidad pues “… ¿de quién recibe sangre una persona, si no es de una colectividad representada por la institución sanitaria? ¿A quién se dona la sangre, si no es a una institución, a la colectividad?”

Donar sangre no solo es un acto de solidaridad, sino también un acto de amor. Una historia popular cuenta que una vez había un niño que por las características de su sangre no le encontraban donantes y solo era compatible con su hermanito mayor, así que, después de un extenso trámite legal autorizaron que su hermano hiciera el proceso, a lo que el niño mayor después de meditarlo y sin vacilar, accedió. Luego que lo acostaron en la camilla y empezaron a extraerle la sangre, el niño miró fijamente al doctor y le pregunto: ¿Falta mucho para que empiece a morir?… ¡El hermano mayor había interpretado que debía donar toda su sangre para que su hermanito viviera, pero no dudo en hacerlo porque lo amaba!

La sangre de Yeshua refleja todos estos principios. La vida, la solidaridad y el amor. Su sangre fue derramada por nosotros, para el perdón de nuestros pecados [Mc 14:24], por medio de ella somos justificados y salvos de la ira del Eterno a causa del pecado [Ro 5:9]. Mediante su sangre tenemos redención por las riquezas de su gracia [Efe 1:7] y somos santificados por ella [Heb 13:12]. Todo esto en cumplimiento a la Torá pues “según la Torá, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón” [Heb 9:22].

Es por eso que estamos más que agradecidos con el Eterno y la comunidad, por la jornada de sangre que se desarrolló el pasado domingo 8 de julio en las instalaciones de nuestra comunidad, a donde masivamente acudieron muchos motivados como Yeshua por la vida, la solidaridad y el amor; y se pudieron recoger más de 70 unidades de sangre que saldan las necesidades mensuales de la Fundación Homi, y permitirán que muchos pequeños no tengan que pasar días esperando glóbulos rojos o plaquetas para poder retornar a su casa o incluso para estabilizar su estado de salud y salir adelante. En verdad ¡Gracias por brindar cada gota de esperanza! Para quienes no pudieron hacerlo ese día -pues, aunque muchos acudieron no hubo disponibilidad de insumos- los invitamos a que se acerquen a las instalaciones del hospital (Av. Caracas N. 1 – 13, Bogotá D.C) de lunes a viernes para donar sangre total (8 am a 3 pm), glóbulos rojos o plaquetas
(8 am a 2 pm) y permitir que nuestra sangre siga siendo testimonio del amor de Di-s en nuestra vida.

¡Shavua tov!

1Lorena Alejandra Duque González. Analista de Comunicaciones Banco de Sangre. Fundación HOMI – Jiménez Hernández AJ. Gazeta de Antropología, 2000, 16, artículo 17,
ibidem

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

 

 

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El poder de la lengua

Por Natalia Lara

¿Quién es el que controla el lenguaje? ¿Cuándo una burra que no teniendo voz resulta hablando y un profeta que teniendo que maldecir termina bendiciendo?

La producción del lenguaje y el habla son procesos muy complejos. Y me refiero a lenguaje y habla porque son procesos distintos. El habla se refiere al medio oral de comunicación que, fundamentalmente requiere de la voz. Mientras que el lenguaje comprende además reglas sociales comunes que implican el significado, creación y combinación de las palabras, así como su aplicación a cada situación en particular.

Anatómicamente para generar la voz se requieren 4 estructuras: fuelles, vibrador, resonadores y articuladores. Los fuelles son los grupos musculares que permiten después de una adecuada inspiración, sacar el aire necesario que produce la vibración de las cuerdas vocales. Este sonido es amplificado por los resonadores, es decir las cavidades superiores a las cuerdas vocales:  la faringe, la nariz y la boca; ésta última es capaz de cambiar su forma y volumen mediante la lengua, los labios, el paladar y la mandíbula, para adaptarse al sonido emitido. Finalmente, el sonido es convertido en silabas por los articuladores, fundamentalmente los dientes y la lengua. A su vez este proceso requiere del control nervioso, especialmente del área de Brocca, una parte de la corteza cerebral encargada de coordinar los movimientos necesarios para producir el habla. Pero, para que la voz se vuelva lenguaje, necesita además la integridad no solo del sistema muscular, respiratorio y del habla; sino de otra área del cerebro llamada el área de Wernicke, que se encarga de la comprensión de las palabras; así como de otras regiones cerebrales que tienen que ver con la fluidez, la memoria, la lógica y el significado. (1)

No es extraño entonces, que los seres humanos seamos la única especie que podamos comunicarnos por medio del lenguaje oral.  Y digo comunicarnos porque si bien, hay aves que imitan el habla humana (loros, periquitos y gráculas) y se han descubierto muchos tipos de lenguaje animal (chimpancés, perros y delfines); nuestra especie es la única que logra comunicarse de una manera verbal tan compleja, con más de 7.000 idiomas diferentes, 88.000 términos tan solo en español (RAE) y el uso de 15.000 palabras cada día. (2)

Pero… ¿quién es realmente él que controla el lenguaje?  Y la pregunta es, porque la parashá de esta semana בָּלָ֖ק Balak [Nm 22:2-25:9] nos cuenta la historia de Balak, un rey Moabita que contrata al profeta Bil’am para maldecir a Israel, pero las cosas terminan saliendo fuera de control para Bil’am, pues cuando se dirige a hacer su trabajo -aunque el Eterno le había dicho inicialmente que no fuera-, su burra se desvía del camino y luego se niega a andar pues logra ver el ángel de Adonai que le obstaculizaba el paso y cuando es azotada por Bil’am termina hablando y discutiendo con él. Por si fuera poco, aunque Bil’am fue contratado para maldecir a Israel a cambio de honra y riquezas, en las cuatro ocasiones que lo intenta termina bendiciéndolo y además pronuncia una de las frases que hace parte de las bendiciones del judaísmo: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus moradas, oh Israel! [Nm 24:5]. Y sí, ni las burras hablan normalmente y solo decimos lo que “nuestros deseos” quieren… ¿Quién es entonces realmente él que controla el lenguaje?

En el primer encuentro que tiene Moshé con el Eterno, en el desierto, está la respuesta a nuestra pregunta: «¿Y quién le puso la boca al hombre? —le respondió el Señor—. ¿Acaso no soy yo, el Señor, quien lo hace sordo o mudo, quien le da la vista o se la quita? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que has de hablar» [Ex 4:11-12].  Del mismo modo cuando Hashem llamó al profeta Jeremías, le dijo: «No digas: “Soy muy joven, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene…He puesto en tu boca mis palabras» [Jer 1:7-9].

El poder de Di-s para controlar el lenguaje se manifiesta muchas veces en su palabra. En Babel, cuando los hombres quisieron construir una torre para su gloría, Di-s confundió la lengua de tal modo que hablaron diferentes idiomas y tuvieron que dispersarse [Gn 11:4-9]. Al profeta Ezequiel hizo que la lengua se le pegara al paladar quedando mudo y luego le devolvió el habla [Ezq 33:22]. Algo parecido le paso al levita Zacarías en la Brit Hadasha (pacto renovado) pues, por no creer la promesa del embarazo milagroso de Elisheva, primero Di-s le quitó el habla [Lc 1:13-20] y luego el día en que su hijo Johannan iba a ser circuncidado, Zacarías recuperó la voz y comenzó a alabar al Eterno [Lc 1:59-64].

Si es Di-s quien controla la lengua, ¿Entonces de donde salen las malas palabras, el chisme, la hipocresía y las mentiras?… Yeshua enseña que estas cosas vienen del corazón del hombre [Mt 15:19]. Es más, aun cuando nuestras palabras parezcan bonitas, Di-s conoce la intención detrás de ellas, como se lo dijo al profeta Isaías “«Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres” [Is 29:13]. Y es que aún la adoración y la alabanza pueden ser falsas si no provienen de un corazón conforme a la voluntad de Di-s.

El Rey David es el mejor ejemplo de lo que espera el Eterno de nuestro lenguaje: que proclame su alabanza [Sal 51:15]. De los 150 salmos compilados en la versión hebrea, 73 se atribuyen directamente al rey David en su introducción, y por medio de ellos logró un acercamiento a Di-s inigualable, de hecho, Hashem se refiere a él como un hombre כִּלְבָב֗וֹ kilbabou “como su propio corazón” [1 Sam 13:14].  Pero, si David cometió asesinato premeditado, adulterio, tuvo varias mujeres y cometió errores graves como padre – entre otros- ¿Por qué se le llama un hombre conforme al corazón de Di-s?

Probablemente en el salmo 51 esté la respuesta, pues el Rey David muestra una actitud correcta de teshuva -arrepentimiento-: reconoce sus transgresiones, la misericordia de Adonai y la necesidad de él para seguir adelante, confiesa que es de Di-s de quien proviene el poder para no pecar y poder mantenerse firme en obediencia. De los demás salmos, aprendemos además que es ante Di-s -y no ante los hombres- que debemos llevar nuestras angustias y que a pesar de las pruebas siempre habrá un motivo para alabarlo: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! [Sal 42:5].

Las escrituras además nos enseñan que “nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal” [Stg 3:8] y que no hay nada más engañoso que el corazón del hombre [Jer 17:9]. Entonces ¿Cómo cambiar nuestro lenguaje y tener un corazón conforme a lo que Di-s quiere?

Solo Di-s puede hacerlo: purificar nuestro lenguaje y transformar nuestro corazón, como lo hizo con el profeta Jeremías cuando tuvo la visión del Eterno, y al confesar la impureza de sus labios, un serafín los purifico con una braza tomada del altar, al tiempo que le dijo: «Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado» [Jer 6:5-6]. Entablar una relación honesta con el Eterno, reconocer a Yeshua como nuestro redentor y estudiar la Torá son la brasa que puede purificar nuestros labios.

Para concluir recordemos las palabras de Yeshua, pues nos enseñó que «De la abundancia del corazón habla la boca. El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal. Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará» [Lc 12:34-37].

¡Shavua tov!

Bibliografía

  1. Dosal González R. Producción de la voz y el habla. La fonación. Casa de salud Valdecilla. 2014.
  2. Mehl MR et al. Are Women Really More Talkative Than Men? Science 2007. Jul 6;317(5834):82.

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

Dime como hablas y te diré como eres

Por Natalia Lara

Es de cobardes hablar de aquel que no está presente para defenderse… y de valientes reconocer las bendiciones del Eterno por encima de la pruebas.

En la parashá de esta semana, בהעלתך Beha’alotecha [Num 8:1-12:16], se cuenta cómo el pueblo de Israel era dirigido todo el tiempo en el desierto por la voluntad del Eterno: “Cada vez que la nube se levantaba de la Tienda, los israelitas se ponían en marcha; y donde la nube se detenía, allí acampaban. Dependiendo de lo que el Señor les indicara, los israelitas se ponían en marcha o acampaban; y todo el tiempo que la nube reposaba sobre el santuario, se quedaban allí” [Num 9:17-18]. Sin embargo, aunque eran guiados por el Eterno “como un padre guía a su hijo” [Dt 1:31], su conexión con Él se veía interrumpida constantemente por dos enemigos de la condición humana: la queja y el chisme.

Por un lado, aunque en el desierto recibían constantemente la provisión de Hashem, permitieron que surgiera entre ellos el descontento por lo que no tenían -carne- olvidando las bendiciones que poseían -provisión, protección y libertad- [Num 11:4-5] por lo que Hashem complació sus deseos mundanos dándoles codornices, pero envió contra ellos tal mortandad que llamaron a ese lugar Quibrot Hatavá sepultura de la glotonería” [Num 11:31-34].

Por otro, aunque Aharon y Myriam gozaban de un lugar especial delante de los ojos de Adonai, cayeron en el chisme al hacer un comentario mal intencionado acerca de la esposa de Moshé, lo que generó el castigo de tzaara -lepra- para Myriam y que el pueblo se detuviera 7 días en su camino [Num 12:1-16]. Y aunque ésta parashá no nos narra los motivos por los cuales cayeron en el chisme, la motivación para hablar de otros siempre son sentimientos negativos: avaricia, odio, envidia…

Hay dos palabras en hebreo para queja está אָנַן anan (S. 596: quejó, quejarse, murmullo) y תְּלֻנּוֹת tluwnah (S. 8519: murmuraciones, quejas, querellas, exaltado, elevado). Está ultima viene de la raíz לוּן luwn (S. 3885: noche, murmuró, morará, detener, quedarse permanentemente, ser obstinado) …Y es que precisamente la queja exalta nuestros deseos y obstinación pero detiene los planes del Eterno, como ocurrió cuando el pueblo se quejó de la tierra prometida [Num 14:27-35]. La Torá nos enseña que la queja enciende la ira del Eterno, como ocurre también en ésta parashá [Num 11:1].

La palabra para chisme en hebreo es רָכִיל rakil (S. 7400: chismes, chismeando, falsedades, escándalo) que viene de la raíz רָכַל rakal (S 7402: mercaderes, negociantes, viajar para comercio). Esto es porque los “comentarios inocentes” acerca de otros terminan en realidad comerciando con la integridad de una persona, exponiendo su vida [Lv 19:16] y produciendo división [Prov 16:28, 26.20]. El punto no es si el comentario es cierto o falso, sino que hablar en contra de otro es igual a hablar en contra del Eterno [Santiago 4:11-12] y si en verdad tenemos interés en corregir una actitud de otra persona lo correcto es buscar directamente al implicado y hablar con él [Mt 18:15-17].

El chisme es apetecible [Prov 18:8, 26:22] y parece “entretenido” pasar horas alrededor de un café hablando sobre los demás. De hecho, la escritura nos enseña que los chismosos son personas muy amables y cercanas a todos [Jer 9:4], se disfrazan de “interés por la obra de Di-s” mientras sutilmente esparcen comentarios maquillados de preocupación espiritual: opinan sobre cómo predica alguien, como ministra otro, porque este se viste así o aquel habla de esta manera. Sin embargo, el chisme es tan detestable para Hashem [Ez 22:9], que promete que será exterminado aquel que hace comentarios en secreto sobre su hermano, sean estos ciertos o no [Sal 101:5].

Tanto la queja como el chisme tienen algo en común: un espíritu de descontento, de insatisfacción constante que busca satisfacer solo sus propios deseos [Jud 1:16] y se concentra en aquello que le falta o que los otros tienen y que él no. Es un reflejo de una falta de relación con Hashem y de una baja autoestima, pues buscan ganar la atención de los otros bien sea quejándose para verse como “desafortunados” o exponiendo los defectos de otros para así realzarse a sí mismos.  

¿Qué actitud debemos tener?

Es normal que algunas circunstancias nos produzcan incomodidad o malestar; pero en esos momentos debemos recordar tanto las bendiciones de Di-s sobre nuestra vida, como el hecho que Hashem controla todo y aún las situaciones difíciles no se escapan de su voluntad, sino que obran para nuestro bien [Rom 8:28]. Yeshúa nos invita a no afanarnos por nuestra vida pues el Padre sabe de qué tenemos necesidad [Lc 12:22-30]. Es ante Adonai -y no ante otros- ante quien debemos exponer nuestras preocupaciones y angustias [Sal 64:1, 142:2] y aunque no entendamos el porqué de las situaciones, un corazón humilde reconoce la mano del Eterno en pruebas aparentemente injustas que experimentemos [Lm 3:39].

Pero frente al chisme si ¡no hay ninguna excusa que valga! Yeshúa dijo “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo?” [Lc 6:42]… y esto es porque siempre la motivación de un comentario sobre otros es un sentimiento negativo, pues si nos ponemos en el lugar de aquel de quien se está hablando, de seguro no quisiéramos estar allí. Nunca se debe decir a espaldas de una persona nada que no podamos decirle en su cara, pues es de cobardes juzgar a los que están ausentes para defenderse. También debemos cuidarnos de ser muy curiosos o meternos en la privacidad de los demás sin ser invitados, así como evitar hacer comentarios hirientes o que provoquen risas a costa del prójimo o del sarcasmo.

Puede que no “contemos chismes” pero con frecuencia podemos prestarnos para escucharlos, lo cual nos hace cómplices de la destrucción del buen nombre de los demás; por eso debemos apartarnos de la gente que le gusta hablar de más [Pro 20:19], ignorar a los “excesivamente preocupados por otros”, no repetir sus comentarios, evitarlos y mostrarles oposición abiertamente cuando quieran hablar de alguien.

Lo más importante es recordar que “donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón” [Lc 12:34] pues si nos concentramos en el propósito y la tarea que Di-s tiene para nosotros, en nuestra familia, nuestro trabajo y nuestro ministerio, no tendremos tiempo ni para quejarnos ni para participar en conversaciones de pasillo que no traen nada bueno.

“Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar y tardo para airarse” [Stg 1:19]

¡Shavua tov!

Referencias

  1. Caccia G. Los peligros de murmurar en el trabajo.  30. 09.2016. En: http://www.piensaprofuturo.com/articulo/los-peligros-de-murmurar-en-el-trabajo-21
  2. https://movilizacionweb.wordpress.com/2010/09/04/el-pecado-de-murmurar-y-sus-conseecuencias/

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

¿Descansar o no descansar?… He aquí la cuestión

Por Natalia Lara

¿Por qué es tan importante el reposo para el Eterno, que no solo nos manda a
guardar Shabat, sino que ordena que la tierra repose e incluso, Él mismo reposo?

La parashá de ésta semana בְּהַ֥ר Behar/ en el monte [Lv 25:1-26:2] empieza y termina con una orden relativa al descanso: “Cuando ustedes hayan entrado en la tierra que les voy a dar, la tierra misma deberá observar un año de reposo en honor al Señor” [Lv 25:2] y “Observen mis shabat y muestren reverencia por mi santuario. Yo soy el Señor” [Lv 26:2]. En el hebreo la frase observar un periodo de reposo es וְשָׁבְתָ֣ה הָאָ֔רֶץ שַׁבָּ֖ת, en donde encontramos las palabras שָׁבַת shabath (S. 7673: cesar, reposar, desistir de esfuerzo) y שַׁבָּת shabbath (S. 7676: sábado, reposo, entreacto, el día de reposo). Aunque parecen similares, la primera es un verbo causativo, que se refiere a la realización de la acción de reposar y es la que se usa en Gn 2:2 “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo”. La segunda es un sustantivo, que se refiere al día de reposo y es la que se usa tanto en el mandamiento de guardar shabath [Ex 20:10-11, 31:13-16; Lv 23:3] como para referirse al descanso de Iom Kipur [Lv 23:32]. En está parashá además se ordenan otros dos descansos: la shemitá cada siete años [Lv 25:3-5] y el Yovel cada 50 años [Lv 25:8-12]. ¿Por qué es tan importante el reposo para el Eterno, que no solo nos manda a guardar shabat, sino que pide que la tierra repose e incluso el mismo reposó?

Junto a los días de reposo ordenados por el Eterno, los seres humanos tenemos otro tiempo de descanso obligado: el sueño. Pero este, no es exclusivo de nuestra especie, sino que todos los seres vivos que tienen sistema nervioso central pueden hacerlo (desde las ballenas hasta los escarabajos). De hecho, los insectos son susceptibles a estimulantes como la cafeína y experimentos han demostrado que privar de sueño a poblaciones de abejas hacen que se vuelvan muy erráticas en su comportamiento e incoherentes en sus movimientos para buscar alimentos. (Barret A et al, J Exp Biol, 2008:211, 3026-40).

Por muchos años la ciencia creyó que el dormir no tenía ninguna función en particular, pero su importancia se ve claramente en su ausencia: cuando no dormimos nos sentimos más torpes, con mayor dificultad para concentrarnos y hablar con fluidez, entre otros síntomas. El ejemplo más grave es el insomnio fatal familiar (FFI por sus siglas en ingles), un trastorno genético que se sospecha es inducido por priones en los que un insomnio progresivo muy agresivo genera disfunción autonómica (taquicardia, hipertensión), cognitiva (memoria a corto plazo y atención), motora (problemas de equilibrio) y hormonal que llevan al paciente a la muerte en un periodo de 18 meses (Khan Z, Bollu PC. SourceStatPearls; 2018: Feb 19).

Al igual que el insomnio fatal familiar, la biblia advierte que una de las maldiciones de la desobediencia es la falta de sueño “En esas naciones no hallarás paz ni descanso. El Señor mantendrá angustiado tu corazón; tus ojos se cansarán de anhelar, y tu corazón perderá toda esperanza. Noche y día vivirás en constante zozobra, lleno de terror y nunca seguro de tu vida” [Dt 28:65-66]. De hecho, una de las causas principales de las maldiciones narradas en Lv 26:14-45 es el no haber permitido que la tierra descansara cada 7 años en la shemita y cada 50 años en el Yovel [Lv 26:34-3, 43]. Y esto, porque estos periodos implican no solo dejar de cultivar sino el cumplimiento de las leyes de la shemitá -perdón de deudas, liberación de esclavos- [Dt 15:1-15] y el yovel -restitución de la propiedad y rescate de los esclavos [Lv 25:23-54]. Estos periodos significan una total dependencia del Eterno que solo es posible si se le reconoce como creador, legislador y proveedor: “Si acaso se preguntan: ¿Qué comeremos en el séptimo año si no plantamos ni cosechamos nuestros productos?, déjenme decirles que en el sexto año les enviaré una bendición tan grande que la tierra producirá como para tres años” [Lv 25:20-21].

Dormir es un proceso tan importante que pasamos una tercera parte de la vida durmiendo. Durante el sueño, no solo se descansa de la fatiga del día, sino que se produce la hormona de crecimiento y se fabrica lo que se necesitará el día siguiente, para lo cual es necesario desconectarse realmente del mundo -y del televisor, aparatos celulares y demás-. Además, se energizan las células del cuerpo, se consolida el aprendizaje y la memoria, se limpia la basura del cerebro; y aún se están descubriendo sus implicaciones en la regulación del humor, el apetito y el deseo sexual (Cirelli C, Tononi G. Cerebrum. 2017 Mayo: 07-17).

Tal como no dormir es una maldición por la desobediencia -o el resultado de malos hábitos, preocupación por malas decisiones o por no descansar en Hashem-; poder dormir es un regalo de manos de Di-s: “Yo traeré paz al país, y ustedes podrán dormir sin ningún temor” [Lv 26:6]. Muchos pasajes de las escrituras refuerzan este principio [Job 11:19, Sal 4:8, Prov 3:24]. Y es que cuando se duerme bien, se descansa para el Señor [Lv 25:1, 26:2].

Dos hechos podrían argumentarse para contradecir este principio. El primero, cuando el Eterno nos despierta en la madrugada y nos inquieta a orar por algo… pero ésta es la excepción que confirma la regla, pues habitualmente esta aparente “falta de descanso” no genera un mal día, ni una sensación de desasosiego, sino que, al contrario, produce la paz y la recompensa de descansar en sus promesas.  

El segundo es el “mal dormir” de los niños. ¿Es esto una maldición? ¿o no merecen ellos el regalo de dormir bien?… Nada más alejado de la realidad, pues es errado el concepto de que los niños “siempre duermen mal” o que “deben aprender a dormir”. Actualmente sabemos que, desde la semana 12 de gestación, el feto ya duerme sin ningún tipo de intervención externa: la embarazada no tiene que mecer su barriga para que el bebé se duerma. Y gran parte de la dificultad para que los niños inicien el sueño solos o tengan numerosos despertares nocturnos, se da en relación a los hábitos relacionados con el inicio del sueño y sincronizadores externos que ajustan su ritmo sueño-vigilia; es decir, si un niño aprende a dormirse rodeado de elementos externos que asocia a su sueño y no de personas, cuando tenga pequeños despertares -habituales durante la noche-, podrá volver a conciliar el sueño fácilmente. Pero si, se ha dormido en brazos de los padres, alimentándolo o meciéndolo, reclamará esos eventos para poder volver a dormirse (Estivilll E, Rev Neurol, 2000).

En síntesis, aunque venimos programados por Di-s desde el vientre para tener un buen sueño, los malos hábitos de los adultos cuando somos niños, y nuestros malos hábitos y decisiones como adultos cuando hemos crecido, son los que nos interrumpen el reposo que el Eterno quiere para nosotros. Pero si nos mantenemos fieles a sus mandamientos y creemos en Yeshúa, podremos acceder a las promesas que el Mesías nos ofrece, independientemente de cuales sean los problemas que quieran robarnos la tranquilidad de la almohada: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana» [Mt 11: 28-30].

¡Shavua tov!

  1. Priones: proteínas agrupadas que, sin ser virus ni agentes vivos, tienen la capacidad de infectar al hombre y producir enfermedades.

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.