Una cita con Di-s

Algunas lecciones del encuentro del Eterno con Moshe narrado en esta parashá. 

 

PorNatalia Lara

La parashá de esta semana כי תשא Ki tisa [Ex 30:11-34:35] “cuando cuentes”, empieza hablando sobre el medio shekel, el diseño del lavatorio, la preparación del óleo y el incienso, el llamamiento a Bezaleel y Aholihab y la importancia del shabat. Pero luego de esto narra uno de los sucesos más tristes y dolorosos de la relación de Hashem con Israel: el episodio del becerro de oro [Ex 32: 1-35].

Si bien, este fue un suceso demasiado doloroso para el corazón de todos los implicados -Israel, Moshe y para el mismo Hashem- lo que transcurre después nos da una lección maravillosa que es el eje transversal de esta parashá: lo fundamental de tener una relación con Di-s, y como ésta se materializa en “citas” o tiempos especiales delante de su presencia.

Primero, nos enseña que a Di-s le interesa una relación personal, Cada uno cuenta en la relación con Di-s, el busca una relación personal: “cuando cuentes el número de los hijos de Israel, cada uno ofrecerá a Hashem un rescate por su alma” [Ex 30:12]. En este versículo vemos 2 cosas importantes: por un lado para Di-s era importante cada uno, si bien su promesa era para el pueblo de Israel, esta promesa venia de la relación individual que el había sostenido con Abraham, Isaac y Jacob [Ex3:15], Hashem es un Di-s que no califica por promedio, sino que busca entenderse cara a cara con cada uno de nosotros, tal como lo hacía con Moshe, con quien tenía Intimidad y le hablaba cara a cara, como lo hace un hombre con su prójimo [Ex 33:11]. Lo segundo,es que cada uno debía ofrecer un rescate [Ex 30:12]. La palabra rescate es כֹּ֫פֶר. Koper (S. 3724) que viene del hebreo כָּפַר Kapar (S. 3722) que significa expiación y reconciliación. En Yeshua, encontramos estos 2 elementos:  a pesar de nuestros pecados nos ha permitido acercarnos a Hashem de manera intima “Ya no os llamo siervos… sino amigos” [Jn 15:15] pues su muerte nos trajo rescate, expiación y reconciliación “Porque no envió Di-s a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” [Jn 3:17].

Pero para poder tener un encuentro personal con Hashem, Moshe debía hacer su parte, que iba más allá de solo desearlo. Hashem hacía que Moshe saliera fuera del campamento [Ex 33:7], bien en la tienda de reunión o en el monte Sinaí, Moshe debía desligarse de su obligaciones y afanes cotidianos para poder tener un tiempo a solas con Di-s.  De hecho Abraham -conocido como el padre de la fe- cuando recibió la promesa de su simiente, tuvo que ser llevado por Di-s fuera [Gn 15:5]. Y es que el tiempo con Hashem, debe ser un “tiempo protegido” de los afanes, las ocupaciones, las angustias y las distracciones de la vida cotidiana, tal como le dijo Yeshua a Marta “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” [Lc 10:41-42].

Si bien, el espacio con Di-s, la tienda de la cita אֹ֣הֶל מוֹעֵ֑ד (ohel moed) estaba fuera del campamento, estaba siempre al acceso de todos [Ex 33:7], pues Hashem cercano esta de los que le buscan [Slm 141:18] por lo que debemos “buscarle mientras puede ser hallado, llamarle en tanto que está cercano [Is 55:6]. No importa cuan grave sea nuestro pecado, incluso aunque parezca a un gran becerro de oro, esta parashá nos revela que Hashem es “Di-s piadoso y clemente, lento en ira y grande en misericordia y fidelidad”[Ex34:6] y aunque castiga el pecado, también perdona a quienes se arrepienten y se apartan no solo del mal camino, sino también de los malos pensamientos [Is 55:7].

La relación de Moshe con Hashem con era una relación sincera, incluso Moshe abre su corazón tanto con el Eterno, que veces parece que le hiciera una pataleta, como cuando le dice “si no los perdonas (al pueblo), entonces bórrame del libro que escribiste” [Ex 32:31-32] ¿Por qué se atreve Moshe a hablarle así? Tal vez, porque era consciente que Di-s sabe todo lo que pensamos y sentimos, lo que hay en nuestra mente y en nuestro corazón [Jer 17:10]… es decir que aunque Moshe no se lo hubiese dicho, de todas maneras ya Hashem sabía que lo estaba pensando… ante él de nada sirve aparentar que somos muy espirituales, muy santos o que no hemos pecado… el sabe cuando oramos para buscarlo o solo por cumplir, cuando le cantamos de corazón en lo íntimo o si lo hacemos delante de un público para que nos aplaudan, incluso los pensamientos o pecados que nos avergüenzan y no somos capaces de confesarle Él ya los cooce…

Pero que fuese una relación cálida y sincera, no significa que pierda la reverencia y el respeto que se le debe a Hashem como Di-s de todo y creador del universo: cuando Moshe se encontraba con el Eterno, todo el pueblo se arrodillaba a la entrada de sus tiendas [Ex 33:10]. Deberíamos conducirnos con Hashem, de la misma forma en que o haríamos con una autoridad: ¿De que forma nos presentaríamos ante nuestro jefe, un rey o el presidente? Acaso ¿le interrumpiríamos para contestar el celular o hablar con otros? ¿llegaríamos tarde o mascaríamos chicle?… el mismo respeto y reverencia deberíamos guardar durante nuestro tiempo  a solas con Di-s pero también en los servicios que le son dedicados a él.

¿Y para que queremos un encuentro con Hashem? ¿Cuál es el propósito de encontarnos en su presencia? El propósito no era para la vida de Moshe, El Eterno no le dijo te hare rico, famoso, guapo… etc, sino su encuentro con Moshe era en relación a su servicio para el pueblo de Israel [Ex 25:21, 34:34]… Pero aún hay más. Después de reflejar su gloria, Di-s  le habla de ¿panes leudados?¿primogénitos de animales? [Ex 34: 18-26] ¿Por qué? Porque nuestros destellos de gloria con el Señor deben reflejarse en lo práctico, en lo cotidiano… Maimonides describe estos encuentros como “el brillo corto de un rayo que ilumina elc amino en medio de una noche de tormenta” … ese brillo solo dura unos segundos, pero deben ser suficientes para que nuestra inspiración se materialice en acciones prácticas: en mandamientos.  Di-s no solo transformo el rostro de Moshe [Ex 34:24] sino que puso brillo a su vida y es eso lo que quiere para nosotros, tal como diría Yeshua: No los saques del mundo, sino que sean uno conmigo y reflejen la gloria que tuvimos desde el principio, para que el mundo conozca que eres tú quien los envía [Jn17:16-22].

¡Shavua tov!

***


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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

 

 

 

 

 

 

 

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En el nombre del Padre

Por: Natalia Lara

¿Por qué escogió Hashem que en el corazón de los diez mandamientos estuviera el honrar a Padre y Madre?

La parashá de esta semana, יִתְרוֹ Yitro [Ex 18:1-20:23], lleva su nombre en honor al suegro de Moshé, quien lo visita luego de que el pueblo sale de Egipto para llevarle su esposa e hijos [Ex 18:1-12]… pero va más allá de ser una visita familiar, ya que aunque era gentil, tiene temor del Eterno y le aconseja sobre cómo organizar su labor como líder del pueblo de Israel [Ex 18:13-27]. Luego de este encuentro, el pueblo se prepara para uno de los acontecimientos más maravillosos de toda la historia: el encuentro con el Eterno en el monte Sinaí [Ex 19:1-25]. Ese encuentro no solo fué el principal objetivo de su salida de Egipto –Vendrán a este monte y me adorarán [Ex 3:12]- sino que allí Hashem les entregó las 10 palabras -o 10 mandamientos como se han conocido tradicionalmente-, las cuales contienen, en su parte final las bases de las relaciones humanas de todas las sociedades actuales: no matar, no adulterar, no robar, no mentir y no codiciar [Ex 20:13-17]; y en su parte inicial se refieren a la relación del hombre con el Eterno: Reconocerlo como Di-s, no caer en idolatría, no invocar su nombre falsamente, guardar el shabat como un tiempo especial para Hashem [Ex 20:2-11] y … ¿Honrar a padre y madre? [Ex 20:12] ¿Qué tiene esto que ver con nuestra relación con el Eterno?

Desde la biología del ser humano, la relación que se tenga con el cuidador principal durante los primeros años de vida, determinará como serán nuestras relaciones con el resto de nuestro entorno, esto se conoce como la teoría del Vínculo (Bowlby 1977; Ainsworth 1978). Se ha demostrado que, cuando esta relación es adecuada, se construye un vínculo seguro que genera identidad, autoestima y regulación emocional, pero cuando no lo es, se produce un vínculo inseguro que genera no solo trastornos de salud mental, sino ansiedad, dependencia y dificultad en las relaciones sociales.

Para la mayoría de los seres humanos estos cuidadores principales son el padre y la madre. De hecho, cuando una de estas figuras falta o falla como cuidador en los primeros años de vida, las consecuencias son nefastas: trastornos de la personalidad, psicopatología por pérdida de afecto, problemas con el consumo de alcohol, trastornos de la conducta alimentaria, falta de control apropiado de la sexualidad y agresión.  Y a niveles menos graves, pero igual de importantes, se asocia a mayores niveles de depresión, resentimiento y alienación (Repetur 2005; Ainsworth 1978, Brannigan 2002).

Probablemente por esto el Eterno puso la honra a los padres justo en el corazón, en la mitad de los 10 mandamientos: porque son los padres quienes conectan nuestra relación con Hashem y con los hombres. De nuestros padres aprendemos a amar a Hashem y a nuestro prójimo, a cumplir mandamientos y a guardar fiestas. Pero aún, si ellos no son creyentes, son quienes transmiten nuestro primer concepto sobre Di-s y la religión, pero también nos enseñan la ética y la moral, el cómo relacionarnos con los demás. Pero aún hay más… la relación con nuestro padre terrenal en buena manera nos dará las bases para la relación con nuestro padre celestial, y cuando el padre terrenal es ausente, distante emocionalmente o poco comprometido con el cuidado físico, material y espiritual de sus hijos, es difícil creer en un padre celestial presente, cercano y que cuida cada aspecto de nuestra vida.

Pero este no es un hecho irreparable. Pues aunque nuestros padres terrenales no hayan estado o  -estando presentes- nuestra relación con ellos no haya sido adecuada o aunque ellos no nos hayan enseñado lo correcto, El Mesías nos enseña a ver a Hashem como Padre Eterno y su cercanía a nuestra vida puede sanar cualquier herida que tengamos con nuestros padres biológicos.

Volviendo a la relación con ellos, no se trata de exigirles que cambien, sino de hacer nuestra parte para que Hashem se encargue del resto. A nosotros como hijos, se nos exigen 2 mandamientos: Honrar a los Padres “Kibud Av Vaem” [Ex 20:12] y temer a los Padres “Irat Horim” [Lev 19:3]. En el primero, honrar a los padres, Maimonides enseña que aquel que honra es quien les da de comer, les da de beber, los viste y los cubre, los trae y los lleva (1). Honrar implica estar dispuestos para suplir sus necesidades materiales con nuestros recursos tal como dice en la palabra “honra al Señor con tus bienes y con los primeros frutos de tus ofrendas[Pv 3:9]. Siempre un padre se sentirá mejor si puede valerse por sí mismo, pero parte de honrarlos implica sacrificar lo propio por ellos. De hecho, Yeshua enseña que debemos honrarlos con nuestros bienes [Mt 15:6-7]

El segundo precepto es respetar -temer- a los padres, lo cual implica ponerlos al rango de autoridad que ameritan, como un rey o gobernante, a fin de que, nos conduzcamos con ellos como hemos de conducirnos con aquel a quien tememos. El respeto implica obediencia, pero además se ve en actos tan sutiles como ponerse de pie cuando ellos entran al sitio donde estamos (2). Maimonides explica que este respeto implica, también que el hijo no se siente en su lugar, que no hable en lugar suyo y que no contradiga sus palabras (1).

Ya que honrar a padre y madre trae largura de días [Ex 20:12], deshonrarlos no solo trae castigo de muerte [Lv 20:9] sino que maldice la tierra tal como dice: “El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que venga yo y hiera la tierra con maldición” [Mal 4:6].

Honrar y respetar parece sencillo, cuando un padre es presente, bueno, cumple mandamientos y nunca falla. Pero en la vida real, tal como nosotros, nuestros padres cometen errores… Es por eso que, estos son mandamientos, pues si “honrar” y “respetar” fuera algo sencillo y natural, Hashem no tendría que pedirnos cumplirlos, ni nos recompensaría por hacerlo. y cabe pregunatrse entonces ¿Qué pasa cuando un padre se equivoca? ¿Es licito corregirlos o contradecirlos? El mandamiento enseña que no, pues lo correcto es preguntarle lo que opina la torá del asunto, de tal manera que no se sienta menospreciado, irrespetado y menos regañado; por ejemplo, en el contexto de una pelea con alguien, podemos decirle algo como “papá ¿podrías enseñarme que dice la torá sobre amar al prójimo?” (2). Y si no es válido hacerlo en el contexto de la torá, menos es válido hacer sentir menos a un padre, en asuntos de negocios, tecnología o conocimiento.

¿Y qué pasa cuando el padre no es creyente? Igualmente debemos honrarlos y respetarlos… esto no significa que debamos obedecerlos en lo que va en contra de la torá, sino que nuestro testimonio se unirá a las oraciones, para ayudarles a encontrar el camino hacia el Eterno. De hecho, el versículo “A su madre y a su padre temerán y guardaran mis shabats”, la observancia del shabat está unida al respeto a los padre para recordarnos la importancia de guardar los mitzvot, aunque nuestros padres indiquen que los desobedezcamos. (2)

¿Y es posible honrar a un padre muerto? ¡Claro que sí! El judaísmo nos enseña que cuando se menciona el nombre de un padre fallecido, debemos recordarlo con la frase “bendita sea su memoria” (2); pero, además, perseverar en lo bueno que nos enseñaron es la mejor forma de honrarlos y mantener vivo su orgullo por nosotros.

¿Y cómo se honra a un padre malo? ¿Cómo respetar a alguien que nos ha hecho daño? Y no me refiero a un padre que es “malo” porque nos castigue o nos discipline… sino uno que ha irrespetado su hogar por adulterio, ha maltratado violentamente a sus hijos o incluso ha abusado sexualmente de ellos… Una vez alguien (3) me enseño que un padre así se honra con el perdón, entendiendo que la muerte de Yeshua no solo permite que Hashem perdone nuestros pecados, sino que nos permite perdonar a aquellos que nos han dañado.

Pero también es necesario perdonarles a ellos, aquellas cosas que de alguna manera nos han causado dolor, cuando no estaban cuando los necesitábamos, nos hirieron sin quererlo o no nos trataron como nos hubiese gustado… Alguien más (4) me enseño que ese tipo de situaciones con nuestros padres que nos dañan cuando somos niños, no son producto de que ellos quieran hacernos mal, sino que actuaron con el conocimiento o experiencias que tenían al respecto. Así que, ponernos en su lugar, tratar de entenderlos y tener misericordia con nuestros padres, nos permite perdonarles completamente y así poder honrarlos y respetarlos con integridad.

Yeshua, con su vida, demostró no solo honra y temor a sus padres terrenales; sino al Padre Celestial. Él mismo era reflejo de Hashem [Jn 14:7-9], se mantuvo en unidad a él, glorificó su nombre [Jn 17:21-22] y siempre le fue obediente incluso hasta la muerte de cruz [Fil 2:8].

¡Shavua tov!

Referencias

  1. El libro de los preceptos. Ed. Kehot Lubavitch Sudamericana
  2. Shuljan aruj
  3. Raul Rubio. Pastor Kehilat Yovel.
  4. Patricia Caro. Ministerio de Jovenes Naále. Kehilat Yovel.

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

Milagros inesperados: La bendición de nacer

Por: Natalia Lara

Porque el nacimiento un niño, de Moshe o deYeshua; lo decide Di-s y no la anticoncepción, Herodes, ni el faraón.

La parashá de esta semana  שמות Shemot/nombres  [Ex 1:1-6:1] narra cómo Di-s respondió al clamor de los israelitas oprimidos por el Faraón, llamando a Moshé de manera sobrenatural para encomendarle la tarea de liberar al pueblo de la esclavitud y celebrar con ellos fiesta en el desierto [Ex 5:1]. Además, tras esta valiosa historia, el Eterno nos da una maravillosa lección acerca de lo que significa la vida y el hecho de que un niño pueda nacer y venir a este mundo.

Contrario a las teorías humanistas acerca de la sobrepoblación, el control de natalidad o el “derecho” al aborto y la anticoncepción, Hashem celebra el milagro de la vida… ¡Y no solo lo celebra, sino que lo estimula! En el primer capítulo de esta parashá la palabra multiplicarse רָבָה rabah (S.7235) ¡aparece 4 veces! [Ex 1:710, 12, 20]. Este verbo implica la bendición de llegar a ser muchos y fue usada por el Eterno para ordenar que se multiplicaran tanto los seres humanos  [Gn 1:28, 9:1] como los animales en la creación y luego del diluvio [Gn 1:22 -8:17]. También la usó Israel en la bendición que declaró sobre Efraim y Manashe antes de morir [Gn 48:10].

En ésta parashá esta palabra – rabah (multiplicar) – se menciona en 3 contextos muy especiales: “Los israelitas tuvieron muchos hijos, y a tal grado se multiplicaron que fueron haciéndose más y más poderosos. El país se fue llenando de ellos” [Ex 1:7]. El pueblo de Israel había llegado 100 años antes solo con 12 familias que crecieron tan abundantemente que los egipcios comenzaron a temerles (Chizkuni)… ¿Cómo lo lograron? no solo las mujeres no abortaban, sino que incluso ¡hasta tenían partos síxtuples! Además, ningún niño moría siendo pequeño (Rashi) tal como lo anunció el profeta Isaías que ocurrirá nuevamente en la era mesiánica: “No habrá más allí niño que muera de días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años” [Is 65:20].

Más adelante, la palabra aparece en una contienda implícita entre el Faraón y Di-s: el Faraón preocupado porque los israelitas al multiplicarse se unieran al enemigo y temiendo del poder del Di-s de este pueblo y de la profecía del libertador que nacería entre ellos (Chizkuni), decidió ordenarles פֶּן־יִרְבֶּ֗ה pen yirbeh ¡no se multipliquen! [Ex 1:10], asi que decide oprimirlos y aumentar sus trabajos pretendiendo evitar los nacimientos… Sin embargo, Di-s usa la misma expresión del Faraón, pero iniciando con una letra diferente (כֵּ֥ en vez de פֶּ) para darles la orden diametralmente opuesta: כֵּ֥ן יִרְבֶּ֖ה ken yirbeh ¡sí multiplíquense! [Ex 1:12] para demostrar que en medio de una gran dificultad viene una gran bendición “cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban”.

Finalmente, se menciona en la historia de las parteras que el Faraón mandó llamar para que mataran a los varones y dejaran vivas las niñas [Ex 1:15-16]. Ellas eran שפרה Shiphrah y פּוּעָֽה Puah. Los sabios judíos (Sotah 11b), explican que estas parteras eran Jocabed y Myriam, la madre y la hermana de Moshé. Jocabed llevaba el nombre de Shiphrah (equidad, claridad) porque se encargaba de poner al bebé después del nacimiento en una buena condición física (משפרת/meshaperet, mejorar), mientras que Myriam solía hablar en voz alta y cantar al bebé para calmar su llanto por lo que le llamaban Puah (esplendida). Por el temor a Hashem, ellas no solo no mataron a los niños, sino que preservaron su vida con comida, desobedeciendo la orden del faraón [Ex 1:17-19] por lo que Di-s “trató muy bien a las parteras y por haberse mostrado temerosas de Dios, les concedió tener muchos hijos, y el pueblo se multiplicó” [Ex 1:20].

Y en medio de esta multiplicación el milagro ocurrió para Jocabed. El Faraón al ver que no podía contar con las parteras, ordenó tirar al río a todos los varones hebreos [Ex 1:22]; así que Amran el esposo de Jocabed, decidió divorciarse de ella para evitar que quedará embarazada y mataran al recién nacido si fuese varón. Entonces Myriam, su hija, lo acusó de ser peor que el faraón “El faraón mata los niños, pero tú has decidido matar a los niños y a las niñas al evitar siquiera que nazcan”; así que Amran reconsideró su decisión y volvió a casarse con Jocabed, su esposa [Ex 2:1]. Najmanides explica que este suceso fue señalado por la Torá con la palabra וילך vayelek (S.1980 andar, ir, venir, caminar) pues presenta un acto realizado por alguien con una iniciativa especial, que en el caso de Amram fue demostrar públicamente que no estaba preocupado por el decreto del Faraón, por lo que se casó precisamente para engendrar hijos (Tur HaAroch).

De este matrimonio resulto un milagro triple: primero, Jocabed logro concebir en su vejez ya que la Torá indica que era hija directa de Levi y no solo su descendiente [Ex 2:1], por lo que debía tener más de 100 años cuando quedo embarazada (Tur HaAroch). Segundo, Moshé sobrevivió a un nacimiento antes de tiempo: Rashi explica que Moshé debió nacer antes de los 7 meses de gestación, pues si su madre solo pudo ocultarlo 3 meses más [Ex 2:3] era porque ese era el tiempo máximo que podía aparentar que seguía embarazada, antes de que los soldados egipcios le preguntarán el sexo del recién nacido, así que Moshé fue lo que llamamos “un bebé prematuro”, teniendo en cuenta que actualmente la mitad de los niños que nacen antes de las 7 meses mueren (OMS 2018), el hecho de que Moshé haya sobrevivido sin incubadoras, unidades de cuidado intensivo ni medicamentos muestran la mano del Eterno sobre su vida.

Tercero, Hashem no solo guardó la vida de Moshé mediante Bathia – la hija del faraón –  que lo adoptó, sino que le permitió a Jocabed amamantar y criar a su hijo [Ex 2:5-10] hasta los 2 años (Sefer HaYashar, Shemot 24), lo cual no es casualidad, pues precisamente en esos primeros 2 años de vida se forma el 90% del cerebro y el niño no solo aprende a ser independiente, caminar y comer, sino que consolida el lenguaje, las relaciones y las bases de la personalidad. Razón por la cual, es maravilloso ver como Hashem permitió que esta etapa en la vida de Moshé fuera protegida y dirigida por Jocabed, su madre, quien además seguramente también le enseño las bases de la Torá y del amor al Eterno.

Al igual que Moshé, el nacimiento de un hijo debe considerarse un milagro para sus padres. De hecho, el porcentaje de fracaso de los métodos anticonceptivos son la más clara demostración de que es Di-s quien decide sobre los nacimientos y no el pomeroy, la vasectomía, el preservativo, ni las píldoras anticonceptivas. Es más, poner la semilla fuera de la mujer – sea cual sea el método que lo haga – es una clara transgresión a la Torá, y este fue el hecho que causo que Hashem les quitara la vida a Er y Onan, hijos de Juda,  [Gn 38:9-10] (Sefer HaYashar, Vayeshev 22).

Entonces… ¿Se trata de tener hijos como locos? ¡Claro que no!  El punto es alinear nuestras decisiones a la voluntad del Eterno y entender cuántos hijos quiere Él darnos y en qué momento los quiere enviar. La preocupación actual de muchos matrimonios, más allá de la crianza o el tiempo para los hijos, radica en cómo mantenerlos: el dinero para el vestido, la universidad, la alimentación… Aquí también el Eterno nos sorprende, pues la provisión de una familia está en función de sustentar a sus hijos, pues tal como enseña la torá, en tiempos de hambruna Yosef “les daba pan a cada uno según el número de sus hijos” [Gn 47:12].

Pero hay un nacimiento más sorprendente aún: el de Yeshúa nuestro Mesías, quien comparte con Moshé muchos hechos comunes: una concepción sobrenatural – Yeshúa nació de una virgen que quedo en cinta mediante el Ruaj (espíritu) de Elohim [Lc 1:30-31] -; el hecho que Di-s evitará que murieran siendo niños – Moshé a manos de Faraón y Yeshúa por orden de Herodes [Mt 2:16] – y sus primeros años de vida en Egipto [Mt 2:13-15]. Pero el hecho más importante que comparten es que ambos fueron escogidos como salvadores: Moshé para liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto [Ex 3:10] y Yeshúa para liberarnos del poder del pecado y darnos la salvación y la vida Eterna [Lc 19:10].

¡Shavua tov!

 


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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

Entre el amor y la muerte

Por: Natalia Lara

 

¿Por qué la torá escoge la muerte de Sara y Abraham como telón de fondo para la historia de amor de Isaac y Ribka? ¿Y que tiene esto que ver con el Mashiaj?

 

La parashá de esta semana Jayei Sara – las vidas de Sara [Gn 23:1-25:18] bien podría llamarse “Un matrimonio y 2 entierros”, pues narra el casamiento entre Isaac y Ribka, pero la coloca justo en medio de la muerte de los padres de Isaac: Sara [Gn 23:1-19] y Abraham [Gn 25:7-10] ¿Por qué la torá escoge la muerte como telón de fondo para una historia de amor?¿No es un escenario demasiado lúgubre y poco romántico para una boda?

Probablemente, es por el sentido especial de la muerte para Hashem, pues no es el fin de la vida, sino tan solo un paso obligado para todos los seres humanos hacia el destino final: el Olam HaBá -mundo venidero- [Ecl 7:2]. Di-s nos dio un cuerpo que muere, pero también un espíritu que no perece: “Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Di-s, que es quien lo dio” [Ecl 12:7]. Para recordarnolo, el Eterno puso el concepto de la eternidad en el corazón de los seres humanos [Ecle 3:11]. ¿Qué evidencia hay en la torá de la vida después de la muerte? Por un lado, se narra que Enoj no murió, sino que fue tomado por Di-s [Gn 5:24] y de no existir el mundo venidero ¿A dónde fue llevado entonces? Por otro lado, Maimonides explica que la pena de כָּרַת –karet (S. 3742) que se aplica a las aberraciones sexuales [Lv 18:29], se refiere a la destrucción del alma: הַנְּפָשׁ֥וֹת הָעֹשֹׂ֖ת ,

por lo que es una evidencia de la vida después de la muerte, pues si la destrucción del alma es un castigo, no destruirla es una recompensa de la que se disfruta no en este mundo sino en el mundo venidero (1). Es más, la resurrección es una creencia fundamental del judaísmo, así como lo expresan “Los 13 principios de fe” de Maimonides: “Creo con fe completa que vendrá la resurrección de los muertos cuando el Creador así lo desee”.

La muerte no solo es importante por ser el paso obligado para partir de este mundo, sino por el cuidado especial para los vivos que se quedan. Cuando alguien fallece se guarda un periodo especial de luto de 7 días conocido como שֶׁ֫בַע Shiva (S.7651), que se narra desde la época de Iosef, quien ordeno guardar 7 días de duelo por la muerte de su padre Iaacob [Gn 50:10]. Incluso, el talmud (Talmud moed katan 20 a) refiere que los 7 días que pasaron entre el anuncio del diluvio dado por Hashem y el inicio del mismo [Gn 7:4] se dieron por el periodo de duelo que debía guardar Noaj por la muerte de su abuelo Matushelaj. (2) Durante la Shiva se busca que los familiares puedan expresar su dolor, liberar la tensión causada por la perdida y aceptar el consuelo de los que le rodean. Es una mitzva -mandamiento- consolar a los dolientes, pues, así como Di-s consuela a los afligidos, así mismo estamos nosotros en la obligación de hacerlo [2 Cor 1:4]. Este es un periodo exclusivo para vivir el luto, por lo que los dolientes deben olvidar toda ocupación y son sus familiares y amigos quienes deben ocuparse incluso de las tareas cotidianas del hogar, y en vez de preguntar ¿Qué hay por hacer?, la mejor actitud es hacer algo por los dolientes y luego preguntar ¿Qué más puedo hacer? (3).

Pero no solo se cuidan los vivos, sino que existen mandamientos sobre el muerto, como el enterrar el cadáver el mismo día que fallece [Dt 21:23] y la obligación de guardarle luto [Lv 21:3]. Se debe reconocer que el cuerpo es un regalo de parte del eterno [1 Cor 6:19], un préstamo temporal para habitar en este mundo, por lo que es nuestra obligación entregarlo en el mejor estado posible y devolverlo integro, por lo que prácticas como la cremación están prohibidas pues Hashem ha dicho: “Regresarás al polvo de la tierra, porque del polvo de la tierra has venido” [Gn 3:19].

La importancia de la muerte se resalta en el libro de Kohelet – eclesiastes-: “…Vale más el día en que se muere que el día en que se nace. Vale más ir a un funeral que a un festival. Pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran tenerlo presente… El sabio tiene presente la muerte; el necio solo piensa en la diversión. Vale más el fin de algo que su principio” [Ecle 7:1-2,4,8].La muerte le da sentido a la vida, nos hace ser conscientes de cuan efímeros somos, valorar el tiempo actual que tenemos y aprovecharlo de la mejor manera para la gloria del Eterno, tal como le pedía Moshe “Enséñanos (Di-s) a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” [Sal 90:12].

Del mismo modo que la muerte de Sara y Abraham enmarcaron la boda de Isaac, la muerte de Yeshua es el marco que permite la teshuva -retorno- de Israel para su casamiento con el Eterno y la posibilidad para que nosotros podamos acercarnos a Di-s.‬‬ Es esta muerte en particular la que le da un sentido especial a nuestra vida. Ya los escritos de Daniel [Dn 9:25] y Zacarias [Zc 13:7] hablan de que el Mashiaj -Mesías- tendría que morir, pero ¿Para qué? La torá enseña que es la sangre, por razón de la vida, la que hace expiación de pecado [Lv 17:11-14] ya que sin derramamiento de sangre no hay perdón ni purificación [Hb 9:22]; por lo que era necesario que Yeshua muriera para que su sangre derramada hiciese expiación por nosotros [Hb 9:26] ; pues si la sangre de los animales sacrificados en el tabernáculo lograba la expiación de pecados [Lv 8:15, 16:11-19], la sangre de Yeshua derramada no solo hace expiación por nosotros, sino que nos purifica y transforma [Hb 9:14]. Yeshua es el sacrificio perfecto, ya que al no haber transgredido la ley [2 Cor 5:21] pudo cargar con nuestras iniquidades y transgresiones [Is 53:4, 6,12] restaurando nuestra relación con Hashem.

Nuestro reto ahora es morir a nuestro yo, nuestros deseos e inclinaciones para permitir que su vida se manifieste en nosotros, tal como dijo Yeshua: “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” [Lc 9:23-24]

¡Shavua tov!

REFERENCIAS:

  1. Oppenheimer D. Olam haze, olam haba. En:https://www.delacole.com/cgi-perl/medios/vernota.cgi?medio=lavozjudia…
  2. Shurpin Y. ¿Por qué la shiva dura siete días?. En:https://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/2977658/jewish/Por-qu-la-shiva-dura-siete-das.htm
  3. Markma A.. 15 Lecciones del proceso de Shivá. En: http://www.aishlatino.com/judaismo/ciclo-de-vida/muerte-y-duelo/15-Lecciones-de-Shiva.html***

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    Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

     

     

 

 

Ellos callan lo que ellas dicen

Por Natalia Lara

“Porque cuando Di-s creo la mujer no solo quiso que fuera diferente al varón, sino que se encargó de que fuera su parte contraria”

Cuando Di-s creó a la mujer, él tenía en mente que toda ella sería diferente del varón. Incluso más allá de diferente, el Eterno la definió como su ezer kenegdo [Gn 2:20], es decir עֵ֫זֶר (ezer, Strong H5828) que traduce ayuda y נֶ֫גֶד  (neged Strong H5048) significa contraria: literalmente no somos solo diferentes ¡sino que somos opuestos!

Y es que las diferencias entre hombres y mujeres van mucho más allá de lo evidente: los rasgos faciales, el tono de voz y la distribución de la grasa y los músculos. Ya desde la concepción existe un pequeño detalle al nivel más íntimo de la célula, el material genético divide nuestra especie en un grupo XY -de donde saldrán los hombres- y un grupo XX -de aquí vendrán las mujeres; esto porque el cromosoma que nos hace diferentes es el Y, el cual contiene el gen SRY que será el responsable de que se produzca la proteína SRY que va a impedir la formación de ovarios – exclusivos de las mujeres – y va a estimular la producción de testículos, lo cual será determinante en el sexo de los órganos reproductivos y por tanto definirá si el individuo es macho o hembra.

Esas diferencias que inician en los órganos sexuales se extienden a través del cuerpo, con patrones diferenciales de alimentación (mayor cantidad y requerimientos para los hombres), cambios en la distribución y acumulación de la grasa corporal y una pelvis más ancha para ellas y un fémur más largo para ellos. Incluso a nivel de los procesos de salud y enfermedad, existe una percepción mayor del dolor en los varones, pero es más frecuente el dolor en las mujeres, hay diferencias en el comportamiento de los medicamentos en el cuerpo, mayor cantidad de accidentes cerebro vasculares en mujeres y de ataques cardíacos en hombres y una mayor longevidad y menor mortalidad en las mujeres.

Y este proceso va aún más allá a nivel cerebral, en donde – por lo menos biológicamente hablando – se asientan las emociones y los pensamientos. Existe evidencia de un mayor tamaño cerebral y cantidad de neuronas en hombres, pero mayor cantidad de interconexiones en mujeres las cuales funcionan más rápido (Afifi, 2006). Asimetría entre el hemisferio derecho e izquierdo en hombres pero no en mujeres, lo que permite un proceso paso a paso en ellos versus un pensamiento multinivel en ellas (Gil-Verona J y cols, 2003). Mejores procesos viso-espaciales en hombres (Gil-Verona J y cols, 2003). También hay una mayor cantidad de neuronas en espejo en las mujeres, por lo que ellas reconocen mejor el lenguaje corporal negativo o neutro, mientras que los hombres reconocen mejor el lenguaje alegre o positivo (Christov-Moore L, 2014). De tal modo que pareciese predominar en el cerebro femenino el lado empatizante y afectuoso, mientras que el cerebro masculino es más sistematizante, menos emocional y más cognitivo. (Christov-Moore L, 2014).

Los hombres concentran información, las mujeres la comparten. Ellos se fijan más en el objetivos, en la meta; mientras ellas identifican fácilmente las relaciones entre los diferentes elementos del sistema. Mientras los caballeros identifican fácilmente el blanco que las mujeres (por eso son mejores conduciendo), las damas logran ver los puntos laterales que podrían ser ciegos para ellos.

Y no se trata de una guerra de sexos. Ni de decir que ellos son de Marte y ellas de Venus. Solo se trata de reconocer las maravillosas diferencias que hizo el creador cuando decidió: “Hombre y mujer los creó” [Gn 1:27] ¿El porqué de estas diferencias? La palabra nos enseña que “Di-s le da el cuerpo que quiso darle, y a cada clase de semilla le da un cuerpo propio” [1 Co 15:38]. Y una de las razones de estas diferencias tiene que ver con los propósitos a los cuales están llamados hombres y mujeres, pues cada uno tiene tareas y retos diferentes.

La mejor muestra de ellos es el lenguaje, biológicamente se ha demostrado que existen mejores procesos comunicativos en mujeres, pero procesos más especializados en hombres (Parra-Gamez L, 2009). De hecho, la palabra אדם (Adam, Strong H120) que se usa para describir la creación del hombre está emparentada con אדמה (Adamá, Strong 127) que significa tierra, la cual se relaciona con el silencio; mientras que חַוָּה (Java, Strong 2332) como se llamó la primera mujer [Gn 3:20] se relaciona con el verbo חָוָה (Javah) que significa declarar. En parte por eso, uno de los retos de los hombres es aprender a hablar mientras que el desafío para las mujeres es aprender a callar.

El hombre es dador mientras la mujer es receptora, tal como esta escrito “Y Adam conoció a su esposa” [Gn 4:1], fue él quien tomo el rol activo y no ella. Y no solo porque sea el hombre quien da la semilla y la mujer sea quien la incuba; sino porque en general los hombres son generadores de ideas, mientras que las mujeres funcionan más como incubadoras de esas ideas. Es por eso que la parnasa (provisión) fue una tarea asignada por el Eterno al varón [Gn 3:19] y es el trabajo el que lo dignifica, mientras que a la mujer se le asigno la tarea de parir los hijos [Gn 3:16] y ella se redime cuando es madre [1 Tim 2:15].

El reto para el hombre no solo se trata de llevar provisión a casa, sino que está llamado a ser sacerdote de su casa, y como tal tiene las mismas responsabilidades que tenían los cohanim mientras existió el tabernáculo y luego el templo: buscar la revelación de la voluntad divina [Dt 33:8], encargarse de la enseñanza de la torá [Dt 33:9-10], impartir justicia [Dt 21:1-9; Núm 5:11-13], llevar sacrificios y ofrendas [Lv 1-7, Dt 33:10], distinguir entre lo puro y lo impuro [Lv 13-14], custodiar el santuario [Nm 8:26, 2 Re 23:9] y ser los encargados de impartir bendición [Nm 6:22-27].

Y para la mujer el reto va más allá de solo “criar hijos”, ella debe serle a su esposo fuente de valor [Pv 31:10, 23], de confianza [Pv 31:11, 21] y de bien [Pv 31:12]. Las mujeres de las que habla la palabra del Eterno, tanto en el Tanaj como en la Brit hadasha (pacto renovado) no son princesas de cuentos de hadas, sino son mujeres esforzadas no solo en los quehaceres de su casa [Pv 31:15], sino que – sin perder su familia como prioridad – estudian torá [Pv 31:17, 26], trabajan [Pv 31: 13, 16-19, 24] e incluso hacen obra social [Pv 31: 12]. De hecho, la palabra que las describe en proverbios y que cada semana el esposo le recita a su esposa en la apertura de Shabat [Pv 31:10] es חָ֫יִל (Jayil, Strong 2428) que significa ejército, riquezas, valientes, fuerza, virtud y es la misma que se usa para describir a los valientes de entre el pueblo en el Tanaj.

Más maravilloso es que con todas esas diferencias, el Eterno haya tomado una genial decisión: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne” [Gn 2:24] ¿Por qué habla de ser una sola carne? ¿No era suficiente ser un solo espíritu o una sola alma? Es porque en la carne están las necesidades físicas básicas (comer, dormir, reproducirse) pero también están las necesidades más complejas: reconocimiento, significancia, respeto, aprecio, comprensión, seguridad, etc.  Y es ahí cuando podemos morir a nuestras necesidades para darle al otro lo que necesita, es decir dejar de dormir para que el otro duerma, dejar de comer para que el otro coma; pero también dejar de pedir el ser reconocidos, respetados y apreciados para concentrarnos en que el otro sea reconocido, respetado y apreciado, es allí cuando realmente somos una carne y que podremos llegar a ese grado de unidad que pedía Yeshúa: “Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno:  yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí” [Jn 17:22-23]. Porque la unidad en casa y en nuestra familia, es el primer testimonio que estamos obligados a dar como creyentes.

¡Shavua tov!

Referencias

  1. Jaim Kramer, Abraham Sutton, Rebe NajmánBeilinson de Breslov. Anatomía del alma.
  2. Manis Friedman. Es que ya nadie se ruboriza. Ed Ner. 2010

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

Cantando ando, para no andar olvidando

Por: Natalia Lara

 ¿Por qué escogió Moshé una canción para que fuera su último discurso al pueblo
de Israel?

 

El ser humano está diseñado para ser musical. Todo en su funcionamiento sigue un ritmo: el latido cardíaco, los movimientos intestinales, la respiración y la secreción de hormonas. Incluso, dentro del mismo cuerpo existen “directores de orquesta” -como el tálamo y las hormonas tiroideas. No es entonces extraño que, en la vida dentro del útero, los primeros estímulos que se perciben son los sonoros, a través de vibraciones transmitidas por el líquido amniótico, y aunque el embrión no puede estrictamente escucharlas, sí logra percibirlas a través de la piel. Entre la semana 16 y 20, el feto escucha claramente los sonidos del cuerpo de su mamá: latidos cardíacos, ruidos respiratorios y sonidos intestinales; los cuales literalmente se vuelven “música para sus oídos” (1).

Pero no solo somos musicales por dentro, sino también de adentro hacia afuera. La capacidad para percibir el ritmo es una característica exclusivamente humana, y también innata en nuestra especie; ya desde el nacimiento los bebes son capaces de detectar el ritmo regular de un sonido, aprendizaje que viene entrenado desde el latido rítmico del corazón de la madre.  El hecho de “movernos al ritmo de la música” es tan fuerte, que el cerebro reconoce patrones musicales incluso sin que se éste prestando atención a una canción y solo se trate de música de fondo (2).

Lo que conocemos como “música” es el resultado de la interpretación que hace nuestro cerebro, de los cambios en la presión atmosférica producidas por un cuerpo en movimiento, ya sean las cuerdas de un instrumento, la vibración de un tambor o el paso del aire por una trompeta o por las cuerdas vocales. Estos cambios de presión se conocen como ondas acústicas y transportan energía con ciertas amplitudes, ritmos y frecuencias de variación que nuestro sistema auditivo detecta a través del tímpano, el cual replica esas características y se las comunica mediante impulsos eléctricos al cerebro donde finalmente serán interpretados como música (1). Algunas de estas características del sonido como el ritmo o la melodía parecen estar más fuertemente relacionadas con el movimiento corporal (2).

En este contexto no es de extrañar que Moshé, escogiera justamente una canción para dar su discurso final al pueblo de Israel, en el último día de su vida. Ese discurso se expone en la parashá de ésta semana הַאֲזִינוּ‬ Haazinu [Oigan, Dt 32:1-32:52] El versículo justamente anterior al inicio de ésta parashá dice que “Entonces habló Moisés en oídos de toda la congregación de Israel las palabras de esta canción hasta acabarla” [Dt 31:30]La palabra para canción en este versículo es שִׁיר shiyr (S. 7892: cántico, canción, música, canto).  Aparece 44 veces en los salmos, pero también está presente en momentos claves de la historia de Israel: el paso del mar rojo [Ex15:1] el pozo de agua que les regalo Hashem [Nm 21:17] la derrota de Sísara en tiempos de Débora [Jue 5:12] el traslado del arca a casa de Obed Edom en tiempos del Rey David [1 Cr 13:8] y luego a Jerusalén [1 Cr 15:16, 16:42], la dedicación del primer templo [2 Cr 5:13, 7:6]la restitución del reinado a Joás descendiente de David [2 Cr 23:13, 18], el reinicio del servicio en tiempos del Rey Ezequías [2 Cr 29:27, 28], la restauración del templo en tiempos del Rey Josías [2 Cr 34:12]y la dedicación de la muralla de Jerusalén reconstruida en tiempos de Nehemías [Ne 12:27, 36, 46].

El hacer música para Hashem, y su uso en la alabanza y la adoración nada tiene que ver con la habilidad para tocar un instrumento o el cantar afinado. De hecho, la experiencia o el talento no fueron determinantes cuando el Rey David asigno los cantores del tabernáculo: “Para asignarles sus turnos se echaron suertes, sin hacer distinción entre menores y mayores, ni entre maestros y discípulos” [1 Cr 25:8] Seguramente el Rey David, lo hizo así porque era consciente que cantar para el Eterno es un problema de la actitud del corazón, sin que esto signifique que no debe hacerse de la mejor manera y con destreza “Alégrense los justos, en Hashem; en los rectos bella es la alabanza… canten para él una canción nueva, toquen bonito con teruá” [Sl 33:1,3]

En esta canción en particular, el Eterno a través de Moshé busca recordarles eso a su pueblo, el problema de la actitud del corazón: Pone a los cielos y la tierra como testigos para comparar las cualidades y las bondades del Eterno a favor de Israel y la actitud perversa del pueblo en contra de él. Recuerda los atributos de Hashem, que Él es grande, perfecto, fiel, recto y justo; pero que además es su Padre, su Creador, el Di-s que les dio vida, su roca y su salvador. Los exhorta a recordar los tiempos antiguos: como Di-s escogió a Israel como pueblo, lo rescato de la esclavitud, lo cuidó, lo alimentó y lo guió por el desierto. Y por otro lado presenta la actitud del pueblo de Israel, al actuar de manera corrupta, torcida y perversa, pues no solo decide abandonar a Di-s sino que se extravía en idolatría.  

Como consecuencia de ello, advierte del rechazo del Eterno a su pueblo y de cómo Él traerá calamidades sobre ellos a consecuencia de su pecado, pero decide no destruirlos completamente pues el adversario podría atribuirse el triunfo. Así que promete defender a su pueblo cuando lo vea sin fuerzas, para recordarles que es Hashem y no otros dioses, quien les salva [Dt 32:1-43]

Este canto contiene también la promesa para los que antes no éramos pueblo de que por su misericordia seremos injertados en el olivo natural, pues dice “Me provocaron a celos con lo que no es Dios como yo, y me enojaron con sus ídolos inútiles. Pues yo haré que ustedes sientan envidia de los que no son pueblo; voy a irritarlos con una nación insensata” [Dt 32:21]

Al final Moshé les da la clave para evitar extraviarse: “Mediten bien en todo lo que les he declarado…y díganles a sus hijos que obedezcan fielmente todas las palabras de esta ley. Porque …de ellas depende su vida” [Dt 32:46-47]. Y está es la clave para un corazón que busca del Eterno, y que busca adorarlo “en espíritu y verdad” como nos enseña Yeshúa [Jn 4:24]: Meditar en la palabra del Eterno, alimentarse constantemente de ella, para que sea la torá purificando cada día nuestra vida: “Si se enojan no pequen, en la quietud del descanso nocturno examínense el corazón”. Todos estamos expuestos a fallar, pero lo que debe hacer la diferencia en nosotros como hijos del Eterno es la actitud del corazón ante nuestra falla y como por medio de Yeshua logramos hacer teshuva para lograr cantar un canto que sea agradable a Hashem: “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren” [Jn 4:23].

¡Shavua tov!

Dedicado a mi esposo, quien me enseñó el verdadero valor de cantar a Adonai.

 

Referencias

  1. Jordi A. Jauset. Percepción musical durante la etapa prenatal Salud Natural 26 febrero, 2015. En: http://jordijauset.es/wp-content/uploads/2015/02/Percepci%C3%B3n-musical-durante-la-etapa-prenatal-Revista-Natural.pdf
  2. Rolf Inge Godøy, Minho Song, Kristian Nymoen, Mari Romarheim Haugen, Alexander Refsum Jensenius. Exploring Sound-Motion Similarity in Musical Experience. Journal of New Music Research (2016). DOI: 10.1080/09298215.2016.1184689

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

Alegres como niños

Por Natalia Lara

¿Por qué Di-s se interesa tanto en nuestra felicidad? Y ¿Qué tiene esto que ver
con los hijos?

Di-s está tan interesado en nuestras oraciones como nuestra felicidad: “Estén siempre contentos. Oren en todo momento” [1 Tes 5:16-17]. Tan es así que en la parashá de esta semana, ואתחנן Va’etjanan [Dt 3:23-7:11: Y suplique], la expresión “para que seas feliz” se repite en ¡6 ocasiones!: [Dt 4:40, 5:16, 5:28, 5:29, 6:3, 6:18]. En todas ellas aparece la palabra יָטַב yatab (S. 3190), que en el hebreo corresponde a un verbo que significa hacer algo bien ya sea de manera literal (como el sonido o la belleza) o de forma figurada (hacerse feliz, exitoso, correcto), y tiene la particularidad de ser un verbo causativo, es decir que quien realiza la acción genera una consecuencia directa sobre sí mismo.

La visión de la felicidad que nos brinda la Torá, no se parecen en nada al concepto del mundo actual sobre este tema. Para Hashem, la felicidad no depende de compras, excesos y placeres; de cuanto ganas o cuanto gastas, de lo popular que eres, cuantos amigos tienes, ni cómo te sientes… sino que la Torá la resume en una frase que se repite a lo largo de esta parashá “cumple estos mandamientos para que seas feliz”. Sí: la felicidad es el resultado del cumplimiento de sus principios para poder vivir una vida en el lugar más seguro del mundo, el centro de su voluntad.

Pero no basta con cumplir por religiosidad o por apariencias. Es necesario hacerlo de corazón y servir al Eterno con alegría. De hecho, el no hacerlo, trae maldición sobre nuestra vida “Todas estas maldiciones caerán sobre ti. Te perseguirán y te alcanzarán hasta destruirte… pues no serviste al Señor tu Di-s con gozo y alegría cuando tenías de todo en abundancia” [Dt 28:45-47].  

Para Di-s es tan importante la felicidad que existe el precepto de alegrarse en las festividades [Dt 16:14]; entendiendo que la alegría al ser un fruto del espíritu [Gal 5:22], es decir que es el resultado de la presencia continua de su espíritu en nuestra vida y tiene su fuente en la cercanía de Di.s con su pueblo, la herencia espiritual que se nos ha dado y el significado profundo y la santidad de cada festividad. La alegría necesita tener una intención pura y un corazón perfecto, ser capaz de reconocer el bien que el Eterno ha hecho por nosotros, es por esto que alegrarse es una forma de darle gracias a Di-s abiertamente. (Talmud: Introducción al tratado de Beitza, pág 54).

Es fácil entender la alegría como una emoción o como un sentimiento pero no como una obligación; sin embargo, si solo por un momento reflexionamos cuán bueno ha sido Hashem con nosotros, no deberíamos hacer nada distinto a lo que hizo el rey David, quien ordeno a su alma que se alegrara en el Eterno: “Alaba alma mía a Adonai y alabe todo mi ser su santo nombre” [Sal 103:1] y nos recuerda solo alguno de los motivos por los que deberíamos alabarle y alegrarnos: Él perdona todos nuestros pecados, sana todas nuestro dolencias, rescata nuestra vida del sepulcro, nos cubre de amor y compasión, colma de bienes tu vida, nos rejuvenece como a las águilas, hace justicia, nos defiende, nos muestra el camino, es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor, no sostiene para siempre su querella ni guarda rencor eternamente, no nos trata conforme a nuestros pecados ni maldades pues conoce nuestra condición, echó lejos nuestras transgresiones y su amor es eterno [Sal 103:4-18].

De tal modo, que la felicidad no es una opción de vida, sino que es una consecuencia de cumplir sus mandamientos, un fruto de la relación con ÉL y una obligación para quienes reconocemos al Eterno como nuestro Di-s.  Pero hay algo más que nos enseña está parashá… y es la necesidad de los hijos en nuestra vida para que la alegría sea completa. Por un lado, en esta porción está la promesa explicita de que seremos padres, pues entre sus versículos se encuentra el shema [Dt 6:4-9], la proclamación de fe que afirma la creencia judía en un solo Di-s, del cual depende todo, afirmando que que nada existe fuera de él y no hay nada aparte de él. Pero también ordena que “(estas palabras del shema) las repetirás continuamente a tus hijos. Hablarás de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” [Dt 6:7]. Es decir, que para para cumplir este mandamiento necesariamente debe haber hijos a quienes se les pueda repetir el shema.

En ésta parashá también se dan varias instrucciones para educar correctamente a los hijos, desde casarlos bien para que no se desvíen hacia la idolatría [Dt 7: 3-4] hasta enseñarles a tener temor de Di-s [Dt 4: 5], no inclinarse a otros dioses [Dt 5: 9], guardar shabat [Dt 5: 14], tener un corazón dispuesto [Dt 5:29], honrar a los padres [Dt 5: 16] y a Hashem y cumplir sus mandamientos [Dt 6:1]. También se nos recalca en la importancia de enseñarles tener un corazón agradecido, lo cual se logra recordándoles todo lo que Hashem ha hecho por nosotros [Dt 4:4, 6:20-21]. Di-s por su parte promete que, si nos mantenemos en sus preceptos, no solo nosotros sino nuestros hijos, disfrutaremos de una larga vida [Dt 6:1-2], nos mostrará su amor por mil generaciones [Dt 5:10] y nos hará felices [Dt 5:29].

Tener hijos suena una locura en un mundo preocupado por la sobrepoblación, el costo de la vida, pero sobre todo por el “yo”, el individualismo y la autosatisfaccion. En un mundo interesado por los DINKs (siglas en inglés para doublé income no kids), es decir parejas con doble ingreso, pero sin niños, que prefieren invertir hasta ¾ partes de su sueldo en productos que no son de primera necesidad (ropa, calzado, viajes, restaurantes, espectáculos) a cambio de no tener hijos; todo esto orquestado por un mercado que entiende que mientras baja la cifra de nacimientos aumenta la de ventas. Incluso, hasta hay investigaciones que sostienen que las parejas sin hijos son más felices que aquellas que los tienen, o posturas que defienden el que las mujeres que se niegan a tener hijos como el reflejo de “una carrera profesional brillante y un conocimiento profundo de sus derechos”. 

¡Que visión más alejada de la Torá! Pues procrearnos, no solo es el primer mandamiento que ordena Hashem al hombre “fructifíquense y multiplíquense” [Gn 1:28], sino que los hijos son una muestra de la misericordia y el favor de Di-s [Ex 1:21]. Ellos representan la vida porque gracias a ellos el hombre se asegura continuidad y perpetuidad, hacen que la vida tenga una finalidad [Gn 48:4]. Los hijos son sustento, pues para ellos es que el Eterno envía provisión a una familia [Dt 7:13, Sal 37:25]. Los niños son alegría, pues cada movimiento, cada risa y cada sonido que emite proporcionan felicidad a un hogar [Sal 127:3]. Los hijos fortalecen el matrimonio, pues ellos no se pueden dividir y crean un lazo eterno entre la pareja [Sal 128:3]. Los hijos dan fuerza para superar las dificultades y apaciguar los conflictos. Los hijos son verdaderamente el éxito de los padres, porque mientras los padres son jóvenes es posible que sus ambiciones y objetivos les aporten suficiente satisfacción, pero cuando envejecen son los hijos quienes traen vitalidad a un hogar [Prov 17:6], una casa sin hijos es una casa sin vida y aquel que decide no tener hijos es considerado muerto.

Yeshua cumplió estos 2 principios: mantenía una “alegría perfecta” gracias a su relación con Hashem y su cumplimiento de mandamientos [Jn 15:10-11] y a la vez era motivo de alegría para su Padre celestial [Mt 17:5]. Y, si bien, no tuvo hijos físicos -porque no hacía parte de su propósito-, nos dio la oportunidad de ser hijos de Di-s, pues medio de él obtenemos conocimiento del Eterno [Mt 11:27] y la posibilidad de acercarnos a Di-s como padre: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” [Jn 1:12-13].

¡Shavua tov!
¹ Jacqui Gabb, Martina Klett-Davies, Janet Fink and Manuela Thoma. Enduring Love? Couple relationships in the 21st Century. The Open University November 2013.

² Juan Carlos Vargas, director científico de Profamilia. En “La opción de vivir sin hijos”. El tiempo. 5 octubre 2013.

³ Rab. Shalom Arush. Educación con amor. Israel, 2014: 13-14

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.