DE LA CREACIÓN Y LA ENTROPÍA

Por Daniel Ruyardi Restrepo

Siempre hemos escuchado hablar por parte de la Biblia decir que Di-s es un Di-s de orden, que tuvo un orden al crear el Universo, que tiene un orden en sus mandamientos, que tiene un orden en su servicio en el templo, etc. Sin embargo, muy pocos sabemos definir qué es el orden y qué es el desorden, tanto así que, lo que para unas personas se define como orden, para otras eso mismo es desorden. Pero, acaso ¿por qué Dios no creó simplemente las cosas en orden y ya? ¿en vez de tener que poner orden en su creación? ¿acaso el desorden es necesario?

En el universo existe una propiedad de la física que se llama entropía. Esta propiedad algunos lo definen como la cantidad de desorden en el universo: “Mientras haya un orden, también tiene que haber en el mismo sistema desorden”. Otros lo definen como la cantidad de microestados que puede haber en un sistema macroscópico. Aunque esto puede sonar muy confuso, utilicemos un ejemplo para aclararlo. Imaginémonos un tarro con bolitas iguales de dos colores diferentes, y que las revolvemos ¿cuál es la probabilidad de que las bolitas de un color queden arriba y otras abajo? Es muy baja si comparamos las posibilidades de que las bolitas queden en diferentes posiciones. También podemos mirarlo desde una manera más práctica, imaginemos que estamos en un cuarto cerrado donde hay aire y que todos los átomos de oxígeno se decidieran ordenar de tal manera que se acumulan en un lado del cuarto. Si esto sucede, simplemente moriríamos, porque no habría nada de oxígeno en el aire que respiramos en nuestro lado del cuarto.  Esto sólo señala que el desorden no es más que una de las muchas formas de orden que puede existir.

Junto con la entropía vienen otros conceptos como el gasto energético, es decir, cuánta energía tuvo que gastar el sistema para poder estar de esa manera (en orden). Un análisis de este tipo nos muestra que, el orden es un gasto energético muy alto por lo que nosotros no deberíamos existir, si no es porque el Altísimo así lo quiso. Dice la biblia que el Espíritu de Elohim rondaba por una tierra desordenada y vacía [Gn. 1:2]. Si por un momento pensamos que la tierra somos cada uno de nosotros, entendemos que Di-s nos usa para exaltar su gran nombre en la tierra y que todo el mundo lo reconozca. Tenemos ese deber de compartir la luz del Mesías en medio de las tinieblas y comenzar a impartir orden en la tierra, somos parte de un gran plan donde esa luz que es el Mesías dará vida a toda la humanidad.

Di-s pudo haber hecho todo en orden pero, ¿cómo exaltaría la tierra su grandeza si todo ya fuese perfecto? El hecho de que vivamos ya es un milagro. Así como la creación de la tierra es un proceso de ordenamiento que comenzó con la luz y terminó dando vida eterna, así Di-s quiere comenzar en nuestras vidas, perfeccionándonos día a día hasta que dentro de nosotros emane la vida eterna que Yeshúa nos dio. Entonces, sí es necesario que haya desorden, ya que con él Dios se magnífica en nuestras vidas, en la tierra y en el universo, así nos lleva en un proceso de perfeccionamiento.

Referencias

[1] P.W. Atkins, J. De Paula, PHYSICAL CHEMISTRY, 8th Edition, O.U.P., 2006.

[2] Cruz, D., Chamizo, J. A. y Garritz, A., Estructura atómica. Un enfoque químico, Pearson Educación, México, 2002.

***

Ruyardi es miembro de la comunidad Yovel, siervo en la Alabanza y estudiante de Química de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.

Anuncios

Nitzavim (נִצָּבִ֤ים) – La química del azufre

Por Rocio Delvalle Quevedo y Daniel Ruyardi Restrepo

¿Química? ¿Óxidos, Ácidos, Sales? ¿Podría tener esto alguna relación con la parashá de esta semana? ¡Descúbrelo!…

A lo largo de los últimos años, en este espacio de estudio de la Torá, hemos ido descubriendo información interesante que desde la biología nos ayuda a profundizar en el entendimiento de lo escrito. En esta ocasión, la parashá [Deut. 29:10-30:20] de esta semana también da la oportunidad de sumergirnos en el mundo de la química. En Deuteronomio/Devarim 29:23 dice:

Toda ella [la tierra de Israel] será un desperdicio ardiente de sal y de azufre, donde nada podrá plantarse, nada germinará, y ni siquiera la hierba crecerá. Será como cuando el Señor destruyó con su furor las ciudades de Sodoma y Gomorra, Admá y Zeboyín” (Nueva versión internacional)

Desde la perspectiva de la química, dos palabras saltan a la vista en este versículo, el azufre y la sal. Revisemos algunos aspectos conceptuales que nos ayudarán a entender mejor la simbología de estos dos en el pasaje. En primer lugar, recordemos que desde la época escolar nos han explicado que existe una especie de “ladrillo” en la construcción del universo, con el cual se desarrolló todo lo que nos rodea. A este “ladrillo” se le dio el nombre de átomo. Demócrito, quien acuñó el término (átomo = indivisible), creía que no había nada más pequeño y que, por lo tanto, no podría dividirse (actualmente sabemos que dentro del átomo hay tres partículas más pequeñas que la conforman los cuales tiene por nombre electrón, protón y neutrón).Una de las cosas más importantes que dijo este griego (tanto que la química moderna se construyó sobre esta premisa), fue que la unión de varios átomos forma los compuestos y de una u otra forma todo lo que conocemos como materia (García, 2010).

A partir de esto, y del trabajo de científicos posteriores se pudieron asociar las características de determinados átomos a la denominación de elementos con propiedades particulares; éstos a su vez se ordenaron en lo que se conoce como la tabla periódica. A cada uno se le asignó una o dos letras como símbolo y se ubicaron en cierta posición por sus propiedades configuracionales. A la unión de uno o más átomos o elementos se les conoce como compuestos, de los cuales podemos encontrar muchos tipos en la naturaleza (Área ciencias, s.f.). Sin embargo, existen tres muy importantes, los óxidos (p. ej. Fe2O3, óxido férrico asociado a la corrosión y color rojizo de una placa de hierro), los ácidos (H3PO4, ácido fosfórico ingrediente de la Coca Cola) y las sales (p. ej. NaCl, cloruro de sodio la famosa sal de cocina. Esta es la más conocida, pero hay muchas más sales).

El azufre (con símbolo S) es un elemento (átomo con características particulares) que se encuentra en la tabla periódica con el número 16, este elemento es un no metal muy abundante en la corteza terrestre y se encuentra en la naturaleza de diferentes formas. Este elemento al formar compuestos puede convertirse en un óxido, en un ácido o en una sal (sulfuros y sulfosales) según las asociaciones que haga. Además de forma pura se puede encontrar en zonas cercanas a los volcanes (Agrológica, 2012; Sánchez, 2016).

De esta manera, el azufre es un elemento muy versátil en su unión con otros elementos, y los resultados pueden llegar a ser bastante contrastantes según el caso. Por ejemplo, es bien sabido que, en la botánica y la agronomía, el azufre es un elemento muy necesario para fertilizar la tierra cuando está en forma de sulfato (SO4), es decir, como una sal (p. ej. Sufalto de Hierro – Fe2SO4). Si el suelo no tiene azufre en esta forma de sulfato, las plantas pierden su intenso color verde en las hojas, debido a que la clorofila se va debilitando y causa muchos problemas en el proceso de fotosíntesis de la planta (Agrológica, 2012; Sánchez, 2016). Es decir, cuando el azufre está presente en el suelo en forma de sal, lo fertiliza y beneficia a las plantas que sobre éste crecen.

Por el contrario, cuando el azufre tiene un tipo de asociación diferente, y el dióxido de azufre (SO2) o trióxido de azufre (SO32-) se combinan con la humedad del aire y llegan a la atmósfera rápidamente se convierten en ácido sulfúrico (H2SO4) y se precipita en forma de lluvia ácida. Quizá a eso se refería la lluvia de azufre que cayó sobre Sodoma y Gomorra, que también se recuerda en el verso al cual hicimos referencia al principio. Cuando el azufre cae sobre el suelo en esta “presentación” causa el efecto totalmente contrario al referido en el párrafo anterior, genera grandes devastaciones en el suelo, causa estrés en las plantas, las vuelve más vulnerable a las plagas y así también afecta negativamente a los ríos y a los lagos (Cumbre Pueblos, 2017; Sostenibilidad para todos, s.f.).

Y es en este punto donde cabe resaltar la tremenda conexión entre estas situaciones tan opuestas sobre el mismo elemento de la naturaleza con el mensaje que contiene el texto de la parashá que nos ocupa. Si nos damos cuenta en la parashá Nitzavim se nos presentan dos resultados opuestos, la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Pero ambos están balanceados sobre el mismo elemento, la Torá, la instrucción. La Torá es la misma y está cerca de nuestra boca y de nuestro corazón, pero lo que hace la diferencia es la actitud que asumimos frente a ella, si nos convertimos en sal o en ácido. Si decidimos someternos a ella y obedecerla viene vida, no solo para nosotros sino para el contexto que nos circunda. Pero si, como dice la parashá, persistimos en hacer lo que nos plazca, viene muerte para nosotros y para que nos rodea incluyendo el suelo que nos alimenta.

Más tremendo aún es que en el texto de la Brit hadashá (Nuevo Testamento) que ha sido seleccionado en relación a esta parashá [Romanos 9:30 – 10:13], hay un figura del Mesías que está exactamente en el mismo sentir. Dice en [Romanos 9:32b-33] dice:

Por eso tropezaron con la «piedra de tropiezo», como está escrito: «Miren que pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca que hace caer; pero el que confíe en él no será defraudado” (Nueva Versión Internacional)

¡¡¡El mesías es uno solo, es Yeshúa!!! Pero para algunos puede ser piedra de tropiezo, que al caer despedaza y hace polvo [Mateo 21:44]; mientras que para otros es piedra preciosa [1 Pedro 2:4-8], el fundamento firme sobre el cual se construye una casa que no se derrumba. Depende de nosotros en que se convierte. Y así como, en caso del azufre, una u otra consecuencia se daba según con el elemento con el cual se asociaba; de la misma manera revisemos nosotros de quienes nos rodeamos, ¿de los que nos invitan al pecado, a seguir haciendo lo que nos plazca, a seguir a falsos ídolos, a negar a Yeshúa? O de los que nos animan a vivir la Torá, a someternos a su instrucción y a proclamar a Yeshúa como el único Mesías, Rey y Señor de nuestras vidas. Recordemos que fuimos llamados a ser sal de la tierra y no ácido.

Shavua Tov!

Referencias

Agrologica (2012). Corrección de un suelo alcalino (pH básico). Recuperado de: http://blog.agrologica.es/correcion-de-un-suelo-alcalino-ph-basico/

Área ciencias. ¿Qué son Los Compuestos Químicos? Recuperado de: http://www.areaciencias.com/compuestos-quimicos.htm

Cumbre Pueblos (2017). Lluvia ácida: Qué es, explicación, causas y consecuencias. Recuperado de: https://cumbrepuebloscop20.org/medio-ambiente/lluvia-acida/

García, M. (2010). El átomo según Leucipo, Demócrito y Epicuro. Recuperado de: https://recuerdosdepandora.com/filosofia/el-atomo-segun-leucipo-democrito-y-euclides/

Sánchez, M. (2016). Cómo recuperar un suelo erosionado. Recuperado de: https://www.jardineriaon.com/recuperar-suelo-erosionado.html

Sostenibilidad para todos. ¿Qué es la lluvia ácida? Recuperado de: https://www.sostenibilidad.com/cambio-climatico/que-es-la-lluvia-acida/

***

Rochi-6_WEBSoy Bióloga con maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia. Creyente en el Mesías Yeshúa desde la cuna, miembro activo de la Comunidad Mesiánica Yovel y felizmente casada. El estudio de la Creación del Altísimo ha sido mi pasión, y me deleito en ampliar mi comprensión del texto bíblico desde el conocimiento de las Ciencias Ambientales.

 

 

*Invitado: Daniel Ruyardi Restrepo, miembro activo de la Comunidad Yovel y estudiante de química de la Universidad Nacional.