Remanente que se duerme, se lo come la langosta

Por Rocío Delvalle Quevedo

“¿Podrías creer que la plaga de langostas tiene alguna relación con el remanente de Israel?”

En la parashat (porción) Bo, de esta semana, se completa el relato precedente (desde la anterior parashat Vaera) de los 10 golpes (“plagas”) que el Altísimo asestó contra la tierra de Mitzraim (Egipto). La parashá inicia con el octavo golpe, la plaga de langostas, ארבה-Arvé.

Cómo quizá ya lo he dicho en ocasiones anteriores, la plaga de langostas es el ejemplo clásico de una plaga como concepto aún en la ecología y la agronomía. Se han realizado muchos estudios en torno a la formación de los enjambres, los cambios fisiológicos y comportamentales que sufren los individuos al pasar de estado solitario a estado gregario, la relación entre las condiciones climáticas, de temperatura, vientos y humedad, con dicha transformación, así como las estrategias para tratar de controlar las devastaciones que sufren muchos países aún en la época presente (Eltiempo, 2014; Buj, 2008).

Es un tema con mucha tela para cortar, pero particularmente en esta ocasión, sentí en oración, profundizar en un tema un poco menos explícito en el relato de esta plaga, pero en el cual he encontrado mucha riqueza. Por decirlo de alguna manera, la plaga de langostas se convierte en una bisagra, entre el golpe anterior, el granizo, y el golpe inmediatamente siguiente, la oscuridad. Si nos damos cuenta, durante el relato de la plaga de langostas, menciona en tres ocasiones [Éxodo 10:5, 12 y 15] la palabra ברד-barad, refiriéndose al granizo que había caído previamente. Pero también utiliza el término חשך-joshej, quizá anunciando el siguiente golpe que vendría sobre Egipto, la oscuridad.

Pero fue precisamente al revisar la referencia al granizo, que vi algo nuevo. Dice la Escritura, que las langostas se comerían lo que hubiera quedado después de que el granizo “golpeó cada hierba en el campo y quebró cada árbol en el campo…” [Exodo 9:31], porque “el lino y la cebada fueron golpeados… pero el trigo y el centeno no fueron golpeados porque eran tardíos” [Exodo 9:32], es decir, aún no habían crecido. El granizo no había acabado con todo, pero de lo poco que había quedado, llegaría la langosta a alimentarse y a arrasar. Una de las palabras que se usan en los versos 5 y 12 del capítulo 10, para referirse a lo que “había dejado” el granizo es Shaar (שאר), verbo del cual derivan palabras como Sheerit (שארית), remanente. Lo que vendría a comerse la langosta en Mirzraim, sería el remanente de la vegetación.

Dicha palabra Shaar, la H7604 del Strong, en términos botánicos podría asemejarse a lo que conocemos como retoño. Inicialmente, no estaba muy segura, puesto que entre los significados que el Strong nos da para esta palabra, no se encontraba el equivalente para retoño. Sin embargo, encontré un verso en el Tanaj (Antiguo Testamento) que me dio la pauta para mantener mi sugerencia. En Isaías 37:31, se usa el verbo Shaar y dice:

“Una vez más los sobrevivientes de la tribu de Judá echarán raíces abajo, y arriba darán fruto.”

Esa es una descripción sencilla y concreta de lo que es un retoño. Como ya también lo he dicho en otros artículos, las plantas tienen una flexibilidad en su desarrollo y crecimiento, mayor a la de los animales y humanos, lo cual le permite conservar células en sus diferentes órganos que se pueden “especializar” en cualquier función, lo cual permite que en muchas especies, con una ramita (esqueje) o retoño, podamos sembrarla y con las condiciones adecuadas de humedad, temperatura, etc., eche raíces, comience a crecer producir hojas, flores y llegar a dar fruto, como dice en el verso.

Podían haberse averiado los árboles, caído los frutos y dañados los cultivos que estaban a punto de ser cosechados y aún muerto los animales (en los golpes anteriores) necesarios para la manutención de los egipcios, pero antes de la llegada de la langosta, se podía conservar la esperanza que el trigo y el centeno crecieran, y que aún de los árboles caídos se pudieran sembrar y recuperar retoños. Pero al llegar la langosta esa esperanza se esfumó, porque el granizo golpeó (נכה-Naká) pero la langosta devoró (אכל-Ajal). “Las langostas ocasionan daños royendo las hojas, las flores, los frutos, las simientes, las cortezas o los brotes de las plantas” (Buj, 2008).

Pero saben, aún hay más, la palabra sheerit (Strong H7611) que tiene su origen en Shaar, en una de sus acepciones se refiere a descendencia. Y cuando revisamos el texto de la plaga de langostas, es precisamente, en esta octava plaga, donde Moshé tiene que luchar con el Faraón para que pudieran salir todos. Es en este texto donde Moshé intercede para que sus hijos e hijas salieran junto a los adultos, es el momento de luchar por la unidad de la familia [Éxodo 10:9]. Mientras los egipcios estaban al borde del abismo, ad portas que la langosta llegara a devorar incluso el remanente, su esperanza de recuperar su agricultura; los israelitas luchaban defendiendo y protegiendo a sus retoños. Es solo en esta plaga, que el ETERNO dice a Moshé: “Lo hice para que puedas contarles a tus hijos y a tus nietos la dureza con que traté a los egipcios, y las señales que realicé entre ellos. Así sabrán que yo soy el Señor” [Éxodo 10:2]. El ETERNO estaba conservando el remanente de su pueblo en Goshen, y a los retoños con todo el potencial para llegar a formar la nación de Israel, el pueblo libre que el Altísimo escogió.

Comunidad, ser remanente no es solo ser un grupo pequeño e “indefenso”, todo lo contrario, el remanente es un retoño cuando tiene toda la potencialidad de echar raíces, nutrirse, fortalecerse y afirmarse, para crecer, brotar hojas, comenzar a fortalecer las ramas, florecer y llegar a dar fruto. Un fruto que alimenta a muchos y dinamiza los procesos en el medio que se encuentra. Un árbol fortalecido no solo da fruto para ser consumido y ya. Un árbol fortalecido da sombra al que está agobiado por el sol implacable, regula la caída del agua lluvia sobre la tierra, para que sea recibida suavemente y absorbida hacia lo profundo del suelo, reduciendo la escorrentía descontrolada que arrasa e inunda; brinda sus ramas fortalecida para ser nido y habitación a muchos. Pero lo más importante su fruto no solo alimenta, sino que da semilla. Esta semilla debe ser arrebatada del árbol por animales, debe ser desnudada, mientras el animal se alimenta del fruto, e incluso en algunos casos debe ser devorada por los animales, procesada en el estómago con sus jugos gástricos y llevada lejos del árbol en la que se formó, para después de todo esto estar lista para salir del animal, en un medio quizá no muy “agradable” (sí, las heces), pero es el momento en el que se puede enterrar en una nueva tierra, para ser una nueva generación y ser un nuevo individuo de la misma especie, para comenzar nuevamente el ciclo.

Para finalizar, los dejo con esta reflexión, en el verso 32 de Isaías 37, está la palabra que el ETERNO nos dio este año, para caminar sobre ella, Sheerit (Remanente). En el verso 31, está el verbo y la raíz de ésta palabra, Shaar, y su relación con la descripción de un retoño, y ¿saben que dice en el verso inmediatamente anterior?, el verso 30:

“Esta será la señal para ti, Ezequías: ”Este año comerán lo que crezca por sí solo, y el segundo año lo que de allí brote. Pero al tercer año sembrarán y cosecharán, plantarán viñas y comerán su fruto.”

Esto suena muy parecido a una parte de la Torá que como comunidad Yovel deberíamos conocer muy bien:

Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. [Levítico 25:4-5]… El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos [Levítico 25:11]…  Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? He aquí no hemos de sembrar, ni hemos de recoger nuestros frutos; entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres años. Y sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto, comeréis del añejo [Levítico 25:20-22].

Y hay una palabra en específico, ספיח-Safiaj (crecimiento de granos derramados), Strong H5599, que solo aparece en Levítico 25:5, Levítico 25:11, Isaías 37:30, 2 de Reyes 19:29 y Job 14:19. Es decir, de las cinco veces que aparece en toda la Tanaj, tres de éstas son en los versos que venimos conectando de remanante y Yovel.

¡Mis hermanos! Las palabras de Isaías que se relacionan con el remanente, están relacionadas con el Yovel:

  • “Este año comerán lo que crezca por si solo” = Año 49 = Séptimo año de Shemitá
  • “Segundo año lo que de allí brote” = Año 50 = Yovel
  • “Pero el tercer año sembrarán”= Año 1 del nuevo ciclo = Año después del Yovel donde ya podían sembrar.

Mis amados hermanos, el ETERNO le regaló este nombre a nuestra comunidad y permitió que nuestro logo incluyera un árbol entre sus elementos. Que el ETERNO nos permita ser ese remanente, que se convierta por la misericordia del Altísimo en un árbol que lleve un fruto suficiente, para poder vivir con tranquilidad y confianza en el Altísimo el Yovel que Él nos demanda. Pero sobretodo, roguemos que no caigamos en desobediencia, para que no vengan sobre nosotros las plagas de Egipto [Deuteronomio 28:60], sobretodo la langosta. Sino por el contrario que la plaga no toque nuestra morada [Salmos 91:10] Puede que venga el granizo, nos golpeé, nos zarandee y nos reduzca, pero el ETERNO ha prometido que siempre habrá un remanente. Que él nos permita ser parte de ese remanente y nos libre de ser devorados por la langosta.

¡Shavua Tov!

Referencias

Buj-Buj, A. (2008). La plaga de la langosta. Permanencia de un riesgo biológico milenario. Recuperado de: http://www.ub.edu/geocrit/-xcol/427.htm

El Tiempo. (2014). Condiciones meteorológicas para la generación de una plaga bíblica: Las Langostas del desierto en África. Recuperado de: https://www.tiempo.com/ram/1595/condiciones-meteorolgicas-para-la-generacin-de-una-plaga-bblica-las-langostas-del-desierto-en-frica/

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Rochi-6_WEB

Soy Bióloga con maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia. Creyente en el Mesías Yeshúa desde la cuna, miembro activo de la Comunidad Mesiánica Yovel y felizmente casada. El estudio de la Creación del Altísimo ha sido mi pasión, y me deleito en ampliar mi comprensión del texto bíblico desde el conocimiento de las Ciencias Ambientales.

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UN MUNDO DE COLORES

Por: Rocio Delvalle Quevedo

¿Qué relación tienen las manchas de una cabra, con los puros rayos de la luz?

 

En la parashá ויצא Vayetzé (Y salió) que se estudia durante esta semana, se encuentra un relato, que ha llamado mi atención cada vez que he pasado por dicha porción, pero hasta ahora, no había tenido la oportunidad de sentarme a revisar, finalmente llegó el día. Siempre cautivó mi atención la narración de cómo aumentó el ganado de Yaakov, pero sobretodo, cuánto detalle hay en el texto sobre las características del pelaje de los animales, las combinaciones de sus colores, las propuestas que le hizo a Labán y más aún, las estrategias que usó para que los animales nacieran con las características de su conveniencia, que en un primer acercamiento parecieran un tanto esotéricas [Gen. 30:25-43]. Cómo otros, es un relato bastante rico, que probablemente no agotaremos en éstas líneas, pero que comenzaremos a desglosar y con el favor del Eterno encontraremos algunas riquezas.

En la quinta aliyá de la parashá [Gen. 30:32] Yaakov le propone a Labán cuál sería el salario que recibiría por trabajar para él. En este verso hay una serie de palabras que dan detalles de las características de los animales que harían parte de su rebaño. Inicialmente encontramos la palabra צאן (Tzon, Strong H6629) que se traduce como rebaño, pequeño, ovino y caprino. En este mismo verso encontramos la palabra שה (Seh, Strong H7716), que se refiere a que Yaakov tomaría un miembro de ese rebaño de cabras y ovejas.

En adelante comienza a detallar los rasgos de pelaje (cobertura de pelos que recubre la epidermis de los mamíferos) que tendrían los animales seleccionados por él. En primer lugar, aparece נקד (Naqod, Strong H5348), que se puede traducir como moteado o marcado con puntos y el Strong hace la claridad que esta palabra se usa solo para hablar de esa característica en ovejas y cabras. Luego sigue טלא (Tala, Strong 2921), traducida como manchado. Y finalmente, la palabra חום (Jum, Strong H2345), que se puede traducir como de color oscuro o marrón.

Cuando pasamos al verso 35 [Gen. 30:35], nos encontramos ante un escenario algo confuso, que al parecer es el primer “engaño” o “cambio de sueldo” [Génesis 31:7] que Labán le hace a Yaakov, pues relata como todas las ovejas y cabras con las características que Yaakov había dicho serían su sueldo, son puestas en manos de los hijos de Labán. Bien, siguiendo el hilo conductor que llevamos, en este verso se retoman las características del verso 32, y se adicionan dos más עקד (Akod, Strong H6124) traducido como rayado y לבן (Laban, Strong H3836) que significa blanco.

Hasta este punto nos podemos dar cuenta que nos encontramos en un festival de colores, entre marrones oscuros, blancos y combinaciones de éstos entre rayados, manchados y moteados. Lo cual nos redirige a hablar un poco de los determinantes del color del pelaje en los animales domésticos. La explicación de lo anterior es atravesado por múltiples disciplinas que pasan por la física del color, la fisiología de la distribución de la melanina en el pelo de los animales, los determinantes de la herencia de los patrones de coloración en los animales, entre muchos otros. No abordaremos a profundidad el tema de la genética por esta vez, recordemos más bien algunos aspectos de la fisiología y la física.

Los físicos, a partir de la descomposición de la luz blanca por el prisma, definen el color como la ondulación de una sustancia imponderable, continua y sutil que penetra hasta los mismos intersticios moleculares, un concepto esencialmente dinámico. Éstas ondas microscópicas que se transmiten por todo el espacio de forma transversal, son diferentes en dimensión para cada uno de los colores percibidos por nuestra retina: 620 nm para el rojo claro, 512 nm para el verde y 475 nm para el azul. Los tres anteriores se conocen como colores fundamentales y tienen como una de sus más esenciales propiedades, la de producir, en diferentes combinaciones e intensidades, todos los colores de la naturaleza (Aparicio, 1994). Dicho de otra manera, del tipo de ondas y la cantidad de las mismas que una superficie refleja o absorbe dependerá el color con el que nuestra retina la percibe. Siendo blanco una superficie que refleja la totalidad de las ondas de la luz, y negro una superficie que las absorbe por completo.

Por otro lado, desde el punto de vista fisiológico, el pelo es la única formación cutánea que en los animales excita nuestra retina con la diversidad de sus coloraciones. En su interior reside el pigmento melánico o melanina. Física y químicamente considerada, la melanina es una sustancia nitrogenada con dos propiedades sumamente importantes para nuestro tema, se decolora gradualmente y absorbe las ondas luminosas, por lo que asume un colorido desde el negro al pardo o más o menos oscuro o rojizo (Íbid).

La cutícula del pelo, por su conformación permite, con mucha intensidad, la absorción de las ondas luminosas. La presencia de melanina en estado de saturación, conduce a la total absorción de las ondas luminosas, produciendo el color negro, o la anulación de todo color. Mientras la máxima degradación de la melanina conduce al color blanco, con el máximo reflejo de las ondas luminosas. La total ausencia de melanina conduce a lo que se conoce como albino. Los fenómenos bioquímicos que determinan la concentración del pigmento en mención, aunque son fluctuantes, son lo bastante constantes para dar lugar a la pigmentación, tonalidad o coloración. Dicha sustancia en concentraciones diversas y de tal modo ordenadas, producen la inmensa variedad de tonalidades que apreciamos en nuestros animales, y hasta la diversa tonalidad y coloración en diferentes partes del mismo filamento piloso (Íbid).

En síntesis, podemos ver cómo las características de las ovejas y las cabras, de pelaje oscuro, blanco, manchado, rayado y moteado, serían una respuesta de la luz sobre el pelaje de los animales con variaciones en la concentración y la distribución de la melanina. Es interesante que el nombre de uno de los protagonistas de esta historia sea Labán, que como vimos anteriormente significa blanco. Como dijimos, una superficie de este color refleja todo (completamente las ondas de la luz), en este sentido lo que habría pasado del verso 32 al verso 35, es que Labán “se la devolvió completa” a Yaakov, lo que el hijo de Yitzjak le había pedido, fue lo que Labán le terminó pidiendo.

También es interesante que se ve un juego entre el pleno reflejo de la luz (blanco) y la completa absorción de la misma (negro). En este orden de ideas, es curioso que siendo Labán el blanco, la interacción se daba con un hombre cuyo nombre יעקב (Yaakov, Strong H3290) que proviene de la palabra עקב (Akav, Strong 6117) significa suplantar, burlar, para contener, abarcar. Siendo que el negro es una superficie que absorbe (abarca, contiene) todas las ondas de la luz, y no refleja, Yaakov se ha conocido como el engañador, y hasta cierto punto el que encubre y se guarda las cosas. Pero como en el texto nos narra, hay ovejas moteadas, rayadas y manchadas, nadie es totalmente malo, ni totalmente bueno, totalmente cierto, ni totalmente falso, sino que vivimos las consecuencias de las acciones claras u oscuras que hacemos en la vida.

Hablar de la luz, su difracción, su absorción y reflejo, nos lleva a recordar lo que dijo Yeshúa, “Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a la luz” [Lucas 8:17]. Vivamos de una manera íntegra y transparente, para que cuando todo salga a la luz salgamos bien librados. En ese mismo espíritu y en el contexto de dar buen fruto, dice que una lámpara no se debe cubrir con una vasija o ponerla debajo de la cama, sino que se pone visible para que alumbre  a todos [Lucas 8:16]. Pero nosotros no alumbramos con luz propia, sino que somos llamados a reflejar la luz del Mesías, que seamos vaciados en nuestros corazones de todo estorbo y que nuestro corazón sea una superficie que se llene con la luz del Mesías, pero que no la retenga, sino que tenga las propiedades para reflejarla completamente y con amor compartir a otros.

Finalmente, es sumamente particular que siguiendo a los dos versículos anteriores, continúa diciendo que a todo el que tiene, se le dará más; y a todo el que no tiene le será quitado [Lucas 8:18]. Esto parecería no tener nada que ver con lo que se viene hablando de la luz, pero cuando volvemos a ver la parashá de la que partimos, recordamos que lo que se estaba definiendo era el salario de Yaakov. Y sólo cuando todo salió a la luz él pudo irse con su familia y disfrutar del fruto de su trabajo [Gen. 30:43]. Llenémonos pues, de la luz del Mesías y tengamos mucho fruto en Yeshúa, y así Él se ocupará de darnos un salario de bendición y una retribución conforme a su generosa mano.

 

Referencias
Aparicio-Sánchez, G. (1994). Herencia de Color en Zootecnia V (9-10), 78-99. Facultad de Veterinaria de Córdoba.  https://helvia.uco.es/xmlui/handle/10396/5755.

 

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Rochi-6_WEBSoy Bióloga con maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia. Creyente en el Mesías Yeshúa desde la cuna, miembro activo de la Comunidad Mesiánica Yovel y felizmente casada. El estudio de la Creación del Altísimo ha sido mi pasión, y me deleito en ampliar mi comprensión del texto bíblico desde el conocimiento de las Ciencias Ambientales.

LA BENDICIÓN DEL POZO

Por: Martha Tarazona

¿Deseas ser bendecido en todos tus caminos? Busca el pozo correcto y la hallarás.

El lugar donde nos encontramos o a donde vamos delimita un espacio de bendición en nuestra vida, lo vemos en la vida de Isaac. Su padre Abraham le pidió a su siervo que buscara una esposa para su hijo que no hiciera parte de las hijas de los cananeos, más bien que fuera una mujer de su tierra y de su parentela, así fue que el siervo llegó hasta la ciudad de Nacór, junto a un pozo de aguas, oró al Eterno y dijo “que la doncella a quien yo dijere: baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor” [Gén. 24:12-14].  Esta palabra se cumplió y Rebeca fue esta mujer, y desde el pozo llegó la bendición a Isaac, “Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre” [Gén.24:67].

Pero la bendición del pozo continuaba, no solo era el haber encontrado mujer, había algo más, el lugar era muy importante. Dios le dijo a Isaac “habita en la tierra que yo te daré,  habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo” [Gén. 26:2-3]. Esta tierra era Gerar (גרר) es la palabra # 6342 del strong que significa país montañoso, ciudad  filistea [1], equivale al # 403 por gematría, el cual tiene el mismo valor para shabat Shalom: “Shabat” se origina de la palabra “Shevitá”, que significa parar, detenerse, descanso, inactividad y “Shalom”, es una palabra usada como un saludo  y se refiere a un estado de armonía, de paz, tranquilidad, de bienestar tanto entre las personas como en su relación con el eterno [2].

¿Qué tenía que ver Gerar con los pozos? En Gerar Abraham su padre había abierto pozos pero los filisteos los habían cegado y llenado de tierra [Gén.26:15].

Sin embargo, Isaac, si sabía la bendición que traían los pozos “ Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua”  [Gén. 26:18]. Y al hallar aguas vivas riñeron los siervos de Gerar con los siervos de Isaac. Y estos pozos fueron llamados Esek (contención), Sitna (Enemistad), Rehobot (lugares amplios y espaciosos) porque en este último pozo no riñeron. Llegó a Beerseba y abrieron los siervos de Isaac otro pozo (Sheba-juramento) y hallaron agua y el Eterno le dijo “te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por causa de Abraham mi siervo” [Gén.26:24].

La vida de Abraham y su hijo Isaac tuvo similitudes, por ejemplo mintieron a Abimelec que Sara y Rebeca eran sus esposas por temor de que los mataran. En ambos casos el Eterno impidió que Abimelec o sus hombres deshonraran a estas mujeres. Tanto Sara como Rebeca eran mujeres hermosas y estériles. Sin embargo el Eterno abrió sus matrices. Abraham y Sara eran de edad avanzada, era Abraham de 100 años cuando le nació su hijo [Gén. 21:5] y Sara de 90 años [Gén. 17:17]. Isaac se casó con Rebeca cuando tenía 40 años [Gén. 25:20] y tenía 60 años cuando nacieron sus hijos. Según el zohar era necesario que alcanzara ésta edad de sabiduría para poder dotar a Jacob su heredero espiritual de la mayor perfección posible [3]. Es decir, que Isaac esperó 20 años que sus oraciones fueran respondidas “y oró Isaac al Eterno por su mujer que era estéril y lo aceptó el Señor y concibió Rebeca su mujer” [Gén. 25:21] y Rebeca tuvo a Esaú y Jacob. Y en la tercera generación, se repite la historia, con Jacob y Raquel, mujer hermosa y estéril, pero el Eterno abrió su matriz y concibió y dio a luz un hijo [Gén. 30:24].

Abraham e Isaac tuvieron que ver con los pozos, pero Jacob también, lo vemos en  el relato de Yeshúa y la samaritana, cuándo ésta le dijo ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?  Respondió Yeshúa y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;  mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. [Jn. 4:12-15].

Estos pozos de agua viva (חיים מים, Maim Jaim) representan a nuestro mesías Yeshúa, si nosotros le pedimos Él nos dará agua viva [Jn. 4:10] y sacaremos con gozo aguas de las fuentes de la salvación [Is. 12:3].

¿Deseas ser bendecido en todos tus caminos?  Busca el pozo correcto que es Yeshúa nuestro Mesías “Y Yeshúa dijo, Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” [Jn. 7:37-38]. Amado lector, que realmente corra de nuestro interior el agua viva que nos limpie y purifique y seamos instrumento para llevar a muchos a beber de este pozo.

Referencias
[1] Strong, James (2003). Concordancia Strong exhaustiva de la biblia. Editorial caribe.
[2] Disponible en: https://www.delacole.com/expresiones-judias/shabat-shalom.shtml
[3] Munk, E. (2001). La voz de la torah. Comentario del Pentateuco. Segunda edición. Págs. 1876.

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Miembro de la comunidad Yovel, Dra. Ingeniería de Alimentos. “Nada tenemos que no hayamos recibido” [1 Cor. 4:7].

 

 

 

Hasta que la muerte nos separe

Por Natalia Lara

El nombre de las 2 parashot que corresponden a esta semana -Ajarei mot y kedoshim-, plantean un interesante desafío: Santidad después de la muerte. Pero ¿Por qué después de la muerte? acaso ¿no es más importante ser santos en vida?

En esta semana al juntarse 2 parashot –porciones– de la Torá hay un número increíble de mandamientos para estudiar: 28 en Ajarei mot (después de la muerte: Lv 16:1 – 18:30) y 50 en Kedoshim (santos: Lv 19:1 – 20:27). Los 78 mandamientos en estas dos porciones superan la parashá que más mitzvot tiene (74 en Ki tetzé: Lv 21:10-25:19). En ellas se describen el servicio de Yom Kipur [Lv 16:1-34], las leyes sobre el sacrificio [Lv 19:5-8] y prohibiciones sobre la idolatría [Lv 17:3-9; 19:4, 26-28, 31; 20:27] entre otros. Pero también se tocan aspectos que van más allá del servicio litúrgico, que son determinantes en la santidad: las relaciones interpersonales [Lv 19:3, 9-18, 32-36; 20:9] y la santidad sexual [Lv 18:6-29; 19:20-22, 29; 20:10-21].

¿Por qué tantos mandamientos? ¿Porque tantas precauciones no solo en torno al comportamiento en general, sino en particular sobre la sexualidad? Su palabra enseña que en nuestro cuerpo puede habitar su Ruaj Hakodesh –espíritu santo– [Ez 36:27, 37:14; 1 Cor 6:19], por lo que la sexualidad debe tener como propósito glorificar al Eterno [1 Cor 6:20] y en consecuencia los pecados sexuales no solo atentan contra nuestro propio cuerpo [1 Cor 6:18] sino contra la misma presencia del Di-s en él.

Sin embargo, la santidad sexual va más allá de evitar el adulterio, la fornicación, el incesto, el homosexualismo o la zoofilia. Santidad en el matrimonio, tiene que ver con guardar el periodo de Nidá –separación durante la menstruación– [Lv 20:18], pero también con la honra hacia el lecho matrimonial [Heb 13:4], con los pensamientos y actitudes no solo durante las relaciones sexuales, sino cada noche antes de ir a la cama. Evitar el adulterio, es también cuidar lo que se ve pues como dijo Yeshúa “todo aquel que mira a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón” [Mt 5:27] …por algo “no codiciar” hace parte de los mandamientos dados en el Sinaí [Ex 20:17]. Por tanto, se debe marcar una distancia adecuada con el sexo opuesto, para no caer en la trampa de comparar al conyugue y terminar deseando al amigo por abrir una puerta de intimidad emocional que debe reservarse solo para el compañero de pacto matrimonial.

Santidad en la vida de solteros no solo es evitar la fornicación. Los besos apasionados, aunque no lleguen al acto sexual físico, despiertan lo suficiente la imaginación como para que los pensamientos no puedan ser expuestos públicamente. La forma de vestir, incluyendo el conocido cliché de “mostrar sin mostrar”, puede estimular los ojos de un hombre al punto de generarle perturbaciones en su cuerpo y espíritu. No se necesitan desnudos en una revista cuando se pueden ver en películas, en comerciales o en catálogos de ropa interior. Se debe cuidar con que se alimenta el alma y no consumir la “chatarra” que se exhibe en los medios de comunicación, tal como lo dice una canción popular “Te lo encuentras en la pared, en el anuncio de un licor, pegado en un mostrador, gritándote a todo color: sexo compro, sexo vendo, sexo arriendo, sexo ofrezco…”

¿Y los niños también necesitan santidad sexual? Por supuesto. De hecho, en ésta parashá se hace una advertencia expresa acerca de “No sacrificar los hijos a Moloc” [Lv 20:1-5]. A todos nos aterran las noticias -cada vez más frecuentes- de aberraciones sexuales contra los niños. Sin embargo, la educación sexual en los colegios, los programas de televisión, las letras de la música de moda, los anuncios de internet, las mujeres en las carátulas de los cuadernos e incluso las selfies en redes sociales… todo apunta a despertar tempranamente un gigante que debería reservarse para el momento de la jupá –el palio nupcial. Más que enseñarles “que nadie te toque” o evitar hablar del tema, se trata de que una autoestima sana y el comportamiento decoroso de los padres, hagan que sus hijos aprendan decoro, enseñándoles lo que es y no aceptado delante de Hashem y así no terminen siendo sacrificados a Moloc.

La santidad es un proceso en doble vía: el Eterno nos exige ser Santos [Lv 19:2, 20:7] y en esa medida es Él es quien nos aparta [Lv 20:26] y nos santifica [Lv 20:8]. Estamos llamados a ser santos porque él es nuestro Dios [Lv 20:7] y es Santo [Lv 19:2]. Tal como un hijo se parece a su padre, nosotros tenemos la posibilidad de reflejarle [2 Cor 3:18] pues somos hechura suya y obra de sus manos [Sal 100:3, Is 64:8].

Pero la santidad es más que cumplir una lista de chequeo de lo que es y no permitido. El nombre de estas 2 parashot -Ajarei mot: después de la muerte y kedoshim: santos-, plantean un interesante desafío: Santidad después de la muerte. Pero ¿Por qué después de la muerte? Acaso ¿no es más importante ser santos en vida?

Al estudiar la raíz de la palabra en hebreo para santos קָדַשׁ kadash (S. 6942), se encuentra que ser santificado está en relación con ser apartado o consagrado. Para apartarse es necesario morir al yo, a mis deseos, intenciones, placeres e -incluso- a la aceptación social, para amoldarnos al estilo de vida que Él nos exige. Tal como nos ordena no cruzar animales de especies diferentes, ni plantar juntas semillas diferentes, ni usar ropas tejidas con hilos diferentes [Lv 19:19], también nos pide no mezclar nuestra manera de vivir con las costumbres del mundo que nos rodea. [Lv 20:23]. Por eso Yeshúa dijo “Si alguno quiere venir en pos de mí, que muera a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí la salvará”. [Mr 8:34-35]

¡Shavua tov!

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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.