Si anduvieras en mis caminos

Por Martha Tarazona

Cuando andamos en sus caminos, tendremos bendición, provisión, salud, prosperidad, seremos bienaventurados, en general, nos irá bien.

La parashá Bejukotai [Lev. 26:3], relata en las diferentes traducciones lo siguiente: si anduvieras en mis estatutos (NVI), decretos (RVR1960), leyes (DHH). En hebreo corresponde a Im-bejukotay (בחקתי-אם)   “en, según mis leyes (#561)=la señal de su venida (#561). Esta expresión, es un condicional, es decir si tú haces esto, entonces recibirás aquello, y es lo que vemos en [Lev. 26:3-4], la bendición es una consecuencia del cumplimiento de lo que está escrito en la palabra de Di-s. Así:

  • Si anduvieres en mis estatutos… entonces yo proveeré la lluvia que necesitan en su temporada, la Tierra dará su producto, y los árboles en el campo darán su fruto… [Lev. 26:3-4].
  • Si anduvieres en mis estatutos… ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios, te enviaré a ti; porque yo soy el SEÑOR tu Sanador. [Ex. 15:26]
  • Si anduvieres en mis estatutos…, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti… [Deut. 4:40].

Los versículos [1 Reyes 3:14; Zac 3:7; Salm. 81:13; Salmo 128:1, etc] citan si anduvieras en mis caminos, y Lev. 26:3, cita si anduvieran en mis mandamientos. Estas dos palabras, parecen significar lo mismo. La palabra caminos por gematría equivale al # 512, el mismo valor numérico para las siguientes expresiones: “El nombre del Señor”  y “la llave de todo”

Camino (#512)=El nombre del Señor (#512). Yeshúa le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí [Jn. 14:6]. De acuerdo a éste versículo, se puede interpretar que para “andar en los caminos” es por medio de Yeshúa.

Camino (#512)=La llave de todo (#512). “Esto dice el que es santo y verdadero, el que tiene la llave del rey David, el que cuando abre nadie puede cerrar y cuando cierra nadie puede abrir” [Apc. 3:7-8]. Son las llaves las que nos permiten abrir nuevas puertas de bendición, y para obtener esta llave debemos andar en sus caminos. Algunos de los versículos que citan esto:

  • Si anduvieres en mis caminos … serás bienaventurado [Salm. 128:1]
  • Si anduvieres en mis caminos… tendrás prosperidad [Deut. 10:12].
  • Si anduvieres en mis caminos… tú gobernarás mi casa… [Zac 3:7]

Podemos ver con algunos de los versículos citados, que cuando andamos en los estatutos, decretos, leyes, caminos del Eterno, tendremos bendición, provisión, salud, prosperidad, seremos bienaventurados, en general, nos irá bien.

De acuerdo a lo anterior, podemos hacernos dos preguntas:

1) Si muchas veces no andamos en sus caminos, ¿por qué nos va bien?
2) Si andamos en sus caminos ¿por qué no se cumple en nuestra vida la consecuencia de la obediencia?

Como respuesta a la primera pregunta, se podría decir que desde el vientre de nuestra madre, el Eterno tiene escrito en su libro todas las cosas, que fueron luego formadas y seguirán cumpliéndose, sin faltar una  de ellas [Salm. 139:16], sus manos nos hicieron y nos formaron; y Él nos dará entendimiento para aprender sus mandamientos [Salm. 119:73] y gracias a su amor y misericordia, nos perdona, nos guía, nos muestra el camino y permite que aún en nuestra desobediencia nos vaya bien. Sin embargo el Eterno es amor, pero también fuego consumidor [Heb. 12:29], es decir, nos da la oportunidad, pero llega el momento que Él se enoja, como lo relata el salmo 78, en la fidelidad de Elohim hacia su pueblo infiel:  ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, Lo enojaron en el desierto!.[Salm. 78:40], Pero ellos tentaron y enojaron al Di-s Altísimo, Y no guardaron sus testimonios [Salm. 78:56] y por ello entregó a cautiverio su poderío, Y su gloria en mano del enemigo… [Salm. 78:62].

Por el contrario, en la segunda pregunta: Si andamos en sus caminos ¿por qué no se cumple en nuestra vida la consecuencia de la obediencia? ¿Por qué no hay bendición, prosperidad, salud, por qué las dificultades de la vida?

Hay muchas cosas a las cuales no tenemos respuesta y se salen de nuestro raciocinio como humanos, sin poderlas entender del todo, hay desigualdades en la vida, que no necesariamente están relacionadas con andar en sus caminos. Por ejemplo, en Eclesiastés 8:14 dice “que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Sin embargo esto es vanidad”. Puede ser que con nuestros ojos físicos no veamos la consecuencia de la obediencia, y estemos enfrentando un problema de salud, una dificultad, una necesidad económica, familiar, etc. No obstante, Di-s no ve lo que ve el hombre, y Él está obrando en nuestras vidas, y si en su palabra dice que si andamos en sus mandamientos nos irá bien, es porque es así. Porque su palabra es verdad. Y Di-s no es hombre para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta.

Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? [Num. 16:29]. Cuando andamos en sus caminos y no vemos la bendición, es porque el Eterno nos está preparando para ello, como la oliva que debe ser prensada bajo mucha presión para poder extraer de ella el mejor aceite o como el oro que tiene que pasar por el fuego para poder ser purificado y sacar la mejor calidad del metal precioso, así no lo veamos estamos en el proceso, preparados para la bendición por andar en sus caminos, y el tiempo del proceso y el producto final le pertenece a Él.

Que sigamos andando en sus caminos porque Él nos guiará aún más allá de la muerte y la consecuencia de la obediencia, no es solo para este mundo terrenal, que puede ser vanidad de vanidades, nuestra herencia es eterna.

***


IMG_3108[1]

Miembro de la comunidad Yovel, Dra. Ingeniería de Alimentos. “Nada tenemos que no hayamos recibido” [1 Cor. 4:7]

Anuncios

Golpe por golpe

Por: Familia Delgadillo Zapata

“Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” [Exodo 21:24]

La parashá Emor (אֱמֹ֥ר Strong 559) que significa “Diles” contiene varias instrucciones una de las cuales es la famosa ley del talión:

“Al que lesione a su prójimo se le infligirá el mismo daño que haya causado: fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente. Sufrirá en carne propia el mismo daño que haya causado” [Levítico 24:19-20]

Esto quiere decir que en efecto todo se paga, el Señor todo lo recompensa pero también todo lo cobra, en todo caso surge una duda: ¿acaso debemos infringir el mismo daño a quien nos lo causó? La respuesta es NO porque así también dice el Señor: “Mía es la venganza; yo pagaré” [Deuteronomio 32:35], pero entonces ¿a qué se refiere entonces este versículo? ¿cómo podemos conciliar ambos conceptos? La duda no es menor porque esta es la directriz que el creyente debe seguir para responder a las vicisitudes de la vida.

Para empezar, debemos entender que todo lo que sucede es porque así el Creador lo quiso, que todo es para nuestro bien, pero sobre todo que hay un mensaje que el Creador desea transmitirnos en cada circunstancia y generalmente es “medida por medida”. Dicho esto, en cada cosa que nos ocurre estaremos en uno de los dos lados: hemos perjudicado a alguien y lo que nuestro Padre quiere es que hagamos un examen de conciencia para rectificar por nuestra propia cuenta el daño ó de lo contrario poco después estaremos del lado que recibe la corrección a manos de alguien más y lo que nuestro Padre quiere es motivar la reflexión, pero esta vez desde el lado que sufre.

Si a un hijo del Señor no se le cae un cabello sin permiso del Creador, mucho menos recibirá tribulación sin justificación y en últimas lo que el Señor quiere no es que juzguemos y menos aún que hagamos justicia por nuestras manos, lo que Él espera es que rectifiquemos el error pre o pos error, pero con Él nunca hay deudas, hasta los ángeles pagan [2 Pedro 2:4].

Teniendo claro esto ya tiene sentido las palabras de nuestro Mashiaj:

“Ustedes han oído que se dijo: <<Ojo por ojo y diente por diente>>. Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la camisa, déjale también la capa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda” [Mateo 5:38-42].

Cada persona que llega a nuestras vidas tiene el propósito de bendecirnos o de ser instrumentos para nuestra corrección. “Nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales” [Efesios 6:12].

¡Shavua tov!

***


YOV-032 Article_Images(jp)1.1

Anthony Delgadillo y Paola Zapata, somos esposos e ingenieros electrónicos de profesión. Llegamos a la congregación en Mayo de 2014 y nos sentimos muy agradecidos con nuestro Abba por habernos traído a ser parte de esta hermosa y bendecida comunidad.

Santidad: Tiempo, Paciencia, Esfuerzo

Por Rocío Delvalle Quevedo

“¿Podría ser el proceso del árbol incircunciso un reflejo de nuestro camino de santificación?”

En la parashá de esta semana, Kedoshim – Santos, el ETERNO da una serie de indicaciones acerca de cómo vivir en santidad, que incluyen algunas sobre los sacrificios, y la relación con el prójimo, entre otros. En medio de esto, también da unas instrucciones muy precisas sobre unos tiempos establecidos para comer los frutos de los árboles plantados cuando el pueblo de Israel entrara en la tierra. A primera vista, quizá plantar un árbol y esperar para comer su fruto, no tenga nada que ver con la santidad. Sin embargo, quizá podamos encontrar de esto un mensaje que nos cambie la perspectiva.

Ser kadosh o apartado, tiene en parte que ver con ser diferente en algunas o muchas características a los demás. El mandamiento dado en levítico 19:23-25 no se aplica a las plantas en general, sino solo a los árboles, y no a todo tipo de árboles. En la traducción que nos ha llegado en español se refiere a cuando siembres toda clase de árboles frutales. Sin embargo, como lo he mencionado en otros artículos, desde la perspectiva de la botánica todos los árboles dentro de las angiospermas dan fruto, aunque muchos de estos frutos no son consumibles por el ser humano. Por ejemplo, el eucalipto o el urapan.

Sin embargo, el ETERNO creador de todo, y de cuyas manos al descubrir y escudriñar su creación surge la ciencia, en el idioma original en que fue dado, el hebreo, dejó aún más explícito el tipo de árboles al que se refería. En hebreo dice “Kol etz maajal” que se puede traducir de forma más precisa como “Todo árbol para alimento”. Es decir, los árboles sobre los que recaía este mandato eran específicamente aquellos que eran sembrados con el objetivo de producir frutas que sirvieran de alimento.

Tengamos en cuenta en este punto lo siguiente: en el mundo de la agricultura, diferentes especies de plantas se han domesticado para ser aprovechadas para alimento. De éstas muchas son herbáceas, de algunas se aprovechan sus hojas, de otras sus raíces y de otras sus frutos. Aunque no soy una agricultora en todo el sentido de la palabra, hace poco tuve una experiencia de intentar una pequeña huerta experimental y me di cuenta de una cosa. Producir hojas (lechuga, espinacas, acelgas) es relativamente más fácil y más rápido; desde el momento que se siembra la semilla hasta que se hace la cosecha, es poco el tiempo que pasa y, guardando las proporciones y excluyendo algunas variables, es relativamente poco el esfuerzo que se requiere. En el siguiente nivel, en mi experiencia personal, se encontraron los llamados tubérculos (p. ej. zanahorias, rábanos). Ya en éstos, no solo es esperar a que crezca la hoja, sino que éstas lleven a cabo de forma eficiente su función fotosintética y que haya una correcta movilidad de los productos de la fotosíntesis dentro de la planta, de tal modo que lleguen a la raíz y la enriquezcan. Para ahí sí hacer la cosecha y aprovechar el producto.

Luego de eso vendrían aquellas especies que son herbáceas que producen fruto (p. ej. tomates, fresas, calabazas). En los dos casos anteriores el producto aprovechable no requería que las flores se formaran en la planta, aunque las especies traían la potencialidad de producir dichas estructuras. De hecho, en algunos casos se debe evitar que la planta llegue al estado de flor, porque esta estructura comienza a competir, por ejemplo, con el tubérculo por las moléculas energéticas y disminuye la calidad del producto. Por el contrario, en especies como la fresa o el tomate, es necesario que además que la semilla germine y crezcan las hojas, se formen otras estructuras como las flores. Y no solo esto, sino que éstas deben ser correctamente polinizadas y fecundadas, los frutos deben comenzar a cargarse y sufrir un sinfín de cambios metabólicos que requieren de muchas condiciones, materia y energía de la planta y su medio, para conseguir el propósito perseguido, los frutos para alimento.

Todos los casos mencionados hasta el momento nos referimos a herbáceas llevadas desde la semilla. Pero les quiero confesar, que en la experiencia que tuve, hubo algo que me costó mucho trabajo y de hecho no logré, llevar un árbol desde la semilla. Pude mantener aquellos que habíamos sembrado ya como plántulas, pero me di cuenta que los árboles, en sus primeras etapas de germinación y establecimiento, requerían muchos más cuidados de los que en ese momento yo les podía brindar. Esto en parte, entendí, está relacionado por unas características de crecimiento individual y poblacional, así como de la fisiología y ecología que diferencia una planta herbácea de un árbol.

Las plantas herbáceas suelen ser de ciclo corto, es decir, que aunque tienen un crecimiento y desarrollo fisiológico muy rápido, normalmente, suelen ser anuales (viven un año), máximo bianuales (viven dos años), y a menudo producen una sola cosecha. Es decir, que prontamente logramos ver “el resultado que buscamos” pero tan pronto lo entrega, en la mayoría de los casos, la planta muere y toca comenzar nuevamente el proceso desde la siembra.

Por el contrario, los árboles, como les contaba, tienen un crecimiento y desarrollo fisiológico, comparativamente hablando, muy lento. Se toman su tiempo para germinar, para sacar la primera hoja, para establecerse. A nivel poblacional, muchas de las semillas no logran germinar, y de las que lo logran muchas no logran establecerse y crecer. Al final, son relativamente pocos los árboles de la población que llegan a adultos. Pero es que los árboles no solo “producen hojas” tienen que desarrollar una raíz mucho más fuerte y gruesa, así como un tronco que tiene que hacerse leñoso, esto implica más gasto energético para los árboles en la construcción de su propio ser, que el requerido por una herbácea. Aparte de todo, en la mayoría de los casos, aunque no todos los árboles frutales son para alimento, en la mayoría de los casos los “árboles para alimento” sí son sus frutas las que son aprovechadas. Osea que después que ha hecho toda la inversión en tronco, raíz y hojas, el árbol tiene que producir flores, lograr atraer a los polinizadores, que sus flores sean polinizadas y fecundadas, para que finalmente cuajen y se llenen sus frutos con la fotosíntesis que está realizando.

Ahora, pensemos por un momento que después de todo el tiempo que ha pasado y la energía que ha invertido, llegamos al mandamiento que encontramos en esta parashá, que ese primer fruto que produjo con todo ese esfuerzo y con la intención de ser consumido para alimento, es considerado incircunciso, no apto y “no será aprovechado”; y así, como dice “durante tres años no comerán su fruto”…

Pero un momento, hay otra característica de los árboles que los diferencian de las hierbas, y es que los árboles suelen ser de ciclo largo, es decir, viven y producen fruto (después de que dan el primero) durante muchos años. Es así, que después de todos los años de incircucisión y la alta inversión energética, el mandamiento dice claramente que el cuarto año todo el fruto se dedica (se consagra, es apartado “Kol priyó kadosh”) en una celebración a Adonai (hilulim laAdonai). Y del quinto año en adelante, no solo ya se podía aprovechar el fruto, sino que el ETERNO promete que, habiendo hecho caso de todas sus instrucciones previas, haría crecer sus frutos y sus cosechas.

Pensemos entonces por un momento, que según la interpretación judía de la Torá y la Tanak, el ETERNO compara al ser humano con los árboles. Y quiero invitar a que todo el proceso que he relatado lo pensemos, considerando el producto aprovechable (las frutas para alimento) como el propósito que el ETERNO tiene para nuestras vidas. Como también lo he dicho en otros momentos, en el momento en que el Altísimo nos aparta como su pueblo, nos hace diferentes. Esto puede implicar, que los procesos en nuestra vida sean mucho más largos, que los de las demás personas que vemos a nuestro alrededor. Que es mucha nuestra inversión tanto material como espiritual, y quisiéramos “ya” ver el fruto del propósito de Di-s cumplido en nuestra vida. Pero quizá debamos entender lo que dice en el salmo 73, vemos que “… los impíos, sin afanarse, aumentan sus riquezas…” pero hasta que entramos en el santuario del Altísimo comprendemos cual “será el destino de los malvados… en un instante serán destruídos…”. Quizá esos impíos son como esas plantas herbáceas que “rápidamente y con poco esfuerzo” muestran y alardean de sus logros, pero que tan pronto eso pasan mueren, o vienen a la ruina, otros toman su lugar y vuelven a comenzar. Quizá nuestro proceso en el Señor, implican inversiones, esfuerzos y tiempos que en algún momento nos llevan a decir: “en verdad ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en inocencia, si todo el día me golpean y de mañana me castigan?

Pero después de entrar en el Santuario del Eterno y comprender que debemos seguir creciendo, fortaleciendo nuestro tronco y raíces, produciendo flores, comenzar a dar fruto hasta que Él lo establezca, finalmente podremos decir con gozo que el ETERNO es nuestra herencia eterna y que con él podremos cumplir el propósito y dar un fruto abundante, en su tiempo, por mucho más tiempo y que sea de beneficio para quienes fue planeado desde el principio por el gran Agricultor.

Shavua tov!

***

Rochi-6_WEB

Soy Bióloga con maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia. Creyente en el Mesías Yeshúa desde la cuna, miembro activo de la Comunidad Mesiánica Yovel y felizmente casada. El estudio de la Creación del Altísimo ha sido mi pasión, y me deleito en ampliar mi comprensión del texto bíblico desde el conocimiento de las Ciencias Ambientales.

Celebrando la libertad

Por Natalia Lara

Del por qué servimos cuatro copas en Pesaj y por qué con Mashiaj algún día brindaremos con la quinta.

 

La fiesta de Pesaj que se celebra el 14 de Nisan, no solo conmemora la salida de los israelitas desde Egipto hace más de 3300 años (1313 a. EC. aproximadamente), sino que es el cumplimiento de las promesas del Eterno, tanto de liberar a su pueblo como de redimir a la humanidad entera.

Al principio de este capítulo de la historia, justo después de que Moshé vuelve a Egipto con la misión de liberar al pueblo, Hashem le habla de su “campaña libertadora”: “Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy Hashem; y yo los sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y los libraré de su servidumbre, y los redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes. Los traeré a mí, y yo seré su Di-s” [Ex 6:6-7]. Este proceso se ha llamado por los sabios de la Torá como las cuatro razones, las cuatro etapas, los cuatro idiomas de la redención o las cuatro redenciones (Talmud palestino).

Este versículo empieza con la palabra לכן laken que en su esencia proviene de la palabra כן ken (S.3651) que significa correcto, verídico, verdadero. Es como si Di-s estuviese levantando la mano y haciendo una especie de juramento para ratificar su promesa (Or Hajaim)1. Hashem compromete su nombre en esta promesa, pues no solo inicia con “Yo soy” sino que usa el tetragrama (las cuatro letras del nombre sagrado), esto para recordarles a los israelitas que si va a liberarlos es porque es fiel a su palabra pues ya le había prometido a Abraham que Él los sacaría de Egipto [Gn 15:14] (Rashi, Rabbeynu Bahya)1. De hecho, es así como se le revela a Moshé en la zarza: “Así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me ha enviado a vosotros…Hashem, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” [Ex 3:14-15].

Luego de esto, Di-s pudo sencillamente haber dicho “voy a liberarlos”, pero se extendió en describir este proceso diciendo “haré esto, y esto, y esto y esto” ¿Por qué? Fue para mostrarnos un conocimiento de sí mismo que no se había revelado previamente (Sforno)1. De hecho aquí, Hashem usa el tetragrama aludiendo a su atributo de Misericordia, pues fue este suceso el que permitió que se generalizará el conocimiento del Eterno a través de este atributo (Or Hajaim)1.

La primera redención es “Te sacaré de debajo del trabajo duro de Egipto”, aquí se usa el verbo יָצָא yatsa (S. 3318: salir, ir, traer fuera, directo). Hashem prometió que no solo los sacaría de la tierra de Egipto para que no sufrieran más (Ramban)1, sino que no volverían a experimentar la obligación de realizar trabajo de esclavos (Rabbeynu Bahya,Tur HaAroch)1. Su cumplimiento comenzó luego de la plaga de la sangre, con un cese inmediato del trabajo duro que hacían, dando lugar a la dispersión de los capataces, aunque los israelitas continuaron realizando otras tareas para los egipcios. (Sforno, Or Hajaim)1.

Al ver que esta promesa aún dejaba abierta la posibilidad de que después de salir de Egipto, los israelitas continuaran sometidos de otras maneras; Hashem agregó una segunda redención: “Te libraré de su esclavitud”. El verbo que se usa aquí es נָצַל natsal (S. 5337: librar, despojar, saquear, entregar a uno mismo, arrebatar). Esto significó que los israelitas ya no serían legalmente inferiores a los egipcios ni que estarían subyugados a ningún otro gobierno (Tur HaAroch, Rabbeynu Bahya)1. En la práctica implicó, que los egipcios no tuviesen ya, más dominio sobre los israelitas pues no podían retenerlos en su país, ni someterlos a hacer trabajo forzado ni otros trabajos, ni obligarles a pagar impuestos (Ramban, Or Hajaim)1. Esta situación duró medio año, pues, aunque el trabajo como esclavos cesó el primero de Tishrei (Rosh Hashana 11) la salida de Egipto fue hasta el 15 de Nisan, seis meses y medio después.

La tercera redención: “Te redimiré” se refiere a la salida física de los israelitas del país. El verbo que se usa aquí es גָּאַל gaal (S. 1350: liberar, redimir, actuar como pariente). Pero no se trata de cualquier redención, sino que tiene dos características muy particulares. Primero, connota un intercambio, pues Hashem puso a juicio a los egipcios hasta que estos no solo liberaron a los israelitas para no soportar más plagas, sino que incluso se ofrecieron a intercambiar a los hijos de Israel por sus vidas (Tur HaAroch, Ramban)1.

Tal como ocurrió luego de la muerte de los primogénitos egipcios: “El pueblo egipcio, por su parte, instaba a los israelitas a que abandonaran pronto el país. «De lo contrario —decían—, ¡podemos darnos por muertos!»” [Ex 12:33]. Segundo, implica el fin de la persecución, por lo que incluye no solo la salida de Egipto, sino la división del mar y la muerte de los egipcios ahogados cuando este se cerró [Ex 14:30]; pues fue ahí que se completó la salvación, ya que sólo después de la muerte de los que los esclavizaron fue que los esclavos fueron realmente libres; eliminando no solo el miedo de los israelitas, sino también su mentalidad de esclavos. Se trató entonces, no solo de una liberación física sino sobre todo de una liberación mental (Or Hajaim, Rabbeynu Bahya, Sforno)1.

Pero aún falta una redención, pues el proceso de liberación no termina con la muerte de los egipcios, sino que una pregunta apenas lógica surge, pues… “somos Libres… pero ¿libres para qué?” Es entonces cuando aparece la cuarta redención “Te traeré a mí y seré tu Di-s” [Ex 6:7], haciendo referencia a la entrega de la Torá, en el Monte Sinaí (Torah temimah on torah, Rabbeynu Bahya, Or Hajaim)1.

¡Un momento! ¿No se supone que Di-s los iba a liberar? ¿Que iban a ser dueños de ellos mismos? ¿Que por fin podrían hacer lo que quisieran? Entonces… ¿Por qué tantas normas, preceptos y leyes? ¿Por qué decirnos qué hacer y qué no hacer, qué comer y qué no comer, cómo vestirnos, cómo hablar, etc.? … No sé si estas preguntas pasaron por la mente de los israelitas, pero probablemente sí han pasado por la mente de muchos de nosotros en el proceso de acercarnos al Eterno. Y es que libertad – contrario a lo que muchos pensarían – no es ausencia de autoridad, sino precisamente lo contrario: sujetarse a la autoridad para cumplir el propósito por el cual fuimos creados. Permítanme explicarlo con un ejemplo: un automóvil puede sentirse “libre” cuando corre por las calles a toda velocidad sin necesidad de respetar las normas para conducir … pero si todos los automóviles hicieran esto, solo ocasionarían choques y accidentes; mientras que, si obedecen las señales de tránsito, pueden cumplir el propósito por el cual fueron creados que es para transportar personas y carga.

Del mismo modo, la razón por la que somos liberados, por la que Hashem dijo: “Te sacaré, te salvaré y te redimiré” es para cumplir esa cuarta redención: “Te traeré a mí y seré tu Di-s”. Si somos libres es para servirle y así cumplir el propósito por el que fuimos creados: para alabar su gloria [Efe 1:6]. Por eso, cuando Hashem le habló a Moshé por primera vez en la zarza le dijo: “Esto te servirá como señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, servirán a Dios en este monte” [Ex 3:12]. El propósito de que el pueblo se libertara de Egipto fue para servir a Hashem.

Cada celebración de Pesaj bebemos cuatro copas de vino que nos recuerdan estas cuatro redenciones: son cuatro copas de acción de gracias por lo afortunados que somos, no sólo por salir de la esclavitud (Torah temimah on torah)1, sino por ser su especial posesión y poder adorarle, no por nuestro mérito, sino porque a él le plació hacerlo [Dt 7:7-8]. “¿Cómo puedo pagarle al Señor por tanta bondad que me ha mostrado?¡Tan solo brindando con la copa de salvación e invocando el nombre del Señor!” [Slm 116:12-13].

Pero hay una redención más de la que nos habla este relato “Y los llevaré a la tierra que juré a Abraham, Isaac y Jacob” [Ex 6:8]… ¿Por qué no hay copa de agradecimiento por esta redención, si finalmente el pueblo de Israel conquistó la tierra prometida? Creo que la respuesta la da Rab. Shaul, quien habla de que, aunque Abraham, Isaac y Jacob habitaron en Canaán, confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra pues anhelaban no esa patria, sino una ciudad de cimientos sólidos, la patria celestial [Hb 11:8-15]. Es solo en el mundo venidero, el Olam haba, en donde será completada nuestra redención.

En Yeshúa se cumplen no sólo las cuatro redenciones y la entrada a la patria celestial, sino el plan completo de Hashem para redimir a la humanidad: desde la promesa hecha a Java (Eva) de que su simiente aplastaría la serpiente [Gn 3:15] hasta la promesa hecha a Abraham de que en su descendencia las familias serían injertadas para ser bendecidas [Gn 12:3]. Yeshúa es el profeta que Hashem prometió a Moshé [Ex 18:18], el renuevo del que habla el profeta Isaías que cargó con nuestras transgresiones y fue ofrecido como sacrificio por el pecado [Is 53:5-12].

Si su muerte fue en Pesaj, es para recordarnos que, en Él, las redenciones de Egipto se hacen prácticas en nuestra vida: nos saca de la servidumbre al pecado – te sacaré -, nos libera de su yugo espiritual – te salvaré -, intercambia su vida por nosotros y paga el precio de nuestra culpa – te redimiré – y nos reconcilia con Hashem – te traeré a mí – … Pero además en su nombre, podemos levantar la copa de la quinta redención, pues no sólo nos hace libres para poderle servir, sino que nos da la entrada a la patria celestial, a la vida Eterna, al Olam Haba: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás” [Jn 11:25-26].

Dedicado a mi mamá y a Laura mi hermana, por lo que significó el 9 de abril del 2009 (15 Nisan 5779).

Referencias:
1. Éxodo 6:6 con comentarios. En:
https://www.sefaria.org/Exodus.6.6?lang=bi&with=Commentary&lang2=bi

 

***

 


IMG_20160260_092247

Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

 

 

¿Yeshúa distractor de la familia?

Por Sergio Andres Diaz LLanos

Me permito empezar con una frase muy utilizada por todos: “el tiempo esta pasando muy rápido”. Eso es algo que a muchos puede atormentar y/o asustar, pero a otros, sin duda, les permite meditar y reflexionar. Para solo citar un ejemplo en la Palabra, podemos leer el Salmo 90:12 “enséñame a contar bien nuestros días para adquirir sabiduria”. 

Esta introducción la considero, ya que hace poco tiempo unos padres pasaban enfrente de la comunidad con sus rostros iluminados de felicidad y agradecimiento al Eterno presentando a su hija, después de los 80 días de purificación (טָהֳרָה – tahorah). La comunidad se alegraba de ver una nueva integrante de Yovel (nombre de nuestra comunidad) y oh sorpresa cuando hace unas semanas esta bebé estaba sentada en la silla de Moshé, compartiendo y enseñando su parashá con motivo de su Bat-Mizva. Seguro parte de la luz de alegría que iluminó los rostros de sus padres al presentarla a la comunidad, ahora ella la reflejaba a todos los participantes de esta fiesta, acompañada de palabras llenas de seguridad, sabiduría y amor ¡no con ocho días de nacida sino con 12 años de vida!.

La anterior, es una sensación continua en nuestra comunidad. Hoy ver a un bebé tratando de caminar, y cuando menos piensas, shabat tras shabat y fiesta tras fiesta, ya están sirviendo en la alabanza o en las danzas de la comunidad. Sobre esto podemos reflexionar no solamente entendiendo lo rápido que pasa el tiempo, sino cuanto disfruto y con quien vivo cada momento.

Por lo anterior, que tal si recordamos lo que nuestro Señor Yeshua Ha Mashiaj, en uno de los momentos mas dramático de su entrega por la humanidad, dijo en Juan 19:25-27: 

Junto a la cruz de Yeshua…Yeshua vio a su madre , y a su lado al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: – Mujer ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento ese discípulo la recibió en su casa.”

Querido lector, te invito a que hagas un esfuerzo en imaginar esta escena… tremenda verdad: mientras que nuestro Señor está muriendo por la humanidad entera, las palabras que salen de su corazón podríamos interpretarlas como “no importa la situación tortuosa o difícil que puedas estar pasando, disfruta, vive, has tuyo cada momento con tu familia”. Me atrevo a traducir las palabras de Yeshua también como “no se distraigan conmigo” mira a tus hijos, hijos miren a sus padres, y seamos como el discípulo amado de Yeshua, “desde ese momento el la recibió en su casa”. Reflexionemos si en este momento no has recibido a tus hijos o padres en casa.  Es claro que no me refiero a la estructura de ladrillos y tejas, sino a que tengamos tiempos de calidad con ellos. Que nada nos distraiga cuando estemos ante ellos, míralos a lo ojos, hablar, jugar, preguntar y que nazcan los abrazos y besos de cariño.

Tenemos en estos tiempos muchos distractores, demasiados, y si Yeshua mismo cuando todo se había terminado para que se cumpliera la escritura y su propósito en la primera venida, lo pausa con este mensaje “no se distraigan conmigo”, si me quieres mirar, mira a quien tienes en casa, casi que son las palabras cierre de su ministerio “madre he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tú madre”.

Antes de continuar, trataré de aplicar el cuarto principio de los 7 que Hillel indicó para estudiar la Palabra llamado “Binyan Av mishnei ketuvim” que puede traducirse como “Construyendo una contexto a partir de dos o más textos”. Con la intención de aclarar lo que quiero trasmitir con la frase “no se distraigan conmigo (Yeshua)” que utilicé en el párrafo anterior, relacionando Juan 19:25-27 con Gálatas 1:11 que dice “Y ustedes ¿qué hacen mirando el cielo? Este mismo Yeshua que ha sido llevado entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse”. Es una clara exhortación para poner en práctica las enseñanzas de Yeshua y no estar muchas veces enfocándonos en la “religiosidad” distrayéndonos de lo esencial. Si vemos el versículo 14 de Gálatas 1, ellos dejaron de ver al cielo para estar todos juntos como uno solo, es decir teniendo momentos de calidad en familia y comunidad.

Quiero ir concluyendo con los siguiente: si Yeshua mismo no se interpuso como “distractor” para la relación entre padres e hijos, nos podríamos cuestionar, ¿qué distractor o excusa me pueden hacer perder momentos únicos y tremendamente valiosos con mi familia? tal vez, un aparato electrónico, tal vez un programa de televisión, el trabajo, o tal vez las diferencias filosóficas que tengo con mi familia que aparentemente me impiden hablarles y disfrutarlos. Estas excusas te pueden hacer sentir bien por un momento para evitar tiempos con tu familia, pero seguro nos pueden hacer perder el mejor momento de la vida en familia y comunidad, ¿identificaste si tienes algún distractor?. Ahora acércate a tu familia.

Esta Parasha Tazria, que quiere decir “cuando concibas y des a luz”, nos enseña un concepto muy importante: tiempos de calidad. La primera norma después de concebir ni siquiera es la circuncisión si es niño, sino es apartarse (no distraerse) y estén juntos los padres y los hijos los primeros 40 o 80 días (depende si es niña o niño). La raíz de Tazria es זָרַע (zara) palabra 2232 del Strong que puede traducir “sembrar”, y sembrar no es solo una acción puntual para dar a luz, es una siembra continua de momentos de calidad en familia.

Saben, Yeshua no quiere que nos distraigamos con la religiosidad u otras cosas, Yeshua quiere que aceleremos su venida con momentos de calidad con quien el Señor a puesto a nuestro lado. Esa pudo ser una de las últimas indicaciones dadas a su discípulo amado (Juan 19:25-27), de quien curiosamente no dice el nombre (se puede interpretar que es Juan). Pero ¿qué tal si eres tú y soy yo? ¿qué tal si tomamos la actitud que relata el pasaje sobre este discípulo?: “desde aquel momento ese discípulo la recibió en su casa”.

Que el Señor les bendiga, y todas las semanas זָרַע (zara – sembremos) momentos de calidad, para acelerar la segunda Tazria o venida de Yeshua Ha Mashiaj.

¡Shavua tov!

***


10422275_10153245662757836_7200980822968304778_nSoy Comunitario activo Yovel, sirvo en el ministerio de danzas.  Soy tecnólogo Industrial, culminando Ingeniería Industrial.  Me gusta escribir y relacionar los temas bíblicos con vivencias personales y nuestros entornos actuales, basándome en la gran mayoría con nuestra piedra angular Yeshua HaMashiaj.  Estoy a su servicio  y atento a sus valiosos comentarios para crecimiento y formación.