Aproximaciones al estudio histórico de la Biblia (I). De dónde proviene la palabra Biblia?

Por Edwin Silva

“Hay una poderosa razón por la que los líderes necesitan estar atentos a Dios y es que Dios es el autor de la Historia. Él nos quiere enseñar unas lecciones importantísimas para beneficio nuestro y de nuestras naciones”.  Pastor Alberto Mottesi (1).

Yubail en el Líbano, es la ciudad más antigua del mundo habitada de forma ininterrumpida (2), está situada en la costa mediterránea a 270 Km al norte de Jericó. Fue una ciudad Fenicia y de su fundación sabemos que sucedió en pleno neolítico, hace unos 7000 años. Su nombre actual es el menos conocido: Los sumerios la llamaban Gubla y en la Biblia se le reconoce como Gebal (1 Rey 5:18, Salmo 83:7, Eze 27:9), no obstante el nombre más famoso de la ciudad fue el que le dieron los griegos: Biblos (2).

Biblos fue a lo largo de toda la edad de bronce un prolífico centro de comercio, por su estratégica ubicación como puerto marítimo se convirtió en un punto de intercambio comercial entre fenicios y egipcios: madera del Líbano descendía por el mediterráneo hasta la desembocadura del Nilo (Biblos era el puerto más cercano a los bosques de cedro) y los barcos se devolvían con un precioso cargamento de un producto único y maravilloso proveniente de Egipto: Papiro (2). La disponibilidad de papiro generó una revolución en el conocimiento humano, el saber ya no se debía consignar en tablillas de arcilla, sino en un medio más versátil y menos costoso de producir. En la antigüedad el comercio de papiro se convirtió en algo universal, los griegos llamaban al papiro Biblos y la misma ciudad fue renombrada por la fuerza de la asociación al ser el principal centro de dicho comercio. A un rollo de escritura desarrollado sobre un biblos, los griegos le llamaban Biblíon; en hebreo la expresión empleada para mencionar dicho rollo es sepher y su plural es sepharim (rollos); en griego el plural de Biblíon es Biblia. Llamativamente la expresión griega τὰ βιβλία τὰ ἅγια (ta biblía ta hágia; “los libros sagrados”) fue la que se impuso en occidente para recordar los textos sagrados de los hebreos (3).

Por su parte, la primera vez que la palabra historia aparece en las escrituras hebreas (al menos su acepción más común) es en el rollo de Bereshit (Génesis 2:4 “Esta es la Historia de la creación de los cielos y de la tierra”). Una traducción literal del hebreo diría: “Estas son las generaciones de los cielos y de la tierra en su creación, el día en el que el Señor hizo los cielos y la tierra”. En este texto la expresión hebrea Toldot es la que reconocemos como historia o generaciones, proviene de la raíz toledá תּוילְדָה)) que significa descendencia, i.e. familia; (figurativamente) historia: descendencia, descendiente, familia, generación, historia, linaje, nacimiento, orden, origen (4).

Desde sus principios la Biblia denota un hondo carácter histórico y el pueblo que la consignó una profunda preocupación por la historia (5), la propia y la del género humano. La Biblia es mucho más que un libro histórico, quizá por esto mismo es que como fuente de conocimiento histórico su validez ha sido fuertemente criticada, no obstante consideramos injusto para con el lector (de cualquier fuente) aceptar esta conclusión tan simplista infundada por el pensamiento Hegeliano y la escuela de biblistas alemanes del siglo XIX (5). Quizá una desconexión de los textos con el papel histórico de los patriarcas hebreos (para ser elevados a mera superstición tribal) sufría de un sutil antisemitismo propio de la época, o quizá más probablemente la raíz de esa desavenencia (que se convirtió en dogma académico), sea meramente humanística, a saber, la desazón que pueda generar para el conocimiento intelectual el pensar en una verdad simple de los textos: Que la Historia tiene un autor, Dios.

Este es el motivo de reflexión de la Biblia en la Historia (@Biblia_Historia), indagar la influencia que la cultura y las escrituras hebreas han tenido en el desarrollo de la civilización. Exploramos las conexiones de los textos de la Biblia con otras fuentes de conocimiento humanístico, ante todo el estudio formal de la Biblia a través de la historia y viceversa. Los invitamos a seguirnos en yovel radio en tunein en la repetición de nuestra primera temporada desde el 14 de febrero, todos los martes en la franja de 6:30 pm a 8:00 pm.

 

Referencias.

  1. Mottesi, A. (2007). Latinoamérica Nueva. Santa Ana (California): Editorial Kerygma.
  2. Asimov, I. (1971) La tierra de Canaán. Madrid: Alianza Editorial.  
  3. Boscolo, G. (2012) La Biblia en la Historia: Introducción general a la Sagrada Escritura. Padova: Edizioni Messaggero.
  4. Strong, J. (1990) New Strong’s Exhaustive Concordance of the Bible. Nashville: Thomas Nelson Publishers.
  5. Johnson, P. (1987) La Historia de los Judíos. Barcelona: Ediciones B, para el sello Zeta de Bolsillo.

Aproximaciones al estudio histórico de la Biblia (II). La interpretación literal de los textos fuente inagotable de detrimento intelectual.

Por Edwin Silva

Lo que la sociedad quiere –y con demasiada frecuencia obtiene- no es historia, sino mito, el cemento que mantiene a la sociedad unida.  Geoffrey Barraclough. “Historical pessimism”, Guardian, 20 octubre 1967.

Cuando se adelantó el juicio a Galileo por sus hallazgos científicos (simples a nuestra óptica actual: que los cielos nos son perfectos, que la tierra no es el centro del sistema solar, que la tierra se mueve y gira alrededor del sol), parte de la argumentación que posteriormente fue llevada ante el tribunal de la inquisición para hacer abjurar a Galileo, era que el salmo 93:1 dice: “Ha establecido el mundo con firmeza, jamás será removido”. Galileo es obligado a confesar herejía como medio para recibir casa por cárcel, o de lo contrario sería torturado. Aunque es motivo de controversia académica, se dice que después de la abjuración, Galileo dijo la famosa frase “Eppur si muove” “Y sin embargo se mueve”, una muestra de sana rebeldía frente a la atrocidad moral e intelectual del juicio.

El juicio a Galileo tiene todavía interminables ecos, generó una profunda convicción en la ilustración que vio en ello (entre otras razones históricas) una necesidad irrefutable de divorciar el saber teológico del científico. Para antes del siglo XVIII, los relatos bíblicos eran tenidos por verdad absoluta, pero para el siglo XIX ya una honda convicción de revisionismo existía en el pleno de la comunidad académica. La vergüenza intelectual de la inquisición (ya superada hacía tiempo) era algo que la ciencia no podía permitir de nuevo, de esta forma se alzaba un sentimiento anticlerical, que deshonestamente (desde una perspectiva meramente filosófica) se transfiere a los textos mismos de la Biblia descalificándolos como fuente de saber y elevándolos a la categoría de mero mito.

Para la escuela Hegeliana, “la revelación cristiana y judía, tal como se nos presenta en las escrituras, fue reinterpretada como un proceso sociológico determinista que partía de la superstición tribal primitiva para llegar a la eclesiología urbana culta” (Johnson Paul, la Historia de los Judíos). El trabajo colectivo de los biblistas alemanes se convirtió en ortodoxia académica y redujo a mito todo el contenido intelectual de la Biblia, una generalización claramente grotesca, tanto como lo fueran las acusaciones de la inquisición a Galileo. Afortunadamente cuando George Smith del museo británico, descubrió una narración del diluvio (El relato de Gilgamesh) en las tablillas cuneiformes encontradas por Austen Henry Layard en 1845 en Nínive, en la biblioteca del palacio de Senaquerib y confirmadas por otras tablillas encontradas en el palacio de Assurbanipal, se abrió un portal para dar una segunda oportunidad al contenido del conocimiento bíblico como fuente de saber histórico. Posteriormente la monumental obra de William Foxwell Albright y de Kathleen Kenyon renovaron la confianza en la existencia real de los hechos relatados en el antiguo testamento y claramente profesionalizó en el nivel científico la disciplina de la arqueología bíblica.

Cabe decir que esta desavenencia entre ciencia y teología nunca fue del todo común en el judaísmo. Haber empleado la belleza poética del salmo 93 como argumento científico difícilmente habría sido una postura académica en el judaísmo, quizá no deba sorprender las profundas convicciones religiosas de un hombre como Albert Einstein cuya curiosidad nunca encontró dogmatismos (más allá de los propios) en el seno de una familia judía. Cabe destacar que en plena edad media Maimónides en Moré HaNebujim (Guía de los perplejos) introduce el tema con la siguiente discusión: “El propósito básico de este tratado es aclarar ciertos términos que aparecen en los libros proféticos […] Esta obra también tiene un propósito secundario: esclarecer las oscuras alegorías que aparecen en los libros proféticos sin que nunca se aclare que se trata en verdad de alegorías. El estulto y la persona de mente confusa creen en verdad que deben leerse literalmente sin ver en ellas ningún significado interno. Cuando alguien plenamente familiarizado con ellas las acepta literalmente se quedará perplejo, pero sí le explicamos la parábola o alegoría o simplemente llamamos su atención hacia el hecho de que es una alegoría le ahorramos esta confusión. Esta es la razón de que la presente obra se intitule “Moré HaNebujim”. Comentarios de rabí A. Crescas del siglo XIV y XV al anterior pasaje: “Alegorías… palabras veladas, significa que la mención en la escritura del jardín del Edén, del árbol de la vida y el árbol del conocimiento y la descripción de Adán, su primera condición y lo que pasó a ser después; la Serpiente, Eva, dar el nombre de Caín y de Abel a los hijos de Adán y toda esa larga narración, todo ello se refiere a asuntos de marcada profundidad que son inaccesibles a la humanidad común y que por lo tanto fueron tratados en forma alegórica”.

En Midrash Rabbá: Bereshit se cita:

“El rabí Yehuda bar Simón dijo: No dice “Fue la noche”, sino “Y Fue la noche” de ello deducimos que existía un sistema cronológico (seder zemanim) con anterioridad a esto”.

El rabía Abbahu dijo: “Esto nos enseña que Dios creó mundos y los destruyó, diciendo “Este me agrada, este me desagrada”.

El rabí Pinjas dijo: El rabí Abbahu deduce esto del versículo “Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí era muy bueno” como si dijese, este me agrada; aquellos otros no me agradan”.

Una interpretación literalista no ha sido la postura académica del judaísmo y revela al menos desde nuestra perspectiva lo superficial del aparente divorcio entre ciencia y texto bíblico. La belleza cosmológica del relato de la creación en Génesis 1 es otra desde una traducción más literal: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra […] Y dijo Dios sea luz y fue luz […] E hizo Dios la expansión (haraquía) […] Y llamó Dios a la expansión cielos”. La presencia de un principio en la flecha de tiempo, la creación de fuerzas fundamentales como el electromagnetismo (como se deduce de la creación de la luz) mucho antes de la formación de los astros y la clara alusión a un proceso expansivo en el espacio son de una virtud incalculable desde una perspectiva cosmológica actual. Bien preguntaba Agustín de Hipona en la ciudad de Dios “En cuanto a estos “días” es difícil, quizá imposible pensar –y mucho menos de explicar con palabras- lo que significan”. Agustín rechazaba la idea de días de 24 horas, al menos para los primeros tres días del relato, claramente no se podía tratar de días solares, pues los cuerpos celestes fueron creados en el día cuarto. Desafortunadamente esta audacia, proveniente de un sentido común exorbitante, no fue común en la iglesia posterior y vaya falta que hizo en los siglos XV y XVI. Siempre la interpretación literalista de los textos, originalmente en hebreo, condujo a los más inverosímiles problemas intelectuales. La palabra hebrea que traducimos como día (Yom) puede interpretarse fácilmente como era o periodo. Una visión relativista del tiempo (no sorprende hoy) es muy propia del pensamiento hebraico: “Porque mil años delante de tus ojos (כִּי אֶלֶף שָׁנִים, בְּעֵינֶיךָ : Ki elef shanim beineja), son como el día de ayer, que pasó y como una de las vigilias de la noche” salmo 90:4. Claramente la perspectiva del observador cuenta en la experiencia de medición de la variable tiempo. Con profunda convicción aceptamos la profundidad de los textos bíblicos para concordar y aún para esclarecer las verdades científicas más obvias el día de hoy.

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Referencias. 

  1. Carr, E.H. (1961). Qué es la Historia? Barcelona. Derechos en español Editorial Planeta.
  2. Carmell, A. Domb, C. (1976) Los días de la creación. El Desafío. La Torah frente a la ciencia y sus problemas. Londres: Editorial Torá Vadaat, A.C.
  3. Asimov, I. (1971) La tierra de Canaán. Madrid: Alianza Editorial.
  4. Asimov, I. (1986) El Cercano Oriente. Madrid: Alianza Editorial.
  5. Johnson, P. (1987) La Historia de los Judíos. Barcelona: Ediciones B, para el sello Zeta de Bolsillo.

 

Concordancias del relato bíblico y el relato arqueológico (I). La prehistoria en la tradición oral consignada en la Biblia.

Por Edwin Silva

Los arqueólogos han dividido las culturas del pasado en edades de piedra antigua (paleolítico), nueva edad de piedra (neolítico), edad de bronce y edad de hierro, esto sobre la base del material empleado para dar forma a los instrumentos cortantes, las hachas, los cuchillos, en general herramientas y armas. Como reliquias prehistóricas, estos instrumentos permiten dar significación del posible sistema social y económico de las sociedades que los fabricaron. Se entiende que la economía de una sociedad que usaba un hacha de piedra era en mucho, menos elaborada que las posteriores, esto dada cuenta que un instrumento de piedra es un producto doméstico que podía ser fabricado de forma individual por cualquiera dentro de un grupo autosuficiente de cazadores o agricultores, es decir no implicaba ni la especialización del trabajo, ni la presencia de comercio, ni un conocimiento técnico exuberante. Por el contrario el hacha de bronce no solamente es utilitariamente superior, sino que permite inferir una estructura económica y social más organizada. Se debe tener en cuenta que el bronce funde a casi 1000 grados centígrados, que resulta de la aleación del cobre y el estaño, minerales que usualmente no se encuentran en la misma cantera, lo que supone la presencia de rutas de comercio; además es un oficio altamente especializado que exige una división del trabajo en la sociedad y varias generaciones de transmisión y perfeccionamiento del conocimiento para generar la técnica debida para fundir el metal (conocimientos de geología para extraer el mineral y de química para reducirlos) y darle forma adecuada, claramente no es un oficio que pueda adelantar un agricultor o un recolector en sus ratos libres.

La presencia de especialistas en una sociedad implica la existencia de una organización del trabajo tal, que les permita a estos especialistas ser sustentados de forma adecuada (alimentación, vivienda, vestido, etc.), y esto solo es posible en la convivencia en centros urbanos. A su vez los centros urbanos son el producto del crecimiento de la población y la concentración cada vez mayor a través de un modelo de agricultura expansiva, que permitió la acumulación de excedentes de producción, el surgimiento del comercio, el sustento de ejércitos y el control de territorios con interés estratégico (acceso a agua, tierras, minerales, control de rutas de comercio, etc.). El registro arqueológico permite evidenciar que respecto de las sociedades del neolítico, las sociedades de la edad de bronce no sólo eran más grandes (ciudades en el bronce versus villas y poblados en el neolítico), sino más pobladas.

A su vez, lo mismo podemos deducir del grado de desarrollo que significó el neolítico, respecto de la antigua edad de piedra (paleolítico). Jericó es la primera ciudad de la que tengamos noticia en el registro arqueológico, esto evidencia que la revolución del neolítico tuvo primer asiento en Canaán. Hace 10.000 años Jericó ya estaba habitada y hace 9000 años ya tenía una fuerte muralla de piedra que permitía su defensa. En el paleolítico los hombres vivían enteramente de la caza, la pesca y la recolección de granos silvestres, raíces, insectos y mariscos y por ende el número de seres humanos estuvo limitado a la provisión de alimentos ofrecida por la propia naturaleza, los humanos éramos nómadas, apenas era concebible la organización de un poblado o una villa. La revolución del neolítico condujo al descubrimiento-invención de la agricultura, el uso de prendas tejidas, la domesticación de animales, el uso de piezas de alfarería, en pocas palabras, en el neolítico los hombres lograron controlar el abastecimiento de alimento, generando los excedentes suficientes para establecer una vida sedentaria y no nómada propia de la sociedad de recolectores y cazadores del paleolítico; es más, la vida sedentaria era no solo una consecuencia, sino en sí misma una exigencia de la agricultura que requería el establecimiento de las sociedades en zonas definidas (de hecho la palabra nómada viene de una voz griega que literalmente significa “el que pastorea el rebaño”).

Sensu stricto (hasta este punto), la Biblia no es un libro histórico, es un libro moral, que se preocupa más de los aspectos éticos y teológicos, que de cuidar el relato histórico; no obstante en el relato bíblico resaltan de forma arquetípica los elementos señalados: que la civilización empezó en la media luna fértil (Génesis 2:10 y 14  “Del Edén nacía un río que regaba el jardín, y que desde allí se dividía en cuatro ríos menores […] El tercero se llamaba Tigris, que corría al este de Asiria. El cuarto era el Éufrates”), que los primeros humanos fueron recolectores y vivían en un estado tecnológico primitivo –paleolítico- (Génesis 3:21 “Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió”), que luego se les “impuso” la tarea de la agricultura –neolítico- (Génesis 3:23 “Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de la cual había sido hecho”), que en un momento de coyuntura los humanos se dividen entre aquellos que se dedican a la agricultura y aquellos que se dedican al pastoreo (Génesis 4:2 “Después dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel se dedicó a pastorear ovejas, mientras Caín se dedicó a trabajar la tierra”), que aquellos que se dedicaron a la agricultura (Caín) desarrollaron hábitos violentos (Génesis 4:8 “Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató”), fundaron ciudades (Génesis 4:17 “Caín se unió a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc. Caín había estado construyendo una ciudad, a la que le puso el nombre de su hijo Enoc”) y obtuvieron armas (Génesis 4:22 “Por su parte, Zila dio a luz a Tubal Caín, que fue herrero y forjador de toda clase de herramientas de bronce y de hierro”), es decir que en últimas el relato señala de manera vertiginosa -en pocos versículos- un ascenso desde el paleolítico, pasando por la revolución neolítica, hasta la edad de los metales, claro está que el sustrato moral de la narración indica que el despliegue tecnológico alcanzado no conllevó bienestar, sino anarquía y desorden (Génesis 6:11 “Y la tierra se llenó de violencia”).

Moralmente hablando, el relato parece distinguir entre el vértigo de la organización de una sociedad que rápidamente pasa del paleolítico a la formación de proto-imperios en el bronce antiguo versus la vida más simple de los pastores (señalada en el sacrificio de Abel). Muchas versiones se han dado de la aceptación por parte de Dios del sacrificio de Abel (una ofrenda de su rebaño) y el rechazo de la ofrenda de Caín (los frutos de la tierra); sin abrogarnos el derecho a la interpretación correcta, es posible intuir razones históricas en dicho juicio. Que la descendencia de Caín, es decir metafóricamente hablando, la sociedad agrícola, formaría las primeras ciudades, el comercio, la acumulación de poder, la opresión de déspotas, las armas para la guerra y los primeros imperios. Por lo que sabemos del registro postdiluviano, estas sociedades se conducían por una cosmovisión cortoplacista (como fue propia de las sociedades urbanas de la media luna fértil) en la que la vida más allá de la muerte era un incierto, la vida es acá y ahora, hay que comer y beber -que mañana moriremos-; la idea del paraíso no existe en la cosmovisión sumeria y acadia, o más bien existe en un sentido inmediato, el paraíso es una ciudad, es acá y es ahora.  Por su parte la cosmovisión de los pastores siempre fue la de anhelar una patria ideal de la que ya no se era partícipe, estos pueblos nómadas fueron posteriormente conocidos como los Habiru (hebreos, aunque es motivo de controversia) y la idea del paraíso en estos era la de un jardín. A una parte de estos pueblos nómadas de la media luna fértil, la existencia de algo más allá de la existencia terrenal les llevó a tener en muchos sentidos un sentido moral más elevado, el relato (postdiluviano) de Abraham huyendo de Ur, convirtiéndose de un ser citadino a un pastor nómada muestra una vez más los mismos elementos morales ya señalados.

En contraste a esta interpretación, el relato Bíblico empieza con una clara noción progresista, Génesis 1:28 “Y los bendijo con estas palabras: Sean fructíferos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla”. La idea de progreso está implícita en el sentido moral del relato; y así fue, para el inicio del neolítico se estima que la población humana alcanzaba unos 8 millones de seres, para el siglo XVIII ad portas de la revolución industrial, la población humana era 100 veces superior (alrededor de 800 millones) y hoy es mil veces superior. La arqueología permite evidenciar el progreso de la cultura humana al distinguir a lo largo de las diversas edades el estado de la ciencia y por ende el grado de desarrollo de la sociedad que los produjo. Cuando los utensilios, los cimientos de las viviendas y las otras reliquias arqueológicas se consideran en su conjunto realmente ponen de manifiesto no sólo el nivel alcanzado por la destreza técnica y la ciencia del momento, sino en sí la manera en que sus autores obtenían su subsistencia, es decir el levantamiento arqueológico permite demostrar la dimensión de la economía de una sociedad del pasado y es justamente la economía la que determina la multiplicación de nuestra especie y por ende su éxito biológico. La multiplicación de la población (éxito biológico) permitió la especialización de las tareas, a su vez la concentración en centros urbanos multiplicó el flujo de conocimiento, el intercambio de ideas y la generación de tecnología.  Todos estos cambios permitieron una expansión demográfica (la comparación del número de entierros en los hallazgos arqueológicos del paleolítico versus el neolítico en el cercano oriente muestra el enorme incremento de la población como resultado de la revolución neolítica). Por su parte el relato moral implícito en la Biblia, señala el doble filo de esa espada, la potencia cada vez más elevada del hombre para hacerse daño a sí mismo como especie, paradójicamente, en el momento de más éxito biológico (derivado de la tecnología), es cuando los mayores retos para la supervivencia se nos plantean.

Los invitamos a seguirnos en nuestro blog labibliaenlahistoria.wordpress.com y en @yovelradio en tunein, todos los martes en la franja de 6:30 pm a 8:00 pm.

Referencias.

  1. Asimov, I. (1971) La tierra de Canaán. Madrid: Alianza Editorial.
  2. Asimov, I. (1986) El Cercano Oriente. Madrid: Alianza Editorial.
  3. Gordon, V. (1936) Los orígenes de la civilización. México D.F. Derechos en español Fondo de cultura económica.
  4. Diamond, J. (1998) Armas, gérmenes y acero. Barcelona: Penguin Random House.
  5. Johnson, P. (1987) La Historia de los Judíos. Barcelona: Ediciones B, para el sello Zeta de Bolsillo.
  6. Uribe, D. (2008) La historia de las civilizaciones (audiolibro). Bogotá: Aguilar.
  7. Carr, E.H. (1961) Qué es la historia? Barcelona. Derechos en español para Ariel (Ed Planeta S.A).

 

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La Navidad antes de Jesucristo: ¡una verdad sorprendente!

El siguiente articulo apareció originalmente en la edición Noviembre-Diciembre 2010 de la revista Las Buenas Noticias lo publicamos a continuación de manera completa.


Por Jerold Aust

Si usted descubriera que la Navidad no tiene nada que ver con el  nacimiento de Jesucristo y que en realidad sus orígenes se remontan a muchos siglos antes, ¿aún seguiría celebrándola? Y si se diera cuenta de que Dios ordena la observancia de ciertos días santos, revelados en su Palabra, ¿guardaría esos días en lugar de la Navidad?

¿Por qué deberíamos creer que Jesús nació el 25 de diciembre, cuando la misma Biblia contradice esta noción?

Cuando yo era pequeño, esperaba con ansias la Navidad cada 25 de diciembre. Una vez, poco tiempo antes de la esperada fecha y cuando todavía iba en primaria, uno de mis compañeros se rió de mí con desdén porque yo creía en Santa Claus, lo cual me mortificó mucho.

Cuando regresé a casa esa tarde, le pregunté a mi mamá si Santa Claus existía o no. Ella me respondió que no. Para mis adentros pensé: “Bueno, si Santa Claus no es real, entonces ¿qué cosa es real?”

Años después, aprendí que la Navidad data de alrededor de unos 2.000 años antes del cristianismo. Muchas naciones antiguas crearon sus propias celebraciones y festivales de invierno, los que posteriormente se transformaron y se convirtieron en esta popular fiesta, para honrar al sol y otros dioses durante el solsticio de invierno. También aprendí que los orígenes de la Navidad se contradicen con el verdadero cristianismo.

La Navidad contradice los hechos bíblicos

Comúnmente, se asume que la Navidad conmemora el nacimiento de Jesucristo. Sin embargo, los estudiosos bíblicos admiten de manera abrumadora que Jesús ni siquiera nació cerca del 25 de diciembre. Hay razones contundentes para esta conclusión. El evangelio de Lucas nos dice que Jesús nació mientras José y María se encontraban viajando a Belén para inscribirse en el censo romano que se estaba realizando, y que los pastores aún tenían sus rebaños a la intemperie durante esa época del año (Lucas 2:1-8).

Pero durante diciembre, en Tierra Santa el clima es frío y lluvioso y en ocasiones hasta nieva. Ningún pastor medianamente razonable hubiera sido tan imprudente como para dejar a su rebaño en el campo durante la noche en esa temporada del año. Y ningún gobernador inteligente hubiera obligado a su gente a viajar cientos de kilómetros para inscribirse en el censo, cuando la probabilidad de que se enfrentaran a un clima adverso era tan alta, que cualquier esfuerzo hubiese sido arriesgado.

¿Por qué deberíamos creer que Jesús nació el 25 de diciembre, cuando la misma Biblia contradice esta noción?

Cómo surgió la Navidad

Si la Navidad no se origina con el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, ¿cuándo y cómo surgió?

La Navidad comenzó a celebrarse mucho antes del nacimiento de Jesucristo. El libro de Alejandro Hislop, The Two Babylons (Las dos Babilonias), explora muchas fuentes históricas que demuestran que este día precede a Cristo en al menos 2.000 años, como se mencionó anteriormente (1957, pp. 97-98).

Tanto en Siria como en Egipto, cerca del solsticio de invierno se observaba una fiesta de la natividad para honrar a dioses paganos. Después, unos 400 años antes de Cristo, la religión mitraica, centrada en Mitra, el dios persa del sol, se transformaría en la base de la celebración de la Navidad. El mitraísmo se hizo muy popular en el Imperio Romano, y muchos elementos propios de este sistema de adoración sobreviven hoy en el catolicismo romano.

Por ejemplo, el connotado antropólogo, historiador y estudioso británico Sir James Frazer, a quien se le otorgara el título de caballero por sus contribuciones al entendimiento de las antiguas religiones, escribió en su libro The Golden Bough (La rama dorada):

“No cabe duda de que la religión mitraica resultó ser una rival formidable para el cristianismo, combinando eficazmente un ritual solemne con aspiraciones de pureza moral y esperanza en la inmortalidad. En realidad, el término del conflicto quedó indeciso por algún tiempo. Todavía hay vestigios de aquella larga lucha en nuestro festival de Navidad, los cuales la Iglesia parece haber adoptado directamente de su oponente pagano.

“En el calendario juliano, el veinticinco de diciembre conmemoraba el solsticio de invierno y era considerado como el día de la natividad [nacimiento] del sol, porque el día empieza a ser más largo y el sol aumenta su intensidad desde ese momento del año. Este ritual de la natividad, como parece haberse celebrado en Siria y Egipto, era excepcional. Los celebrantes, reunidos en capillas interiores, salían a medianoche gritando, ‘¡La Virgen ha dado a luz! ¡La luz está aumentando!’

“Los egipcios incluso representaban al sol naciente con la imagen de un niño pequeño, que en el día de su nacimiento, el solsticio de invierno, traían y presentaban a sus adoradores. No hay duda respecto de que la virgen que concebía y paría un hijo el veinticinco de diciembre era la gran diosa oriental que los semitas llamaban Virgen Celeste o simplemente Diosa Celestial. En los países semíticos ella era una especie de Astarté” (1993, p. 358, énfasis nuestro).

Si las personas insisten en defender la Navidad, al menos deberían saber cómo se originó.

Lo que dijo Tertuliano sobre la Navidad

El antiguo teólogo y escritor católico Tertuliano (155-230 d.C) era un converso que venía del paganismo. Él escribió numerosos tratados defendiendo al cristianismo como él lo entendía, combatiendo a los maestros oponentes y dando exhortación a los hermanos creyentes. En uno de sus libros, describió cómo los convertidos al cristianismo de su época ya estaban ignorando el sábado bíblico y las fiestas santas y acudiendo a los festivales romanos paganos de invierno, como las Saturnalias, que honraban al dios Saturno:

“Nosotros, que nos hemos alejado de los sábados, las lunas nuevas y los festivales aprobados por Dios, ahora vemos cómo [la personas] frecuentan la Saturnalia, los festivales de enero, la Brumalia y la Matronalia; cómo llevan regalos de aquí para allá, se entregan presentes de año nuevo con gran alboroto, y se celebran deportes y banquetes con gran estridencia” (Tertuliano, On Idolatry [Acerca de la idolatría], capítulo 14, citado por Hislop, p. 93).

Tertuliano reprendía a los cristianos por unirse a tales celebraciones paganas, haciendo notar que ningún pagano que se respetaba a si mismo intentaba ser parte de tales celebraciones “cristianas”: “¡Oh, cuánto más leales son los paganos a su religión, ya que tienen especial cuidado de no adoptar solemnidades de los cristianos!” (ídem).

Más tarde, él afirmó sobre los paganos: “Porque aunque ellos hubieran sabido sobre el Día del Señor o Pentecostés, no los hubieran celebrado con nosotros, porque temían parecer cristianos. ¡Sin embargo, nosotros no tenemos ningún temor de parecer paganos!” (citado por David Berot, editor, A Dictionary of Early Christian Beliefs [Diccionario de creencias cristianas primitivas], 1998, p. 342). Esta admisión es realmente increíble.

En su celo ferviente, Tertuliano podía ver la diferencia entre los festivales paganos y los cristianos. ¿Podemos verla también nosotros?

Una mirada más profunda a los orígenes de la Navidad

Men, Myth & Magic [Hombre, mito y magia] es una enciclopedia muy útil sobre mitología y religión. Esta obra de varios volúmenes revela los orígenes de los principales días santos de las religiones occidentales, examinando la historia de cada una, y nos ofrece más detalles sobre los orígenes de la Navidad:

“Esta celebración tiene su origen en dos antiguos festivales paganos: la gran fiesta de Yule de los escandinavos y la Saturnalia de los romanos… La Navidad estaba suficientemente cerca del solsticio de invierno como para adoptar muchas de las características asociadas a la ceremonia nórdica: el tronco de la fiesta de Yule, las decoraciones verdes en las casas e iglesias, incluso la misma fiesta de Navidad. Estos elementos fueron combinados con la Saturnalia de los romanos, para proporcionar las bases de los primeros festivales cristianos.

“Durante las Saturnalias, los ricos daban regalos a los pobres en honor a la edad dorada de la libertad, cuando Saturno gobernaba el mundo conocido, y a los esclavos se les permitía cambiar de lugar y ropas con sus amos. Incluso ellos elegían a su propio rey feo, para que en son de burla hiciera de amo déspota mientras duraba el festival. Las Saturnalias involucraban el libertinaje más desenfrenado, y era un festival digno del mismo [dios] Pan.

“Naturalmente, esto era fuertemente censurado por la iglesia primitiva, y a pesar de que las figuras de Jesucristo y de los santos gradualmente reemplazaron a las deidades paganas, [la Saturnalia] por mucho tiempo se consideró totalmente incompatible con el ideal cristiano. Sin embargo, el festival estaba muy fuertemente arraigado en el fervor popular para ser abolido, y la Iglesia [Católica] finalmente le otorgó el reconocimiento necesario, creyendo que si la Navidad no podía ser eliminada, debería ser preservada en honor del Dios cristiano” (Richard Cavendish, ed., 1995, Vol. 3, p. 418).

La Navidad gana aceptación

La extraña historia de la Navidad continuó después que las antiguas celebraciones fueron adoptadas por el catolicismo. La iglesia no lo niega.

La New Catholic Encyclopedia [Nueva enciclopedia católica] afirma: “La Navidad se originó en una época cuando el culto al sol era particularmente fuerte en Roma. Esta teoría encuentra apoyo en algunos de los padres de la Iglesia, que contrastan el nacimiento de Cristo con el solsticio de invierno. Aunque el reemplazo del festival pagano por la Navidad no puede ser demostrado con certeza, ésta continúa siendo la explicación más plausible para establecer la fecha de la Navidad” (1967, Vol.3, p. 656).

Man, Myth & Magic [Hombre, mito y magia] explica cómo y cuándo la Navidad obtuvo el reconocimiento oficial, y cuándo el nombre del festival pagano dejó de ser usado. “Una vez que al festival se le da una base cristiana, se establece plenamente en Europa, con muchos de sus elementos paganos inalterados. Fue sólo en el siglo cuarto que el 25 de diciembre fue decretado oficialmente como el nacimiento de Cristo, y otros 500 años después [siglo noveno], el término Festival del pleno invierno fue dejado de usar y reemplazado por la palabra Navidad” (Cavendish, p. 480).

James Hastings, el erudito bíblico, escritor y editor de The Encyclopedia of Religion and Ethics [Enciclopedia de la religión y la ética], confirma que la iglesia absorbió y toleró las costumbres paganas:

“Gran parte de las costumbres navideñas que ahora prevalecen en Europa, o que datan de épocas anteriores, no son costumbres cristianas genuinas, sino paganas, que han sido absorbidas o toleradas por la Iglesia” (1910, vol. 3, p. 608).

En siglos posteriores, variados elementos de la observancia de la Navidad fueron criticados, e incluso prohibidos. “El evidente elemento pagano de la Navidad había provocado frecuentes críticas desde el extremo protestante, pero el festival no fue realmente afectado por sus creencias hasta que los puritanos llegaron al poder en el siglo 17.

“[En esa época] la Navidad fue atacada como ‘el antiguo día de fiesta de los paganos a Saturno su dios’, y los villancicos fueron prohibidos. Finalmente, el 25 de diciembre fue proclamado como un día de ayuno [un tiempo de abstinencia de comida y una festividad para enfocarse en la devoción religiosa] en 1644. El ejército obligó a cumplir esta nueva ley, y pasaba gran parte del tiempo sacando de las puertas todos los adornos verdes característicos de estos festivales ‘paganos’.

“En Escocia, la prohibición fue impuesta con gran rigor. Esta actitud anticristiana se expandió al territorio puritano en el Nuevo Mundo. La iglesia estableció servicios especiales para la Navidad en Boston durante la década de 1690, pero muchas autoridades civiles se opusieron fuertemente a este movimiento. Y no fue hasta alrededor de unos 150 años más tarde que la Navidad se convirtió legalmente en un día feriado en los Estados Unidos, en Alabama, en 1836” (Cavendish, pp. 480-481).

¿Por qué el 25 de diciembre fue escogido como fecha de la Navidad?

Sir James Frazer escribió extensamente sobre los orígenes de los feriados religiosos cristianos modernos. Y esto es lo que él dijo sobre los comienzos de la Navidad:

“¿Qué consideraciones llevaron a las autoridades eclesiásticas a instituir la Navidad? Era una costumbre pagana celebrar el mismo veinticinco de diciembre el nacimiento del sol, para lo cual encendían luces como símbolo de celebración.

“En estas solemnidades y festividades también participaban los cristianos. Cuando los doctores [teólogos] de la Iglesia percibieron que los cristianos tenían una inclinación hacia este festival, se reunieron en consejo y resolvieron que la verdadera Natividad debería ser solemnizada en ese día y el festival de la Epifanía el 6 de enero…

El origen pagano de la Navidad no es solo claramente insinuado, sino tácitamente aceptado, por Agustín [teólogo católico del siglo quinto], cuando exhorta a sus hermanos cristianos a no celebrar ese solemne día como los paganos en honor al sol, sino que en honor de aquel que creó el sol. De la misma manera, [el Papa] León el Grande censuró la perniciosa creencia de que la Navidad era solemne debido al nacimiento del nuevo sol, como se le llamaba, y no debido al nacimiento de Cristo.

“Parece ser que por esto la iglesia católica optó por celebrar el nacimiento de su fundador el 25 de diciembre, para transferir la devoción de los paganos al sol a aquel que era llamado el Sol de Justicia” (pp. 358-359).

Esto se hizo a pesar de la advertencia directa de Dios contra las costumbres de adoración paganas adoptadas para honrarlo a él (Deuteronomio 12:29-32).

¿Aprueba Cristo la Navidad?

Después de haber examinado las enseñanzas y prácticas de las iglesias principales acerca de este tema, también necesitamos preguntarnos: ¿qué enseñó Cristo acerca de la Navidad?

La verdad es que Jesús no observó la Navidad ni enseñó a otros a observarla. No se originó con Cristo. Pero él sí habló en contra de las tradiciones de hombres: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Marcos 7:7).

De hecho, Jesús enseñó que las Escrituras no pueden ser quebrantadas (Juan 10:35), y explícitamente advirtió en contra de adoptar costumbres de adoración pagana para honrar al verdadero Dios (Deuteronomio 12:29-32).

Además, Dios inspiró a Daniel para que profetizara, varios siglos antes de Cristo, que algunos hombres religiosos intentarían cambiar “los tiempos y la ley”, incluyendo los festivales de Dios (ver Daniel 7:25; comparar Levítico 23 con Mateo 5:17-19).

Después del regreso de Jesucristo a la tierra y durante su reinado sobre las naciones, él se asegurará de que cada uno de los festivales anuales de Dios sean observados por todos los pueblos. El libro de Zacarías revela que tomará unos años antes que las naciones, o al menos unas cuantas de ellas, aprendan a aceptar las enseñanzas de Cristo. La fiesta otoñal de Tabernáculos es un ejemplo.

Zacarías 14 habla de la segunda venida de Cristo, concluyendo con una afirmación particularmente reveladora sobre lo que vendrá después: “Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías 14:16).

El relato continúa describiendo castigos correctivos apropiados para aquellas naciones que no cumplan (versículos 17-19).

Los verdaderos discípulos de Cristo hoy observan sus días santos

La gran pregunta es, ¿está usted listo para comenzar a seguir al verdadero Cristo? En tiempos antiguos Dios pasaba por alto la ignorancia de los hombres, pero hoy él ordena a todos los hombres y mujeres a arrepentirse de sus costumbres no cristianas, incluyendo la observancia de feriados religiosos establecidos por el hombre (Hechos 17:30).

Si usted está empezando a entender que la Navidad no representa a Cristo, entonces debería detenerse y no celebrarla (Mateo 7:21; Lucas 6:46). ¿Por qué titubear entre la verdad y el error? ¿Por qué no comenzar a seguir al verdadero Cristo y sus enseñanzas bíblicas? (Juan 8:32; 17:17).

La Biblia claramente revela los requerimientos de nuestro Creador para observar sus festivales anuales y días santos como la Pascua, Panes sin Levadura, Pentecostés, Trompetas, Expiación, Tabernáculos y Último Gran Día. Todas estas fiestas revelan el maravilloso y grandioso plan de Dios y su propósito para la humanidad.

La Biblia muestra que los verdaderos seguidores de Dios observaron estos festivales en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Los verdaderos cristianos aún los observan. ¡Dios no ha cambiado! BN

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El Gorro Amarillo (Parte 1)

Por Patricia Caro

“El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas”. [Proverbios 10:12]


“En Alemania se ha desatado la fobia antisemita”, donde se decía que “Las turbas han incendiado todas las sinagogas de Berlín y saqueado las tiendas y domicilios particulares de los israelitas, cometiendo actos de verdadero vandalismo”.

Periódico “La Vanguardía”, 11 de noviembre de 1938.


El señor Yejuda Sheshet vivía en Aviñon, era un comerciante de especias que traía desde  Asia por medio de Gipo Rossi, italiano de nacimiento que conocía a la perfección la ruta de la seda. El local de la familia Sheshet, que por las leyes de propiedad en contra de la judería europea no les pertenecía, estaba ubicado al lado del burlesco de las hermanitas Rondalla, un tormento a la que la Señora Sheshet no se había acostumbrado y nunca lo haría. Aun así, a diario el local era visitado por ujieres de vianda de la aristocracia europea, en busca de oro aromático para sus señores.

Sara Sheshet era elegante y de carácter enérgico, su apariencia no era pretenciosa pero llamaba la atención, sobre todo a los clientes del Rondalla, lo cual no le era motivo de orgullo. Todos los viernes encendía las velas y esperaba a su esposo, que pretendía sorprenderla con un ramo de rosas blancas, que ella sabía él le traería.

Los esposos Sheshet tenían un hijo, Josep era un muchacho de 12 años que había heredado la apariencia de su madre y el buen tino para los negocios de su padre. En la familia había gran expectación, se acercaban los 13 años de Josep y eso implicaba que se iba a  convertir  en un hombre, responsable de sus actos y con los demás y aunque se trataba de un gran evento para su familia, motivo de orgullo ante su comunidad, este acontecimiento a Josep le traía tan nivel de ansiedad y no de una forma positiva, sino  más bien una clase que lo mantenía alerta porque sentía que una calamidad estaba a punto de venir.  Tal vez, era el hecho que Josep sabía que debía empezar a usar  un Judenhut, un gorro horrendo, ancho y de color amarillo que debían portar los judíos en Europa para diferenciarlos del resto de la población. Su madre había empezado a notar los problemas de su hijo, su aspecto pálido y ojeroso sin duda le alertaba y sentía que algo estaba pasando y aunque ella insistía al niño que le contará, él no emulaba palabra al respecto; no quería mortificarla con sus sentimientos, ya era para ella humillante tener que ir a su negocio y pasar por los insultos de los clientes y propietarias del Rondalla, que prefirió callar. Y tampoco le contó a su padre, Él también tenía que lidiar con los robos y las cuentas acomodadas de Gipo Rossi sin poder protestar, ya había formado conciencia que era inútil tratar de defenderse ya que el daño sería todavía peor.

Lo que el niño empezó a experimentar fueron uno continuos insomnios, producto de un temor a quedarse dormido. Desde que tuvo conciencia  que debía usar ese absurdo gorro, empezó a tener unos sueños que al principio eran vagos e incoherentes como suelen ser, hasta convertirse en pesadillas tan reales que con el tiempo sentía que no iba despertar y se iba a quedar en ellos para siempre, por lo que hacía lo imposible para permanecer despierto. Sus primeros sueños lo ubicaban en una calle en medio de casas que se alzaban hasta siete pisos por encima de él, de refinada apariencia y arquitectura romántica, no era un paisaje familiar; las mujeres vestían gallardas pero de forma extraña para él, mostraban sus tobillos al ras de sus faldas, algo que solo había visto hacer a Antonia Rondalla. Veía maquinas gigantes con enormes ventanas  que se deslizaban por un suelo parejo y liso, otras máquinas más pequeñas con cuatro ruedas expuestas dirigidas desde adentro por las personas. En el sueño no tenía 12 años, se sentía más grande y fuerte, al reflejo de los vidrios de los diversos locales de la calle, veía el rostro de un joven no el de un niño. No le fue difícil distinguir a los suyos en ese lugar, aunque no llevaban un gorro todos portaban una estrella en sus vestidos o abrigos y lo entendió perfectamente porque también eran de color amarillo.

Varias veces soñó lo mismo hasta que se acostumbró al paisaje y empezó a detenerse en los detalles, un día se fijó en unas rosas blancas parecidas a las que su padre le llevaba a Sara, su curiosidad lo condujo a unos ojos azules, bellos y profundos que lo estremecieron por completo, nunca había experimentado tal emoción que no entendía que le ocurría y solo por un momento realmente se sintió en un sueño, el tiempo se detuvo y tuvo el control de su espacio, esos ojos desaparecieron como llegaron pero lo condujeron a unos labios rojos carmesí que lo perturbaron aún más.

Por algún tiempo no se angustió por sus sueños y por esos ojos azules deseaba que se repitieran, hasta el día que su padre llegó con un paquete en donde traía su gorro amarillo, Yehuda  había  pagado el impuesto que la corona cobraba por adquirirlo y portarlo y lo había llevado a casa. Ese momento fue el inicio de una cadena de pesadillas que Josep no podría controlar y Sara sintió un profundo dolor por él y por primera vez también la ansiedad que Josep había experimentado, esa que presagiaba que algo iba a suceder.

Empezó a ir al local de su padre por las noches a ayudarlo con las cuentas y el inventario, organizaba hasta cinco veces los estantes antes de quedarse dormido de cansancio.

De vuelta a la calle se encontró en medio de un gran alboroto, aparecieron en escena unos personajes que nunca habían visto, por todo los lugares que transitaba veía la quema y el saqueo de locales todos marcados con la misma estrella que portaba; mujeres y niños eran arrastrados por las calles sin piedad, cuando estaba a punto de esforzarse por despertar, vio nuevamente esos ojos azules que lo cautivaron, se aferraban a un hombre casi rogando porque se iba a llevar a una niña pequeña en una máquina de cuatro ruedas llena de más niños. Josep sintió un impulso instantáneo por  ir tras de ella y ayudarla, pero empezó a sentir un aroma fuerte de azafrán y canela y una voz dulce que pronunciaba su nombre, cuando abrió los ojos vio el rostro de su madre que lo había ido a buscar al local para que volviera a casa, no pudo ser un momento más triste para él, no sabía que había pasado y a ese punto estaba tan afectado que era más común que sintiera que no era un sueño, sino que realmente había sucedido.

Por algunos días no volvió a tener pesadillas y empezó a creer que no iba a volver a tenerlas, sin embargo, un día cuando llegó a su habitación encontró el gorro amarillo que su mamá había guardado en uno de los cajones de su armario, esa misma noche sus pesadillas volvieron.


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