IRA Y TRISTEZA, ENEMIGAS DE LA SALUD MENTAL

Por: Moshe Hernández

“Entonces ADONAI dijo a Caín: “¿Por qué estás enojado? ¿Y por qué ha decaído tu semblante? Si haces bien, será levantado, pero si no haces bien, el pecado está acechando en la puerta. Su deseo será por ti, pero tu podrás vencerlo”. Génesis 4:6-7 TLV.

A lo largo de la historia evolutiva humana, se han estudiado diferentes aspectos de nuestra especie como el comportamiento, los procesos de aprendizaje, la memoria, entre otros, sin embargo, uno de los que ha generado diferentes posturas ha sido el aspecto emocional; siendo a la vez interesante su mención al principio de las Escrituras. En el verso citado, vemos que es la primera vez que la Torá se hace mención del aspecto emocional, particularmente haciendo alusión a dos de las ocho emociones básicas: la tristeza y el enojo; esta clasificación fue planteada por Robert Plutchik (1980). Estas emociones han sido descritas como negativas, debido a las desagradables experiencias por la que las personas atraviesan cuando estas se presentan. Es ampliamente sabido que las emociones tienen funciones que le brindan una utilidad y le permiten a la persona ejecutar un comportamiento de manera apropiada. Puntualmente la tristeza tiene la funcionalidad de que las personas recaben su atención y su actitud de cuidado hacia otros; y la ira moviliza a la persona a emitir conductas de autodefensa o de ataque (Rodríguez et. al., 2009).

Con todo lo anterior nos surgen estas preguntas: ¿Estaba Caín recabando su actitud de cuidado? ¿Se estaba defendiendo? ¿Iba a atacar? Según el texto, Caín estaba enojado y triste debido a que su ofrenda no fue aceptada sino la de su hermano. Entonces, ¿cuál es la razón para que él sintiera estas emociones en contra de su hermano? Según Rodríguez et. al. (2009), estas emociones pueden evolucionar hacia condiciones clínicas, donde se pierde el carácter adaptativo de éstas y se convierte en un problema que interfiere y genera malestar significativo. En otras palabras, afecta el comportamiento de los individuos. Por lo cual lo que vemos en esta escena de la Torá, guardadas las proporciones, es una sesión terapéutica donde se evidencian dos tipos de alteraciones en la salud mental de Caín: una depresión, caracterizada por el descenso de su estado del ánimo; y una ira persistente, que aunque no sea una categoría diagnóstica reconocida se evidencia con el sufrimiento emocional significativo en la persona, y puede representar un riesgo para la seguridad pública, ya que conduce a diferentes tipos de violencia (Norlander & Eckhardt, 2005).

Nuestros Sabios también han abordado el tema, incluso desde antes de que la psicología tuviera algo que decir al respecto, y sus palabras son igualmente complementarias a lo que ésta dice. En el Pirkei Avot (Ética de los Padres) 4:1 se dice: “Ben Zoma dijo: ‘¿Quién es fuerte? Aquel que doblega su inclinación al mal, como está escrito: ‘Aquel que es lento para enojarse es mejor que un hombre fuerte, y aquel que domina sus pasiones es mejor que uno que conquista una ciudad’ (Proverbios 16:32). También se dice en el Talmud (Pesajim 66b) que la ira es la causa de la pérdida de la sabiduría de un sabio, es decir, que esta emoción ocasionará que una persona no sepa como actuar apropiadamente, a tal punto que los Sabios afirmaron que una persona que se enoja no considera importante la presencia del Eterno (Nedarim 22b). Estas emociones son tan aversivas que incluso el Rabino Shlomo Ganzfried afirmó: “La ira es un rasgo supremamente malvado, que debe evitarse a toda costa. Debe entrenarse para no enojarse, incluso si se tiene una buena razón para estarlo” (Kitzur Shuljan Aruj 29:4).

Incluso el rey Salomón afirmó: “No seas rápidamente provocado en tu espíritu, porque la ira yace en lo profundo de los tontos” (Eclesiastés 7: 9 TLV), y por tal razón Rav Shaúl nos insta lo siguiente: “Desháganse de toda amargura, enojo, ira, pelea, calumnia, al igual que de toda malicia. Y en lugar de eso, sean amables los unos con los otros, compasivos, perdonándose unos a otros, así como Di-s en el Mesías los perdonó a ustedes” (Efesios 4:31-32 TLV). Finalmente, la Escritura nos hace un llamado a que dominemos nuestras emociones negativas para poder así ser sabios y dar espacio a que la justicia de Di-s obre (Proverbios 29:11; Santiago 1:20).

Lo que el Eterno le estaba pidiendo a Caín era que pudiera controlar su inclinación al mal para saber cómo obrar apropiadamente y así evitar que su vida se viera comprometida, en especial su salud mental, lo cual llevaría a que su vida experimentara un desequilibrio contaste.

REFERENCIAS

Norlander, B. & Eckhardt, C. (2005). Anger, hostility, and male perpetrators of intimate partner violence: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 25(2), 119-152.

Plutchik, R. (1980). Emotion: A pschychoevolutionary synthesis. Nueva York: Harper & Row.

Rodríguez, J. A. P., Linares, V. R., González, A. E. M., & Guadalupe, L. A. O. (2009). Emociones negativas y su impacto en la salud mental y física. Suma psicológica16(2), 85-112.

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Psicólogo de la Konrad Lorenz Fundación Universitaria. Gabai de la Comunidad Mesiánica Yovel, maestro del ministerio Yeladim, miembro del ministerio de Danzas. Apasionado por el hebreo y otros idiomas.

3 Comments

  1. Muy buen estudio , no podemos guarda , odios , ni rencores en nuestros corazones .
    Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.
    2 Timoteo 1:7 Gracias Moshe

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