El poder del amor que todo lo puede

Por Natalia Lara

Entregar lo que el Eterno nos esté pidiendo nunca será fácil, y tal vez entregar un hijo sea más difícil que cualquier otra entrega.

Conozco esa mirada porque la he visto muchas veces… he visto como unos ojos vagan de un lado para otro, buscando a alguien que les diga que no es cierto, que es mentira: que no hay cáncer, que no es verdad que no haya nada más por hacer… o que el niño no está muerto. ¿Cómo culparlos? Aunque la muerte es una realidad tan palpable como la vida, nadie está preparado para ello… tal vez ni siquiera nosotros mismos como creyentes, aunque sepamos que existe un mundo venidero y una esperanza de vida en Yeshua.

El primer niño que se murió en mis manos tenía 2 años y antes era completamente sano: jugaba, reía y cantaba como cualquier niño. Pero apareció un problema en sus defensas y una bacteria lo mató en 48 horas. Mientras lo reanimábamos -dando masaje cardiaco y ventilación artificial- recuerdo que oraba “Señor: haz tu voluntad, haz que no muera”, pero el niño entraba y salía del paro: vivía y volvía a morir. Después de casi 20 minutos finalmente se estabilizó, así que tome un respiro en el consultorio y recuerdo que mientras me arrodillé a orar, entendí de parte del Eterno algo que me decía “Me pides que haga mi voluntad, pero en verdad lo que quieres es tu voluntad” … Di-s tenía razón: no quería que muriera… entonces oré con fervor pidiendo su voluntad. A los 5 minutos falleció.

Desde entonces he visto partir de este mundo a muchos niños. He estado junto a sus padres, siempre orando con la esperanza de que el Eterno hiciera un milagro, pero con la percepción interna que no ocurriría… no sé si por falta de fe, o porque como me dijo una mamá hace poco “Duele, pero sé que Di-s lo está guardando de algo más difícil”.

Sin embargo, no fue sino hasta hace un par de meses que creo que entendí cuanto podía doler: estamos esperando nuestro primer bebé, y para los días que escribo este artículo cumplimos 20 semanas de embarazo. Mientras lo hago, no solo sé que él escucha las teclas del computador y lo siento moverse, sino que entiendo que algo en su espíritu percibe que mamá está triste. Y si digo que pude entenderlo, es porque hace 6 semanas tuvimos una amenaza de perdida, pero el Eterno se glorificó, cumpliendo su promesa “(Elohim) te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre” [Dt 7:13] … Así que aún nuestro bebé sigue con nosotros. Y es absolutamente increíble poder amar y desear a alguien que ni siquiera conoces: no amarlo por lo que hace, ni por lo que te dice, sino sencillamente porque existe. Entendí entonces que así era el amor del Padre Celestial hacía nosotros: “no que nosotros hayamos amado a Di-s, sino que Él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”.

La parashá de esta semana Vayera (Y se apareció: Gn 18:1- 22:24) no solo habla del nacimiento milagroso de Isaac, “Tal como el Señor lo había dicho, se ocupó de Sara y cumplió con la promesa que le había hecho” [Gn 21:1], sino que narra la petición probablemente más extraña que el Eterno le haya hecho a alguien, a Abraham: “Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moriá. Una vez allí, ofrécelo como holocausto” [Gn 22:2].

La palabra holocausto es el hebreo עֹלָה [Ola – S.5930] y se refiere a la ofrenda del todo quemada, la misma que se nos pide en Iom kipur [Lv 16:3-5]. Es la ofrenda del darlo todo, de no reservarse nada. Es la ofrenda del adorador que todo lo entrega…tal vez por eso antes de subir con el muchacho Abraham dijo a sus criados: “El muchacho y yo iremos para adorar a Di-s” [Gn 22:5] ¿Quién pensaría en adorar en semejante situación? Tal vez llorar, implorar, suplicar…pero no adorar. Sin embargo, Abraham entendía que la esencia de adorar שָׁחָה [Shajah – S. 7812] es inclinarse y postrarse, que para entregar algo se necesita un corazón contrito y humillado, el mismo del cual cual dijo David que el Eterno no despreciaría jamás [Sal 51:17].

Pero lo más interesante del relato es por qué el Eterno le pidió entregar a Isaac, lo cual es revelado por el ángel antes de que Abraham le haga algo “Ahora sé que temes a Di-s, porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo” [Gn 22:12]. En el hebreo, la palabra que se tradujo como “darme” es חָשַׂך [Jazak – S. 2820], lo que significa que Abraham no se detuvo, no se cerró, no restringió, no se abstuvo, ni preservó aquello que tanto amaba. Pero una pregunta más queda en el aire ¿Por qué Di-s necesitaba saber cuánto le temía Abraham? ¿Acaso Él no lo conoce todo? [1 Sm 16:7, Heb 4:12] …Sí, el Padre Eterno lo conoce y discierne todo. Ésta no era una demostración para Di-s, sino para Abraham: la entrega de Isaac le permitió saber cuánto le temía a Di-s, cuanto era capaz de dar por el Eterno: “(Di-s) te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón” [Dt 8:2].

Había leído este pasaje muchas veces antes, pero apenas ahora lo entiendo. Así como apenas entiendo el dolor de los padres que despiden un hijo. Y percibo el dolor que le cause a mis papás cuando escape de casa a los 18 años. Y tal vez nunca antes, como ahora un versículo toma fuerza en mi memoria “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” [Jn 3:16].

Entregar lo que el Eterno nos esté pidiendo nunca será fácil, y tal vez entregar un hijo sea más difícil que cualquier otra entrega …pero el consuelo es que, si el Padre Celestial lo pide, es porque Él ya lo hizo primero, y porque no solo entregó a su hijo a la muerte, sino que promete que el poder que obró para que Yeshúa resucitara [Ef 1:20] también obrará en todos los que han creído en él “Si hemos muerto con Yeshua, confiamos que también viviremos con él. Pues sabemos que el Mesías, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; pues la muerte ya no tiene dominio sobre él.”

¡Shavua tov!

A la memoria de Addy Cuellar, Luis Miguel Chacón, Juanita Rueda, William Correcha, Baldomero Álvarez, Elpidio Lara, Cesar Lopez y Libardo Barrios.

 

***


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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

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